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Imre Madách : La tragedia del Hombre

 

Imre Madách : La tragedia del Hombre

VERSIÓN DE VIRGILIO PIÑERA
CORVINA, BUDAPEST, 1978
© TRANSLATION: VIRGILIO PIÑERA
http://mek.oszk.hu/

 

CUADRO PRIMERO • EN EL CIELO

El Señor, ceñido con una aureola y sentado en su trono, está rodeado de un coro de ángeles arrodillados. Los cuatro arcángeles se mantienen a uno y otro lado del Señor. Luz vivísima.

EL CORO DE ÁNGELES
¡Gloria a Dios en las alturas!
¡Tierra, y tú Cielo, adoradlo!
¡Con sólo una palabra creó el mundo;
con una mirada puede borrarlo!
¡En Él toda ciencia se funda,
toda fuerza y felicidad!
¡Adoremos sus infinitas mercedes
los que, en la sombra de su sombra,
una parte tenemos de su gloria!
El verbo eterno cuerpo ha tomado,
la creación está acabada.
El Señor espera, sin tardanza,
de quienquiera que de él ha recibido
el hálito, un digno tributo.

EL SEÑOR
Sí, la gran obra está terminada.
He ahí la máquina lanzada.
El creador puede descansar. Este universo,
en el seno de los cielos bien asentado en su eje,
millones de años podrán verlo girar
sin que falle uno sólo de sus resortes.
Espíritus custodios de los mundos que he hecho,
lanzaos hacia vuestros orbes infinitos.
Pero una vez más, espíritus amados,
con vuestra presencia quiero recrearme.
¡Que de nuevo bajo mis pies pase
vuestra grey, que zumba en el espacio!
Los espíritus custodios de los mundos acuden. Hacen pasar, ante el trono de Dios, estrellas, cometas, nebulosas de distintas dimensiones y colores. Se oye una música suave que es la de las esferas.

EL CORO DE ÁNGELES
Esta esfera tan luminosa
y que avanza audazmente,
de una modesta nebulosa,
sin saberlo, es tan sólo un fragmento.
Esa otra, allá abajo, tan pequeñita,
que tiembla como llama al viento,
es un mundo inmenso que habitan
por millones seres vivientes.
Aquí, dos orbes se repelen,
se atraen, se vuelven a alejar:
no más que para concertar sus cursos
se entregan a ese cuerpo a cuerpo.
Aquel otro que atruena y crepita
como si en furor se hallara,
es el reino de la alegría
para aquellos de que es morada.
Esta otra más modesta y fina,
mañana será el astro de amor,
que una mano buena predestina
a consolar el género humano.
Por aquí, mundos van a nacer;
por allá, mundos van a morir.
¡Que allí el humilde se consuele
y el vanidoso se arrepienta!
Allá abajo un cometa loco
propaga el fuego y el desorden.
Tan sólo con una palabra
Dios lo restituye al orden.
Y tú, joven Espíritu de la Tierra,
ve a guiar ese mundo naciente
del que verde y blanco, sombra y luz
son alternativamente el ropaje.
¡Ve sin temor, Tierra bendita!
De tus estrechos flancos surgirán
grandes ideas cuya vida
sin ti no podría consumarse.
Lo feo, lo bello, el amor, el odio,
las risas jocundas, las lágrimas amargas,
todo eso, Tierra, en ti se enlaza
como la primavera al invierno.
Ya sea que su luz te envíe
o con su noche te envuelva,
sabe que el Señor, así,
te dice su gracia o su cólera.
Los espíritus custodios de los mundos se retiran.

EL ARCÁNGEL GABRIEL
Mediste lo ilimitado
cuando creaste la materia, ¡oh Señor!
Y con sólo una palabra le diste, en el vacío,
dimensiones y profundidad.
¡Oh, Sabiduría, hosanna!
(Se prosterna.)

EL ARCÁNGEL MIGUEL
Uniste lo inestable y lo inmutable,
creaste el espacio y la duración,
creaste los seres innumerables
y las razas todas reuniste.
¡Oh, Poderoso, hosanna!
(Se prosterna.)

EL ARCÁNGEL RAFAEL
Al dar al cuerpo una conciencia
y al admitir a todo el universo
en los divinos secretos del Conocimiento,
derramas la felicidad.
¡Hosanna, oh Bondad!
(Se prosterna.)

EL SEÑOR (tras una pausa)
¿Y tú, Lucifer, te quedas callado?
¿No inclinas la frente ante mí?
¿Te faltan palabras para rendirme homenaje
o no amas mi creación?

LUCIFER
¡Eh! ¿En qué es tan admirable?
Tales de sus substancias están provistas
de cualidades que tú mismo ignorabas
o que a lo sumo sospechabas,
y que ahora no sabrías cambiar.
Junto a eso has amasado bolas
que van empujándose y acosándose.
¿Que la conciencia, un día, se cuela
en unos cuantos gusanillos? Eso no dura
más que el tiempo de un chispazo. Luego todo se hiela
y vuelve a hacerse inerte como antes.
Si un día llegara a descubrir el secreto de todo eso,
el hombre hará lo mismísimo que tú
en su laboratorio.
Lo has metido en tu cocina y ríes
de verlo chapucear la mezcla y tomarse
por un dios. Mas, cuando todo lo ha arruinado,
montas en cólera. ¡Un poco tarde!
¿Qué otra cosa podías ciertamente esperar
de parte de un aficionado?
Pues al final, ¿esa creación qué cosa es?
Has escrito un poema a tu gloria
y lo has puesto en un organillo.
¿Cómo no te cansas de escuchar
siempre y sin parar el mismo estribillo?
¿Es digno de un viejo como tú
ese juguete hecho para el disfrute de un niño?
¿Cómo puedes soportar que un pobre chispazo
recubierto de lodo imite a su maestro?
Él es tu sátira y no tu imagen;
en él Libertad y Destino se afrontan,
pero la inteligente armonía le falta.

EL SEÑOR
Sólo a mí debes homenaje. ¡Y sin reserva!

LUCIFER
No puedo darte más que lo que está
en mi naturaleza.
(Señalando a los ángeles)
¿Y no has sido ya lo bastante
alabado por esas viles cohortes?
Además, es justo que te alaben,
a ti que las creaste,
como la luz su sombra.
¡Pero yo, yo vivo desde tiempo inmemorial!

EL SEÑOR
¡Cállate! ¿No naciste de la materia?
¿Cuál era tu imperio anteriormente?

LUCIFER
¿A ti, no puedo preguntarte lo mismo?

EL SEÑOR
Sabe que en mí, en mis designios profundos,
ya vivía todo cuanto acaba de nacer.
¡Sí, todo eso, desde los tiempos de los tiempos!

LUCIFER
¿No sentías entre tus pensamientos
un vacío, un obstáculo a toda existencia?
A la Creación te forzó
ese obstáculo que se llama Lucifer,
primordial espíritu de Negación.
Me has vencido, pues es mi destino,
pero sabes que, siempre, me levanto
¡henchido de una fuerza acrecentada! Y la materia
que creaste me abre otra prespectiva.
¡Puesto que la muerte marcha junto a la vida!
¡Puesto que la duda está al lado de la esperanza!
¡Puesto que la noche es la esposa del sol!
¡Puesto que la alegría está a dos pasos de la
desdicha! Lo estás viendo,
estoy contigo doquiera que estés;
y conociéndote tan profundamente, ¿pretendes
que yo te rinda homenaje?

EL SEÑOR
¡Ah, lárgate!
¡Blasfemador! ¡Aléjate de mí!
Puedo aniquilarte y, sin embargo,
no lo haré. Te destierro
por siempre jamás del mundo de los espíritus.
¡He ahí tu castigo! ¡Te condeno
a estar solo, odiado! Errarás,
por doquier serás el extranjero. Te arrastrarás
por el limo, sin consuelo espiritual,
vencido, impotente contra tus cadenas.
¿Enfrentarme a mí, a tu Dios? ¡Vana es tu lucha!

LUCIFER
¿Piensas que así puedes echarme
como una herramienta que ya no se usa?
¡Trabajé en tu creación!
Una parte de ella me pertenece; la reclamo.

EL SEÑOR (irónico)
¡Que así sea! Mira sobre la tierra,
en el jardín del Edén, esos dos grandes árboles.
Yo los maldigo. Tuyos son. ¡Cógelos!

LUCIFER
¡Tu tacañería es característica de un gran señor!
Pero una pulgada de terreno me basta:
y la Negación sabrá medrar y crecer
a tal punto, que podrá abatir tu mundo.
(Se marcha.)

EL CORO DE ÁNGELES
¡Vete, maldito! ¡Aléjate del Creador!
¡Gloria al Señor que hizo la Ley!
¡Gloria al Señor!

 
 

CUADRO SEGUNDO • EN EL EDÉN

En el centro el árbol de la Vida y el árbol de la Ciencia. Adán y Eva están rodeados de animales mansos. De las puertas abiertas de los cielos irradia la gloria. Una dulce armonía, la de los coros celestiales. Un sol destellante.

EVA
¡Ah, vivir! ¡Cuán dulce y bello es vivir!

ADÁN
¡Y qué bueno es ser dueño de todo!

EVA
¡Y saber satisfechas todas nuestras necesidades,
y solamente tener que dar gracias
a Aquél de quien esas deticias nos llegan!

ADÁN
Depender de alguien… ¡Es tu naturaleza!
Eva, tengo sed.
Mira cuán tentadores nos miran esos frutos.

EVA
Voy a coger uno para ti.

LA VOZ DEL SEÑOR
¡Detente!
Adán, te he dado la tierra toda
¡pero, esos dos árboles, no los toques!
Otro Espiritu, no el mío, vela sobre ellos
y morirás si comes de su fruto tentador.
Coge más bien el racimo que rojea
bajo esa vid donde la fresca sombra
te ofrece un dulce reposo
cuando el sol castiga.

ADÁN
Extraña prohibición… ¡Y cuán solemne!

EVA
¿Por qué más bellos son esos dos árboles?
¿por qué, precisamente, nos los prohiben?

ADÁN
¿Por qué el cielo es azul, verde la hierba?
Las cosas son así… Obedezcamos.
Ven conmigo, Eva, debajo de esta sombra.
(Se sientan en un sombrajo.)

EVA
Duerme sobre mi seno; yo te abanicaré.
Ventolera. Lucifer aparece entre el follaje.

ADÁN
Eva… ¿De dónde sale ese ruido misterioso?
Se diría que una fuerza hostil
se ha abatido sobre nosotros…

EVA
¡Adán, tiemblo!
Ya no se escucha la música de los cielos…

ADÁN
Yo, sobre tu seno, aún creo escucharla.

EVA
Y yo, cuando se vela la gloria de las alturas,
la hallo de nuevo, aquí abajo, en tus ojos.
Dónde si no en ti pudiera conocerla,
en ti, cuyo deseo me dio la vida,
cual un sol que para no estar solo,
dibuja sobre el agua su augusta cara
y la acaricia y la mima, feliz de poseer
una compañera, olvidando generosamente
que ella es el reflejo de su propio fuego
y que con él muere.

ADÁN
No sigas hablando, pues para confusión mía será…
¿Qué significa la voz que nadie puede escuchar
y la claridad que nada ilumina?
¿Y qué sería yo si en tu vida,
como en una flor o en un eco,
no se dilatara la mía
para que yo pueda amarme?

LUCIFER
¿De esos remilgos
debo ser yo testigo? Prefiero
apartar la vista. ¡Qué vergüenza
si la Razón olvidara sus cálculos
para anhelar esas pueriles efusiones!
Un pajarillo se pone a cantar cerca de ellos.

EVA
Escucha, Adán… Dime, ¿entiendes el canto de ese
pájaro, todo él amor y gozo?

ADÁN
Del arroyo el murmullo ya escuché
y opino que del mismo modo canta.

EVA
Todo la repite… Oh, sublime armonía:
no es más que un sentido, pero
con millones de lenguas.

LUCIFER
Acabemos de una vez por todas.
¡Manos a la obra!
He jurado destruirlos. Llegó el momento.
No obstante, asaltado por la duda, me detengo.
¿Bastará para vencerlos
mi fascinante arsenal? ¿La Ciencia
y la Ambición darán buena cuenta
de este amor que es su único refugio,
que les devuelve la alegría y los fortifica
si en ocasiones la desesperación los abate?
¿Mas por qué atormentarme? Al combate,
la suerte es de los audaces.
Nueva ventolera. Adán y Eva ven a Lucifer y se espantan. La luz se amortigua. Lucifer se ríe maliciosamente.
¿A qué se debe tal estupor?
Eva trata de alejarse.
No te vayas,
¡Deja que contemple un poco tus gracias!
Eva se detiene y, lentamente, recupera el ánimo.
(aparte)
Basta con una palabrita… Millones
de veces veremos representar esta escena…
(a Adán)
¿Tienes miedo, Adán?

ADÁN
¿De ti, ser vil?

LUCIFER
(aparte)
Y aquí tenemos, de la soberbia raza viril,
al digno fundador…
(a Adán)
Espíritu, mi hermano, te saludo.

ADÁN
¿Quién eres? ¿De dónde vienes?
¿De los recónditos cielos o de la tierra?

LUCIFER
Como más te guste… Para nosotros
es una y la misma cosa.

ADÁN
¿De modo que en otra parte existen seres humanos?

LUCIFER
¡Hay tantas cosas que ignoras
y que ocultas te serán por siempre jamás!
Si de tu limo el Viejo te sacó,
¿piensas que es para compartir el mundo?
Estás hecho para alabar al Viejo.
A cambio de eso te da el alimento y te guía
como un carnero por las vías que le plazca:
“Coge esto… Deja eso…” ¡Ah, ciertamente,
no tienes la menor necesidad de una conciencia!

ADÁN
¿Ninguna necesidad? ¿No soy consciente?
¿Es que la bendita claridad del día
y la alegría de saberme vivo,
es que la infinita bondad de Dios
que hizo de mí el dios de la Tierra,
no las experimento?

LUCIFER
¡Eso, el gusano
que antes que tú muerde los frutos
lo experimenta! ¡Lo mismo el águila
cuando se abate sobre su presa!
¿Entonces qué es lo que te pone
por encima de ellos?
En ti tiembla un destello
depositado por algún poder gigante
que se complace en verte brillar un instante,
como las ondas murmurantes de un río
antes de confundirse en la grisalla
y las profundidades de su lecho común.
El pensamiento, aún en ti embotado,
acaso te ponga por encima del gusano,
por encima del águila y de las olas.
Despiértalo: alcanzarás tu mayoría de edad.
Conocerás tus propias fuerzas de hombre,
y, lúcidamente, podrás elegir
entre lo que está bien y lo que está mal,
sacudir el yugo de la Providencia
¡y, de tu suerte, llegar al fin a ser dueño!
¿Pero tal vez estimas que más vale
seguir reptando, como un gusano,
en el fofo hedor del estiércol
y permanecer en la ignorancia y lo ínfimo?
¡Es tan cómodo conformarse con nuestra fe!
Tan sólo hay que seguir al guía reptando…
Menos fácil, pero sin embargo más noble
es osar caminar solo, ¡y erguido!

ADÁN
Todas esas grandes cosas me confunden…

EVA (a Lucifer)
¡A mí todo cuanto dices me entusiasma!
Son ésas novedades maravillosas…

LUCIFER
Mas no bastaría conocer
para consumar una obra grandiosa.
Habría que poseer la inmortalidad…
Si tan sólo se dispone de un día para vivir,
¿qué hacer?
El Conocimiento y la Vida Eterna
ocultos están en esos dos árboles;
he ahí por qué el que os creó
os ha prohibido tocarlos.
¡Si de éste gustas, serás tan sabio como tu Dios!
¡Si gustas de ése, joven será tu gracia eternamente!

EVA
¡Qué cruel es nuestro creador!

ADÁN
¿Y si nos mintieras?
Poco a poco el cielo vuelve a ponerse diáfano.

EL CORO DE ÁNGELES
¡Desdichado de ti,
Mundo tentado por la Negación!

LA VOZ DEL SEÑOR
¡Hombre, ojo avizor!

ADÁN
¿Qué voz es esa de nuevo?

LUCIFER
El viento que agita las ramas…
(Cotinúa aparte.)
¡Oh sol, viento y lluvia,
propicia me sea vuestra ayuda
para apoderarme de él
y de la raza humana!
El cielo se oscurece. El viento redobla.
Esos dos árboles son míos.

ADÁN
¿Quién eres?
No pareces diferenciarte de nosotros…

LUCIFER
Mira al águila cernerse en las nubes,
al topo horadar su hoyo en la tierra:
cada cual tiene su horizonte. Tú igualmente,
y oculto te está el mundo de los Espíritus.
¡Para ti la cosa más noble es el Hombre!
Pero di tú que para el perro es el Perro
y que él te rinde gran honor si te
tiene por comensal. Pero lo mismo
que miras desde tu altura a ese humilde perro,
y ora lo bendices, ora lo maldices,
sabiendo que puedes, como un dios,
dictar su destino,
¡del mismo modo nosotros miramos la raza humana
con desdén de Espíritus soberbios!

ADÁN
¿Serás por ventura uno de esos Espíritus?

LUCIFER
¡Soy el más grande de todos, sábelo!
En el cielo estaba junto a Dios
¡y tenía mi justa parte de su gloria!

ADÁN
¿Por qué abandonar la luz celestial?
¿Por qué descender con nosotros en el fango?

LUCIFER
Estaba harto de ocupar el segundo lugar,
harto de vivir en la monotonía,
harto de escuchar las mojigangas de los ángeles
que siempre tienen alabanzas en los labios…
¡Yo necesito luchar! ¡Tengo que ponerlo todo
en entredicho! La discordia,
he ahí nueva energía, que engendra
nuevos mundos, donde el alma en sí misma
puede descubrir su grandeza, adonde sólo
pueden seguirme los audaces.

ADÁN
Dios nos ha dicho que seríamos castigados
si abandonábamos la vía que él trazó.

EVA
¿Y por qué castigarnos? ¡De tal modo nos hizo,
que ninguna veleidad puede apartarnos
de los caminos que nos ha designado!
De lo contrario nos hubiera expuesto
al borde del abismo y destinado al vértigo…
Si él ha previsto, en sus planes eternos,
que pudiésemos cometer el pecado,
como se pronostica la tempestad en pleno sol,
¿quién es el más culpable: la tempestad
que ruge o el sol que vivifica?

LUCIFER
¡Y ahora nació el primer filósofo!
Hermanita, muchos más te seguirán
que, sólo sobre este punto han de argumentar,
se aventurarán por millones de vías…
Muchos de ellos perderán la razón;
otros, aterrados, darán media vuelta.
¡Ni uno sólo llegará hasta el puerto!
¡A qué vienen esas preguntas! Cada cosa
posee tantos aspectos que quien quisiera
examinarlos todos, en detalle,
de ahí saldría más ignorante que antes
¡y ya no tiene tiempo de decidir!
La muerte de la acción es el razonamiento.

EVA
En ese caso voy a coger uno de esos frutos…

ADÁN
¡Dios los ha maldecido!
Lucifer ríe socarronamente.
De cualquier modo, cógelo:
¡que lo que deba pasarnos nos pase!
¡Seamos tan sabios como Dios!

EVA
¡Y jóvenes!
¡Ah, seámoslo por siempre!
Adán y Eva comen del fruto del árbol de la Ciencia.

LUCIFER
Y ahora,
comed del fruto de la Inmortalidad,
¡vamos, apresuraos!
Lucifer atrae a Adán y a Eva hacia el árbol de la Inmortalidad. Un querubín, blandiendo una espada flamígera, les cierra el camino.

EL QUERUBÍN
¡Atrás, pecadores!

LA VOZ DEL SEÑOR
¡Adán, Adán, me has abandonado!
¡También yo te abandono! ¡Veremos
lo que por ti mismo puedes ejecutar!

EVA
¡Estamos perdidos!

LUCIFER
¿Perdéis el valor?

ADÁN
No, no creas eso. Es tan sólo
el estremecimiento del despertar… ¡Vamos!
¡Huyamos, mujer! ¡Huyamos! Ya estos lugares
están desolados, hostiles, extraños…

EL CORO DE ÁNGELES
¡Llorad, Espíritus! ¡Venció la mentira!
¡Llorad! ¡La Tierra se ha perdido
para siempre!

 
 

CUADRO TERCERO • FUERA DEL EDÉN

Un paraje de verdor. Junto a una improvisada cabaña Adán levanta una cerca y Eva un sombrajo. Lucifer está junto a ellos.

ADÁN
Este pedazo de tierra me pertenece. Para mí,
substituye al mundo entero. Aquí
estableceré mi hogar, mi posesión,
que protegeré de la bestias salvajes
y obligaré a fructificar para mí.

EVA
Yo voy a hacer una glorieta tan maravillosa
como la primera. Así
haré que renazca el Paraíso perdido.

LUCIFER
Ah, qué grandes palabras: hogar, propiedad…
He ahí lo que moverá al mundo.
De ahí saldrán la alegría y el dolor.
De perfección en perfección,
esas bellas ideas darán nacimiento
a la patria, a la industria, las cuales
engendrarán la grandeza, la nobleza,
para atiborrarse con ellas abominablemente.

ADÁN
Lo que dices es para mí harto oscuro.
Me prometiste el Conocimiento, y yo
he renunciado a seguir mi instinto
para hacerme más grande.
¿Dónde está mi beneficio?

LUCIFER
¡Cómo! ¿No lo sientes?

ADÁN
Lo que siento
es que abandonado por Dios, con las manos vacías,
en pleno desierto, lo abandoné igualmente.
¡Ya no tengo otro Dios que yo mismo!
¡Y lo que puedo agarrar es mi bien!
¡Es mi fuerza y mi orgullo!

LUCIFER (aparte)
Títere vanidoso, ahora haces caso omiso del cielo,
¡vamos a ver tu coraje cuando truene!

EVA
Y yo me siento orgullosa
puesto que llegaré a ser la madre del mundo.

LUCIFER (aparte)
Ah, glorioso ideal femenino:
¡perpetuar la miseria y el crimen!

ADÁN
¿Y qué le debería a Dios? ¿Mi existencia?
Si vale la pena soportar su peso,
a mis solos esfuerzos se lo debo.
El placer de tomar un sorbo de agua
el fuego de mi sed pagó anticipado,
así como los tiernos besos que se dan
se pagan por la tristeza que les sigue.
¿Y a ti, qué te debería? ¿Tuve necesidad
de tu ayuda para romper el garrote
de mi reconocimiento? ¿Y para ganar
la libertad de forjar mi destino
o, tanteando, derribarlo brutalmente,
me hizo falta tu ayuda? Reconócelo:
Mi propia fuerza hubiera bastado. ¿Al menos
me liberaste de las pesadas cadenas
que me aherrojan a esta tierra? ¡No!
Perpetuamente siento un vínculo… tal vez
fino como un cabello - pero ¿cuál es su nombre? -
que retiene el impulso de mi alma orgullosa.
Tan sólo un hilo… No por ello la afrenta
es menos grande.
Si salto, vuelvo a caer, impotente,
y si quiero escrutar las profundidades,
mis ojos y mis oídos me traicionan.
Y si, allá arriba, la imaginación
arrebata mi espíritu, el hambre me fuerza
a volver, humildísimo, a estos bajos sitios.

LUCIFER
Es que ese vínculo es más fuerte que yo.

ADÁN
¡Entonces eres un Espíritu bien débil!
¿Cómo? De la invisible telaraña
en que siguen atrapados millones de vivientes
que creen disfrutar de su libre voluntad,
de esa minucia que tan sólo los altos espíritus presienten,
¿tú no puedes deshacerte?

LUCIFER
Esa minucia es lo único que puede desafiarme.
Pues, ya ves, es obra de un Espíritu como yo.
Te engañas si piensas que es débil,
porque actúa en la sombra, en silencio.
El que crea y mueve los mundos se oculta,
pues su vista te sumiría en el vértigo,
en tanto que el trabajo del ser humano
aunque puede resonar y brillar a su gusto,
tiene por límite una existencia efímera.

ADÁN
Muéstrame entonces - sabes que soy fuerte -
an sólo un instante esos poderes soberanos
que obrarán sobre mí, sobre el hombre que
soy, un ser único e independiente,

LUCIFER
“¿Soy?” ¡Vacua palabra! Fuiste y serás.
Toda vida es Vida y Muerte eternamente
alternadas. Mira en torno tuyo,
¡pero mira con los ojos del espíritu!
Todo cuanto va a decir Adán se hará visible.

ADÁN
¿Qué es esa onda que se eleva sin descanso
y se arremolina y en lo alto se divide
en dos corrientes que van hacia los polos?

LUCIFER
Es el calor. Lleva la vida
a las regiones que yacen bajo el hielo.

ADÁN
¿Y esos dos dardos de fuego que, junto a mí,
corren zumbando? Me amenazan
y, sin embargo, siento que vibran en mí
como una vida más fuerte… ¿Qué son, pues?

LUCIFER
A eso lo llaman magnetismo.

ADÁN
Siento el suelo vacilar bajo mis pasos
y lo que me parecía inerte, informe,
se hace efervescente, palpita,
aquí se cristaliza y allí echa brotes,
aspira por todas sus partes a vivir y a medrar.
¿En ese caos, en ese tumulto salvaje,
qué será de esta personalidad con que cargo?
¿Y en qué pararás tú, mi cuerpo,
en el que yo veía - cuán loco era - el instrumento
sólido y seguro de mis vastos designios?
Ah, pobre niño consentido que me procuras
la alegría y el dolor, ¿habrás de no ser más
que un poco de polvo?
¿No serás tú, oh mi vida, más que un poco de aire,
un poco de agua que se evapora?
¡Ah, cada palabra que digo me devora!
¡Cada pensamiento que me asalta me consume!
¡Ardo! Y ese nefasto fuego, ¿quién, pues,
lo atiza? ¿Es un espíritu impaciente
de calentarse en mi ceniza? ¡Aparta
de mí esas visiones! ¡Enloquezco!
Luchar solitario no puedó más
contra cien elementos. ¡Abandonado,
ajusticiado, desesperado! Ah, haber rechazado
tontamente la Providencia…
Mi instinto me la designaba; ay,
¡no supo comprenderla, ni su poderío!
¡Y ahora, dotado de conciencia
y de saber, clamo en vano por ella!

EVA
También yo, Adán, tengo opreso el corazón.
Cuando vayas a pelear con las fieras
y yo me quede guardando nuestro patrimonio,
en vano buscaré con los ojos a alguien,
sobre la tierra o en el cielo, que nos proteja,
nos dé ánimo, nos asista… ¡Solos,
solos estamos en este inmenso mundo!
En los días felices nunca era así…

LUCIFER (irónicamente)
Si sentís miedo al extremo de tener frío
cuando os dejan de la mano, si ciertamente
tal necesidad de obedecer tenéis,
voy a evocar para vosotros un Espíritu
menos huraño que el Viejo. Es el Espíritu
de la Tierra. Lo conozco muy bien:
es un joven encantador del Coro celestial…
¡Ven, Espíritu! ¡Ven sin tardar!
¡No puedes esquivarte!
El Negador te ha llamado:
¿Quién otro podria atreverse?
Brotan llamas del suelo. Encima de éstas se forma una nube negra coronada por un arcoiris, mientras violentamente, el trueno retumba y muge.

LUCIFER (retrocediendo)
¡No es a ti a quien llamo, horrendo espectro!
El genio de la Tierra es dulce, modesto.

LA VOZ DEL ESPÍRITU DE LA TIERRA
Tal te ha parecido en medio de los ángeles.
En su propia esfera es fuerte y altivo.
Si he venido, es que no puedo
desentenderme cuando el espíritu me llama.
Pero si una cosa es evocarme,
otra es gobernarme.
Si adoptara mi forma verdadera,
darías con tu faz en tierra
¡y esos dos gusanos serían aniquilados!

LUCIFER
Si, como a Dios, hay que rendirte homenaje,
¿cómo el hombre podría acercársete?

LA VOZ DEL ESPÍRITU DE LA TIERRA
Estoy presente en las aguas, en las nubes,
en las selvas. Estoy en todas las cosas.
Él me verá por doquier, si su búsqueda
parte de un corazón puro y de ardiente deseo.
El Espíritu de la Tierra desaparece. Aparecen ninfas deliciosas que juguetean alegremente en bosques y fuentes.

EVA
¡Ah, seductoras hermanas! ¡Qué bello rostro,
qué dulce sonrisa nos prodigan!
Se acabó nuestro bárbaro exilio;
nos devuelven la perdida dicha;
sabrán despojarnos de nuestras dudas,
consolarnos cuando desesperemos.

LUCIFER
Sí, para vosotras, que pedís consejos
precisamente después de haber decidido,
no podría haber mejor guía
que estas flotantes bellezas… Sus respuestas
no serán otra cosa que el
simple eco
de vuestras preguntas. ¿Vuestro corazón
no está inquieto? Ellas le sonríen.
¿Desesperado? Pues lo abruman.
Estarán con vosotras hasta el final,
por cien caminos, bajo cien formas diversas.
Refugio cierto para el austero pensador,
fuego estimulante para los corazones siempre jóvenes…

ADÁN
Ah, ¿qué haré yo con esos espejismos
que no puedo aprehender y penetrar?
Allí hay tan sólo un poco más de misterio.
¡No conturbes por más tiempo mi espíritu,
Lucifer! Tal como me prometiste,
¡concédeme el Conocimiento infinito!

LUCIFER (aparte)
Un día, tan amargo te parecerá,
que añorarás tu ignorancia.
(Prosigue dirigiéndose a Adán.)
¡Paciencia! Todo se conquista luchando,
incluso el momento del placer. ¡Todavía
te faltan muchas lecciones, renunciar
a muchas ilusiones para Conocer!

ADÁN
¡Hablas sin estorbo, como eterno que eres!
En cambio, yo no he gustado del árbol de la Vida…
Si te urjo, es porque mi existencia es limitada.

LUCIFER
Árbol centenario o insecto efímero,
para todo cuanto vive el papel es el mismo:
respirar, crecer, amar y disfrutar
y luego sucumbir una vez la obra hecha,
¡Nosotros somos los que pasamos, no el tiempo!
¿Un siglo o un día? Es la misma cosa.
¡Alcanzar la meta, he ahí lo que cuenta!
Tranquilízate: también la alcanzarás.
Mas no creas que a tu humana esencia
tu cuerpo de barro la encierra enteramente.
Mira el colmenar, el hormiguero:
los trabajadores por millares, revueltamente.
hacen a ciegas su tarea y mueren.
Pero su pueblo es una perennidad,
una unidad movida por un espíritu colectivo,
cuyo único objeto es una obra común,
un vasto designio trazado desde antaño.
Y así será hasta el final.
Ciertamente, tu cuerpo se desagregará,
pero tú revivirás bajo otras cien formas
sin que tengas que volver a nacer de nuevo.
Si has pecado, castigado serás
en la carne de tu hijo. Por herencia,
tu propia gota heredará.
Mas aquéllo que has podido sentir, aprender
y descubrir por ti mismo en la tierra
seguirá siendo tuyo por millares de siglos.

ADÁN
Un viejo puede complacerse en cavilar.
¡Pero yo soy joven, ardiente! ¡Abajo el pasado!
Hazme ver el porvenir… Sí, muéstrame
el objeto de mi sufrimiento y de mi lucha.

EVA
¡Y muéstrame que esas metamorfosis
no vendrán a alterar mi belleza!

LUCIFER
Pues bien, sea: os voy a insuflar un hechizo
gracias al cual, en las imágenes de un sueño,
podréis ver el Futuro, hasta su final.
Mas para que vuestro corazón no desfallezca
y a abandonar no lleguéis
- a tal extremo os parecerá arduo
e ínfimo lo puesto en juego -,
un rayito de luz os concedo.
Os reconfortará,
pues, gracias a él, todas las cosas
que vuestros ojos descubran,
sabréis que no son más
que engañosas apariencias.
Ese rayo es la Esperanza.
Lucifer lleva a Adám y a Eva hacia su cabaña. Allí se acuestan y se quedan dormidos.

 
 
 

CUADRO CUARTO • EN EGIPTO

Delante del peristilo de un palacio. Adán, bajo los rasgos de un joven faraón, está sentado en un trono. Junto a él, Lucifer, que es su ministro. Cortesanos vestidos suntuosamente se mantienen a una respetuosa distancia. Al fondo vense esclavos que trabajan en la construcción de una pirámide, bajo la dirección de guardianes provistos de látigos. Un sol abrasador.

LUCIFER
Gran Faraón, tu pueblo está ansioso.
Él, que querría verter su sangre por ti
y lo haría gustosamente, pregunta
por qué te privas de tu reposo
y, renunciando a las delicias del día
y a los dulces sueños de la noche,
no confías a tus esclavos
- ya que ciertamente es ésa su razón de ser -
la labor de ejecutar tus grandes proyectos.
Todo cuanto se puede desear en este mundo,
gloria, poderío y placer te pertenecen,
y todas las voluptuosidades hasta la saciedad.
Cien ricas regiones te tienen por amo.
¡sólo para ti sus flores se abren!
¡sólo para ti maduran sus frutos exquisitos!
Por ti suspiran mil mujeres: rubias
que hacen pensar en sueños celestiales,
en toda fineza, con sus lánguidos ojos;
trigueñas de fuego, de ávida boca,
todas, todas son tuyas. Su destino
depende de tus caprichos y su gloria
será haber hecho tu dicha por un instante.

ADÁN
Nada de todo eso hechiza mi corazón.
No es más que un tributo obtenido sin lucha,
de modo que no puedo felicitarme por ello.
Pero, al crear esta obra grandiosa,
he tomado el camino de mi propia grandeza.
Su arte, que a la naturaleza torna muda,
proclamará mi nombre durante milenios.
Ni terremotos ni catástrofes
podrán abatirla. Aquí el hombre
se ha hecho más fuerte que Dios mismo.

LUCIFER
Oh, Faraón, ponte la mano en el corazón:
¿ese pensamiento te hace feliz?

ADÁN
No, pues siento un vacío inexpresable…
Pero no es la felicidad lo que me importa,
sino sólo la gloria, y héla ahí levantada.
La masa debe ignorar que sufro.
Si de mí se compadeciera,
¿cómo podría seguir adorándome?

LUCIFER
¿Y si un día descubrieras que la gloria
no es más que vanidad, placer efímero?

ADÁN
Ello no es posible.

LUCIFER
¿Y si lo fuera?

ADÁN
Maldeciría al mundo y moriría.

LUCIFER
Lo admitirás, pero no morirás.
¡Qué digo! recomenzarás
y volverás a tener el mismo éxito.
Azotado por los guardas un esclavo da alaridos, sale corriendo y va a desplomarse a los pies del faraón. Los guardas lo persiguen y llegan tras él.

EL ESCLAVO
¡Señor, sálvame!
Una mujer (es Eva) que es la esposa, sale del enjambre de obreros y, con un grito de dolor, se desploma sobre el cuerpo del desdichado.

EVA
Vana es tu súplica.
Quien no haya compartido nuestras penas
no puede comprenderlas. Impera muy alto,
tanto, que ni siquiera escucha tu queja.
¿Por qué no me llamas para que cubra
tu cuerpo con el mío y en tu lugar
reciba yo los golpes?

ADÁN (se dirige a los guardas que se disponen a expulsar al esclavo y a su mujer.)
¡Dejadlos y marchaos!
Los guardas se alejan.
¿Dó viene este sentimiento que me penetra
y con un peso desconocido abruma mi corazón?
¿Quién es esta mujer, y mediante qué sortilegio
tan potente como una cadena, puede
hacer que el faraón se incline
ante ella, que se retuerce en el polvo?
(Adán se levanta.)

LUCIFER
Ese sortilegio es uno de esos hilos
en que tu amo te enreda para mofarse de ti
y recordarte que eres larva,
tú que, tomándote por mariposa,
te alejas revoloteando con insolencia.
De ese ingrávido hilo la fuerza conoces.
De tal modo se desliza entre los dedos
que no puedo romperlo.

ADÁN (bajando las gradas del trono)
¡Ah! ¡Guárdate de hacerlo!
Me es tan grato como desagradable.

LUCIFER
No es de sabio ni de rey soportarlo.

ADÁN
¿En tu opinión, qué debo pues hacer?

LUCIFER
Acudir a la ciencia
para que ese hilo deje de existir
puesto que de él se ríen la fuerza y la materia.

ADÁN
De él no puedo reírme y tampoco negarlo.

EVA (a su esposo)
Ah, amado mío… ¡Cómo mana tu sangre!
Déjame restañarla…
¿Sufres mucho?

EL ESCLAVO
Si sufro, ¡es de vivir! Y de ese mal
que padecer ya no me queda mucho.

EVA
¡Cállate!
¡De nada habrá servido que vivas
si, en el momento mismo en que me hallaste,
debieras morir!

EL ESCLAVO
¿Por qué vive el pobre? Aporta su piedra
a la pirámide del poderoso y muere,
no sin haber puesto bajo el yugo
a un sucesor.
¡Millones de seres para uno solo!

ADÁN
Ah, Lucifer, qué aterradora reflexión…

LUCIFER
¡Es la agonía la que lo hace delirar!

ADÁN
¿Pero en conclusión, qué ha dicho?

LUCIFER
¿Qué te importa, gran Faraón?
¡Caramba, tamaña cosa para ti
tener un esclavo menos en la tierra!

EVA
Si para ti no es más que un número,
¡para mí es un mundo!
Ah, ¿quién me amará ahora?

EL ESCLAVO
Me muero… ¡Oh, mujer, olvídame para siempre!
(Expira.)

ADÁN (a Eva)
¡Soy yo quien te amará! Llévenselo…
Se llevan el cadáver del esclavo.
¡Levántate, amiga! Tu lugar está en el trono.
Tú reinas por el hechizo y yo reino
por la autoridad… ¡Así, pues, era fatal
que tuviera lugar nuestro encuentro!

EVA
Oh, Faraón,
tus órdenes fijan el destino del esclavo.
Obedeceré… Mas déjame llorar
al esposo que amaba. Y luego, ordena…

ADÁN
¡No, no digas esa palabra!
¿No he de tener más imperio
que la obediencia a mis órdenes?

EVA
¿No es ya bastante que pueda obedecerte sin dolor?
¡Oh, no envidies las lágrimas
que derramo sobre este muerto!
(Se inclina sobre el cadáver que ya están a punto de llevarse.)
Qué bello es… Qué bello es…

ADÁN
Ay, bello y muerto… ¡Qué contradicción!
Su calma está hecha de ironía
para nuestras luchas
y de desprecio para nuestra vanidad.

LUCIFER
¡Ese esclavo evadido te escarnece! Óyelo:
“¡Rompí las cadenas con que me ataste!”

ADÁN
¡Paz al muerto y alegría para el vivo!
(Dirigiéndose a Eva)
Para él son inútiles tus lágrimas,
pero me siento mal cuando no sonríes…
Se llevan el cadáver. Adán conduce a Eva por la mano hasta el trono.
Oh mujer, ven a sentarte junto a mi.
Cuán dulce es reposar sobre tu seno…
Se oye un murmullo quejumbroso entre los obreros. Eva se estremece.
¿Pero, qué tienes, amada mía?

EVA
¿No oyes lamentarse al pueblo?

ADÁN
En verdad, es la primera vez que lo oigo…
¡Fea música! Más vale ignorarlo…
¡Bésame y olvidémonos del mundo!
(Dirigiéndose a Lucifer)
¡Y tú, mira a ver cómo haces para
que esa gente se calle!

LUCIFER
¡Imposible! ¡Tienen derecho a gritar!
¡Tal es, con el yugo, su privilegio!
Nuevos murmullos quejumbrosos. Eva lanza un grito. Adán se levanta.

ADÁN
Sufres, mujer, y no sé cómo ayudarte…
Ese quejido que atraviesa tu corazón,
traspasa el mío como un dardo.
Oigo al mundo clamando socorro…

EVA
Puedes hacerme polvo, oh gran Faraón,
mas perdóname: ese grito me atormenta…
Mira, sé que soy tu servidora,
que tu placer debe ser mi razón
y que debo olvidar todo el resto;
dolor, grandeza, los sueños, la misma muerte,
que mi sonrisa debe ser la fuente
y mis labios la copa en que bebas…
Mas cuando el pueblo, ser de millones de brazos,
grita y se retuerce bajo el feroz látigo,
yo, hija de ese pueblo que despedazan,
sufro con él, ¡y con todo mi ser!

ADÁN
También yo sufro… ¿Qué decía ese moribundo?
Millones de seres para uno solo…

EVA
Oh, Faraón, estás triste y yo soy la causa.
¡Señor, échame, échame! O enséñame
a mostrarme sorda a las quejas del pueblo.

ADÁN
Eres tú mujer, el maestro, y mucho mejor que yo,
¡tú, que me enseñaste a oír esas quejas!
¡Que se les ponga fin! ¡Que la Libertad
le sea dada al instante a ese pueblo esclavo!
¿De qué sirven fama y esplendor
si, para que de ellos disfrute
tan sólo un ser humano,
millones de seres deben gemir y morir,
seres que como él son hombres?
Millones de veces siento pesar
y no tengo más que una alegría…

LUCIFER
¡Te exaltas, oh Faraón!
¡La multitud es la bestia
que la suerte condena a dar vueltas
a la noria bajo tados los poderes!
Hecha para eso ha sido…
Dale su libertad: al no haberla conquistado,
no sabrá ella hacer uso
y, desde mañana mismo, pedirá otros amos.
¿Piensas que podrías reinar sobre ella
si no necesitara un amo,
si estuviera dotada de conciencia
y lo supiera?

ADÁN
¿Entonces, por qué grita
como si sufriera de ser esclava?

LUCIFER
Sufre, pero sin saber de qué…
La idea del poder atormenta a todo hombre.
Es ese tormento, no la fraternidad
lo que, bajo la bandera de la libertad,
empuja a la multitud. ¡Oh, es inconsciente!
Sencillamente la anima un vago deseo
de cambio, de novedad, de ver
lo que es contrario a lo existente. Y espera
que ello baste para que, sobre la tierra,
se encarnen las dichas que ha soñado.
El pueblo es una mar profunda y sombría
en la que jamás penetra el sol.
Una sola oleada de luz brilla: la de la superficie:
y esa oleada eres tú, tal vez…

ADÁN
¿Por qué yo?

LUCIFER
De no ser tú, sería alguien de tu temple,
en quien el instinto popular
tomaría conciencia, y que osaría
ocupar tu lugar a fin de erigirse
en bendito campeón de la Libertad.
El pueblo, por descontado, nada ganaría con ello:
¡Cualquiera sea su nombre, el amo es un amo!

ADÁN
Círculo sin fin es tu razonamiento.
Diríase que de él no se puede salir…

LUCIFER
¡Pues sí, se puede! Dale a unos cuantos
cordones, placas, cualquier cosa
que brille y que retiña, y diles:
“Os he elegido para que estéis por encima
de la turba vil” y ya verás
como, aceptando tu desprecio,
desprecian a su vez al pueblo.

ADÁN
Muy especiosos son tus argumentos.
En vano tratas de engañarme.
¡Que la esclavitud sea abolida!
¡Que todos sean libres!
¡Ve tú a decírselo a todos!
Y hazlo sin dilación
para que sea demasiado tarde
si me arrepintiera…

LUCIFER (aparte)
¡Sigue pues, pobre fatuo, tu camino!
Te imaginas que eres tú quien anda,
pero eres llevado por las olas del destino…
(Lucifer sale.)

ADÁN
Que esta obra quede inconclusa.
Que su imagen incite a la sapiencia
a aquél que quiere la grandeza y la gloria.
Que sea como una pregunta hecha
por nuestra fuerza y nuestra flaqueza.
Se oye un clamor de júbilo. Los obreros abandonan el trabajo. Lucifer vuelve.
Oh, pueblo esclavo, por fin regocíjate,
pues la grandeza se ha abatido ante ti.
¡Mas, sábelo, sin ser forzada a hacerlo!

EVA
Mi bienamado, consuélate… ¿Qué era la gloria?
Una fría serpiente entre los dos.

ADÁN
¡Pero había grandeza en esa gloria!

EVA
¡Qué importa!
Las quejas se acallaron. Nuestra dicha
no será turbada. ¿Cuando descansas
sobre mi seno, puedes querer otra cosa?

ADÁN
¡Oh, mujer, cómo es de estrecho tu horizonte!
Pero eso es justamente lo que hace que el hombre
se apegue a ti. Él, fuerza y orgullo,
no puede amar sino la fragilidad.
De igual modo la madre lleva en brazos a su hijo
Para proteger su débil torpeza.

EVA
Perdón, oh Faraón, de ser tan fútil y charlatana…
¡Y no ser más sapiente!

ADÁN
No, no desees esa sapiencia, mi bienamada.
Yo mismo harto estoy de ella.
No es ni la razón ni el poderío
lo que, sobre tu seno seductor, vengo a buscar,
¡ni la ciencia! ¡Todo eso atiborra
mis libros! Sencillamente, habla,
y que en mi corazón la música se vierta
de tu dulce voz… pues no importa
lo que digas, yo me siento colmado.
Cada cual escucha al ave con placer;
¿tiene un sentido su canto? Nadie se lo pregunta.
¿De igual modo, tiene una flor sentido?
¿Es útil? Nos basta que sea bella.
Sé ese pájaro, sé esa flor… ¡Oh, felicidad!
(Prosigue, dirigiéndose a Lucifer.)
En tanto mi dicha por un deseo siéntese invadida
- es tal vez insensato, pero, no obstante,
satisfácelo: permíteme lanzar una mirada
al futuro para ver lo que de mi gloria quedará
en unos cuantos miles de años.

LUCIFER
¿No sientes cuando amoroso abrazas
que tu cara es rozada por un ligero soplo?
Esa brisa tibia amasa, doquier que se posa,
un polvo impalpable. En un año,
todo eso no será más que una pulgarada.
¡Y, en cien años, un pie! Mas, de era en era,
ese polvo sumergerá tu nombre, la tierra…
¡Un océano de arena cubrirá
tus pirámides! En estos bellos jardines
aullará el chacal y acamparán
pueblos serviles y andrajosos.
Todo cuanto dice Lucifer se hace visible.
Y todo eso, sin que ningún cataclismo
haya sacudido la tierra o las nubes…
Bastará con esta dulce brisa
que te acaricia jugando.

ADÁN
¡Es horrible!

LUCIFER (irónico)
Nada temas: ¡sólo perecerá tu espíritu!
Tu cuerpo subsistirá… Sí, por mucho tiempo:
una consumida momia que los maestros
mostrarán a los curiosos escalares.
En ella no podrá leerse tu nombre.
¿Fue ése un esclavo? ¿Un rey? Nadie lo sabrá.
Debajo del trono del faraón aparece una momia. Lucifer le da un puntapié. Rueda lentamente sobre sí misma y de este modo baja las gradas del trono.

ADÁN
¡Atrás, visión del infierno! ¡Ah, todo:
ambiciones, esfuerzos, es ilusorio!
“Para uno solo millones de seres…”
¡Aún oigo ese grito!
¡Quiero que esos millones de seres vivan!
Mas para ello se requiere un Estado libre,
¡un mundo nuevo! ¡Ah, que perezca el individuo
para que el pueblo exista!
¡El género humano no forma más que un cuerpo!

EVA
¿Y tú, amor mío, puedes abandonarme?

ADÁN
Sí, a ti, lo mismo que a mi trono y a todas las cosas…
Llévame, Lucifer. Revélame
nuevos objetivos… En estos engañadores caminos
he perdido demasiado tiempo.
Se dirige hacia la salida y desenvaina su espada.

EVA
Oh, Rey, si aquí vuelves desesperado,
encontrarás un refugio en mi seno.

ADÁN
Sí, y siento que una forma nueva,
más pura y más noble será tu premio;
que como a igual y con alegre corazón
tú me abrazarás, y nunca más como esclava.
(Adám se marcha.)

LUCIFER
¡A qué tanta prisa! Tu objetivo
lo alcanzarás. ¡Y más pronto
de lo que te imaginas!
De verlo tan vano, tan vacío,
las lágrimas arrasarán tus ojos,
y yo reiré, yo, tu guía…
¡Vamos, pues, ya que así lo quieres!

 
 
 

CUADRO QUINTO • EN ATENAS

Ágora. En el centro, una tribuna de orador. A un costado, el peristilo de un templo, estatuas de dioses y diosas, un altar, guirnaldas. Lucía (una encarnación más de Eva) se dirige al templo. Acompañada de su hijo, Cimón, y de algunas acompañantes que llevan ofrendas, va a impetrar por su marido, el general Milcíades. En la plaza, un populacho ocioso, patibulario, va y viene parloteando. Un día espléndido.

EVA
Ven, hijo mío querido. Ven acá, mira:
de aquí fue donde, en su rápida nave,
partió tu padre para ir a combatir
contra la raza bárbara que nos amenaza
y por la libertad de nuestra patria.
Imploremos a los dioses, hijo mío,
por el triunfo de nuestro pueblo
y por el inminente retorno junto a nosotros
de tu heroico padre.

CIMÓN
¿Por qué tan lejos se fue a combatir
dejando que te consumieras aquí?
¿Esos indigentes, esos cobardes valen la pena?

EVA
Hijo mío, no juzgues a tu padre.
Los dioses te maldecirán. Tan sólo
la mujer que ama tiene derecho
a afligirse así de las grandes hazañas
que su esposo realice.
Y observa, incluso, que si renunciara
a esas hazañas, sentiríase ella
de él avergonzada…
Él cumple su cometido de hombre.

CIMÓN
¿Temes que sea vencido?

EVA
No, hijo mío, pues es tu padre un héroe.
¡Vencerá!
La única cosa que puedo yo temer
es que él misma no sepa vencerse.

CIMÓN
¿Qué quieres decir?

EVA
Una poderosa palabra retumba
en el corazón del hombre, y es la Ambición.
La ambición dormita en el esclavo,
o bien, sofrenada, engendra el crimen.
Mas cuando la libertad llega a nutrirla
con su sangre pura, ella crece noblemente.
Su apogeo es la virtud cívica,
madre a su vez de las grandes acciones;
si se torna poderosa en exceso, entonces
contra su propia madre se revuelve,
¡y una de las dos tendrá que parecer!
Si la ambición se hiciera desmedida
en el corazón de tu padre y si atentara
contra nuestra patria, contra sus sagrados derechos,
¡yo lo maldeciría! Hijo mío, ven a implorar…
Cimón la sigue hacia el templo. Un gentío que no cesa de crecer se congrega entretanto en la plaza.

1. HOMBRE DEL PUEBLO
¡Ya no se sabe qué hace nuestro ejército!
¿Ha visto siquiera al enemigo?

2.° HOMBRE DEL PUEBLO
¡Y aquí todos están adormecidos!
Ya nadie hace, como antaño,
esos audaces proyectos que exigían
para triunfar la sanción del Pueblo.
Sobre esta plaza espero desde el alba
algún ofrecimiento para mi sufragio.

1. HOMBRE DEL PUEBLO
Es cierto, nos aburrimos…
¿Qué rayos podría hacerse?

3. HOMBRE DEL PUEBLO
No estaría mal un poco de alboroto…
Eva ha encendido el fuego del altar, ha hecho sus abluciones y se ha preparado para ofrecer sacrificio a los dioses. Sus acompañantes cantan un himno que proseguirá, por momentos, en el curso de la siguiente escena. Ahora la plaza está colmada. Dos demagogos se disputan la tribuna.

1. DEMAGOGO
¡Lárgate! Este sitio me pertenece.
¡Si me callo, la patria se pierde!
La muchedumbre lo apoya ruidosamente.

2.° DEMAGOGO
¡Cuando hables será cuando peligre!
¡Vamos, bájate de ahí, vendido!
Risotadas sardónicas y aplausos.

1. DEMAGOGO
¿Vendido?
¡Si no lo eres tú, es que nadie
habrá querido comprarte!
Ciudadanos, con dolor hablo,
pues para un noble corazón
no hay peor dolor que rebajar
la gloria y la grandeza.
Mas sin embargo debo hacerlo,
y arrancar a un hombre ilustre
de su carro de triunfo
para entregarlo a vuestro tribunal.

2.° DEMAGOGO
Lindo comienzo… ¡Ve, canalla!
¡Échale flores a la víctima
destinada al sacrificio!

1. DEMAGOGO
¡Vete!

UN HOMBRE DEL PUEBLO
¿Por qué escuchar a ese guasón?
La muchedumbre empuja al segundo demagogo.

1. DEMAGOGO
Debo hablar, aunque mi corazón sangre,
pues tengo por ti, oh pueblo soberano,
más respeto que por tu general.

2.° DEMAGOGO
Esos perros que esperan servilmente
lo que cae de la mesa del amo,
¿los respetas? ¡No te envidio!

VOCES EN LA MUCHEDUMBRE
¡Nos insulta! ¡Abajo!
¡Abajo el traidor!
La multitud maltrata al segundo demagogo. Sobre el altar, Eva ofrece incienso a los dioses y sacrifica dos palomas.

EVA
Oh, Afrodita, escucha mi imploración.
Dígnate aceptar el incienso del sacrificio,
no vengo a pedirte que ciñas de verde laurel
la frente de mi esposo, sino tan sólo
que concedas a ese héroe la paz de su hogar.
Eros aparece, sonriente, en la humareda del incienso. La rodean las Gracias y le echan flores. Los sacrificantes se ensimisman.

LAS SERVIDORAS
¡Concédele lo que pide!

EROS
¡Oh, sé bendita, mujer, por el Corazón Puro!

LAS GRACIAS
¡Que las Gracias te protejan!

LAS SERVIDORAS
¡Gracias, gracias, Afrodita!

1. DEMAGOGO
Oh pueblo, escucha mi acusación:
¡El gran Milcíades ha vendido la patria!

2.° DEMAGOGO
¡Mientes! ¡Escuchadme, oh ciudadanos!
¡Evitaos oprobiosos arrepentimientos
antes de que sea demasiado tarde!

1. HOMBRE DEL PUEBLO
¡Vete, canalla!
El segundo demagogo es arrastrado en un arremolinamiento de la muchedumbre.

1. DEMAGOGO
La flor de tu juventud está en sus manos,
¡oh pueblo glorioso! En tanto que pudo
apoderarse de Lemnos a mansalva,
¡ante Paros helo vacilante!
¡Lo han comprado!

3. HOMBRE DEL PUEBLO
¡A muerte!

1. BURGUÉS
¡Gritad más fuerte,
de lo contrario seréis echado de mis tierras!
Eros y las Gracias han desaparecido, Eva ha terminado su sacrificio.

EVA (incorporándose)
¿Qué significa ese alboroto?
Hijo mío, vamos a ver.

CIMÓN
Madre, condenan a un traidor.

EVA (subiendo las gradas del peristilo)
Cuando el pueblo hambriento juzga a un grande,
mi corazón se encoge al ver su alegría cruel.
Si la grandeza se derrumba en el lodo,
la plebe la insulta; se diría que ésta
quiere justificar su propia abyección.

2.° HOMBRE DEL PUEBLO
Bien que gritaría, pero estoy ronco…

2.° BURGUÉS
Toma, aquí tienes con qué engrasarte
la garganta.

2.° HOMBRE DEL PUEBLO
¿Qué tengo que gritar?

2.° BURGUÉS
¡Muera el traidor!

VOCES DEL PUEBLO
¡Muera el traidor! ¡Muera!

EVA
¿Quién debe morir?

2.° DEMAGOGO (acercándose a Eva)
¿A quién querrían matar
si no al que sus virtudes ponen
por encima de ellos?
Puesto que eso es lo que
no pueden tolerar.

EVA
¡Milcíades! ¡Es él al que quieren matar!
Dioses todopoderosos… ¿Y tú también,
oh viejo Crispos,
tú, a quien otrora de la esclavitud él sacó,
tú quieres su muerte?

CRISPOS
Perdón, señora:
es su vida o la mía… Me han pagado…
Tengo tres hijos… Su pan es a este precio…

EVA
¡Maldito seas, pues la miseria te abate
hasta ese punto! Sin embargo, te perdono
si tienes hambre… Pero tú, Tersites, y vosotros,
vosotros todos, a quienes sosiego y bienestar
les están asegurados aquí por mi esposo
que arroja al enemigo lejos de vuestras puertas,
¡ah, cuánta ingratitud!

TERSITES
Señora, tenlo por cierto,
esto nos resulta muy penoso…
Ay, ¿qué hacer?
¡El pueblo es quien lo quiere!
¿Osaríamos desafiar su furor
para con ello perder nuestros bienes?

1. DEMAGOGO
Voy a pronunciar el veredicto del pueblo.
Lucifer, vestido de guerrero, irrumpe muy agitado.

LUCIFER
¡Alerta! ¡El enemigo está a nuestras puertas!

1. DEMAGOGO
¡Es imposible! Nuestro general,
siempre victorioso,
guarda el país.

LUCIFER
¿El enemigo? Pues sabed que él mismo
es el enemigo. Lo que aquí tramáis contra él
lo ha sabido y en su corazón ha brotado
la más justa de las cóleras. ¡Temblad!
¡Mientras peroráis, él acude!
Y a hierro y fuego, prontamente,
la ciudad destruirá.

2.° DEMAGOGO (al primero y sus partidarios)
¡Ah, felones,
sois vosotros los que habéis
obrado este infortunio!

EL PUEBLO
¡Abatámoslos! ¡Que viva Milcíades!
¡Ah, maldita sea! ¡Huyamos!
¡Sálvese quien pueda! ¡Todo se ha perdido!

1. DEMAGOGO
¡No, no todo se ha perdido!
Vayamos a rendirle homenaje.
Recibámosle a las puertas de la ciudad…

EVA
¡Dioses, dioses todopoderosos!
Tu condenación cruel me fue,
pero sufro aún más, oh esposo mío,
ahora que es justa. Sí, aún cuando veo
que por fin a mí vuelves…

1. HOMBRE DEL PUEBLO
¡Que se apoderen de ella y de su hijo
y que los maten si atenta contra nuestra ciudad!

EVA
Gustosa aceptaré morir por él.
¡Pero que la maldición de la patria
no alcance a mi hijo!

CIMÓN
Aquí, madre mía, nada temas por mí.
Este santuario nos protege. Ven…
Eva y su hijo se refugian en el templo. Dos ninfas los protegen extendiendo ante ellos unas guirnaldas de flores. Viendo esto, la muchedumbre retrocede. En ese momento se oye resonar las trompetas. La muchedumbre se dispersa despavorida. Las ninfas desaparecen.

LUCIFER (se frota las manos y se ríe sarcásticamente)
¡La farsa es divertida! Es excelente
para el espíritu, reír cuando
Ios corazones sangran.
(Se vuelve hacia el templo.)
¡Si al menos el cuadro, siempre nuevo,
de la eterna belleza me distrajera!
Mas no, todo eso me aburre y me molesta.
Me hielo en este extraño reino
en el que hasta la desnudez misma es púdica
y que incluso ennoblece al pecado
y al destino torna sublime
con la prodigalidad de sus rosas
y de sus cándidos besos. ¡Ah, por qué
mi reino, monstruoso, se demora en venir
- insuflando la duda y el espanto -
a disipar ese hechizo que, sin desmayo,
reanima al hombre abatido en la lucha
que vanamente sostiene contra mí!
Mas ya veremos si el horror de la muerte
no pone fin a esos pobres juegos de sombras.
Se mezcla con el pueblo. Milcíades (es Adán) hace su entrada, herido, a la cabeza de sus soldados. El pueblo y los demagogos le salen al encuentro y le saludan servilmente.

EL PUEBLO
¡Larga vida al héroe! ¡Piedad, gran hombre!

ADÁN
¿Así, pues, qué crimen habéis cometido?
¿Por qué suplicarme de ese modo?
El fuerte al débil ¿qué puede pedirle?
¿Dónde está mi mujer? ¿Dónde mi hijo?
Ah, temo una desgracia:
¿Por qué no han salido a mi encuentro?

EVA
¿Por qué vuelves, Milcíades, a tu patria
si tu retorno no puede alegrarme?
(Dirigiéndose a su hijo)
Ah, sosténme, me siento desfallecer,
¡Pobre hijo mío, que ni siquiera de tu padre
habrás recibido un nombre digno de honor!

ADÁN
Eh, ¿qué quiere decir todo esto? El pueblo
implora mi perdón; mi misma esposa me abruma
y me maldice… Y mi pecho sangra
la sangre derramada por mi patria.

EVA
¡La patria y mi corazón sangran mucho más!
¿Qué vienes a hacer al frente del ejército?

ADÁN
¿No es eso lo que conviene a mi rango?
Ya no podía combatir por más tiempo:
mira mi herida… y por eso vengo
a liberarme de mi mando
entre las manos del pueblo soberano,
y rendirle cuentas. A vosotros, soldados,
mis valientes compañeros, os libero.
Volved a vuestros hogares. Descansad.
Bien que lo merecéis. Yo deposito
sobre tu altar, oh Palas Atenea,
esta espada, y te la dedico.
Sus oficiales lo ayudan a escalar las gradas del templo, después se dispersan.

EVA
¡Milcíades!
¡Ah, qué mujer sería más feliz
que lo soy yo! ¡Mira a tu hijo, caro esposo:
cómo ha medrado! Y cómo se te parece…

ADÁN
Mis seres queridos…

CIMÓN
¡Yo lo sabía: mi padre
no podía proceder mal!

EVA
Cállate; me siento avergonzada.
¿Cómo pude olvidarlo, yo, su mujer?

ADÁN
Hijo mío, serás tú quien ofrezca
mi espada a la diosa.

CIMÓN (suspendiendo la espada encima del altar)
Oh diosa, te encomiendo
esta espada. Un día será la mía.
Entonces vendré a pedírtela.

EVA
A mí, a la madre y esposa, le pertenece,
para celebrar este doble sacrificio,
encender este incienso. ¡Palas, hacia nosotros
dirige tus miradas!
Eva quema el incienso sobre el altar. El primer demagogo sube de nuevo a la tribuna.

1. DEMAGOGO
Decía la verdad;
¡Es un traidor! ¡Darío lo ha comprado!
En cuanto a su herida, es un fingimiento,
¡no quiere combatir, eso es todo!

EL PUEBLO
¡Muera! ¡Muera!

ADÁN
¿Qué significan esos gritos?

EVA
¡Ah, es horrible, de nuevo dicen
que eres un traidor, Milcíades!

ADÁN
¡Yo, que vencí en Maratón!

EVA
¡Ay, es un mundo horrible al que has vuelto!
El pueblo y Lucifer entre sus filas se precipita hacia el templo.

1. DEMAGOGO
¿Por qué os demoráis en capturarlos?

EVA
Quédate aquí. Nadie en este santuario
osará penetrar. ¿Por qué licenciaste
el ejército, y por qué no has incendiado
este criminal avispero?
¡Esta gentuza sólo sirve para ser encadenada!
Saben que tú eres su señor por la sangre
y más noble que todos ellos.
¡Como temen caer rendidos a tus plantas, te matarán!

1. DEMAGOGO
¡Oíd como habla la mujer de un traidor!

EVA
Incluso culpable, toda mujer tiene derecho
a defender a su marido.
¡Mucho más cuando es puro como el mío,
y vil como vosotros
el que lo agobia enemigo!

1. DEMAGOGO
¿Pueblo soberano, vas a dejarte insultar?

1. HOMBRE DEL PUEBLO
Tal vez ella dice la verdad…

1. BURGUÉS
¡Quién lo apoya es sospechoso!
¡Así, pues, gritad, crápulas!
¡De lo contrario, moriréis de hambre!

EL PUEBLO
¡Que muera!

ADÁN (a Eva)
Tapa los ojos a este niño;
que no vea mi sangre correr. Y tú,
aléjate de mí… No hay que dejar
que, sobre esta roca, el rayo que se abate
pueda alcanzarte. Oh mujer, sólo yo
debo morir. ¿A qué vivir, cuando veo,
tras haber luchado mi vida entera
por la libertad, que es tan sólo una engañifa?

1. DEMAGOGO
¿Qué esperáis?

EL PUEBLO
¡Que muera!

ADÁN
A este pueblo cobarde
no lo maldigo. Si la miseria
hizo de él el esclavo sanguinario
de un puñado de infames impostores,
es su naturaleza y no su falta…
Muy loco fui al creer que este pueblo
tenía de veras ansia de libertad.

LUCIFER (aparte)
Acabas de grabar tu propio epitafio,
muchas tumbas llevarán el mismo…

ADÁN
Este refugio no me cuadra… Quiero bajar,
ayudadme…
Pone a Eva entre los brazos de sus servidoras y baja las gradas del templo, apoyado en dos amigos.
¡Aquí estoy dispuesto!

2.° DEMAGOGO
Nada se ha perdido, Milcíades. ¡Defiéndete!

ADÁN
¡No! Pues si para defenderme hablara,
mi herida me haría sufrir demasiado.

2.° DEMAGOGO
¡Sin embargo, hazlo!
¡Hace un instante todavía el pueblo
se revolcaba a tus plantas!

ADÁN
Precisamente por ello sería inútil.
Su propia ignominia, esos seres viles,
es lo que jamás perdonan.

LUCIFER
¿Estás desilusionado?

ADÁN
¡Por completo!

LUCIFER
¡Reconoce que fuiste para ese pueblo un amo
más noble aún que él lo fue para ti!

ADÁN
¡Es posible, pero el mal es el mismo!
Cambiando de nombre, no varía el destino
y es ilusorio querer combatirlo.
Renuncio a ello… ¿Ah, por qué las almas nobles
se consumen en un hambre de grandeza?
¿No sería preferible vivir para sí,
colmar de voluptuosidad, hasta la embriaguez,
esta corta vida y marchar hacia el Hades
a un paso que el vino hace tambalear?
Condúceme por nuevos caminos,
Lucifer, que pueda yo burlarme
del dolor y virtudes del prójimo,
pensando tan sólo en gozar yo mismo…
Tú, mujer, que antaño en el desierto,
tal como mi alma parece recordar,
hiciste un lecho de flores para reposo mío,
pierdes la cabeza creyendo que debes hacer
un buen ciudadano de tu hijo.
En el lupanar, la ramera pintarrajeada,
con la boca ardiendo en deseo y vino,
con razón se burla de tí. ¡Diviértete!
¡Goza! ¡Insulta la virtud!
Marchemos al cadalso. ¡Para castigarme
no de haberme humillado, sino de haber creído
con entusiasmo en una gran causa!
Llevan un tajo y lo ponen frente al peristilo del templo. Lucifer enarbola un hacha. Adán se inclina.

1. DEMAGOGO
¡Que lo maten! ¡Viva la Patría!

LUCIFER (a media voz)
¡Qué linda despedida! Ahora,
señor el Noble Héroe, ¿no sientes
que, chistosamente, un estremecimiento
recorre tu cuerpo, bajo el soplo de la muerte?

EVA
¡Ah, Palas, así, pues, no escuchaste mi ruego!
El genio de la Muerte, un joven de dulce mirar, que en una mano tiene una corona y en la otra una antorcha invertida, sale del templo y se acerca de Adán.

ADÁN
¡Palas ha oído tu ruego, Lucía amada!
¡Que el cielo sea contigo! Siento que la paz
se derrama en mi corazón.

LUCIFER
Ah, maldito seas,
mundo engañado por las ilusiones.
Una vez más malogras mi triunfo.

EVA
¡Maldito seas, pueblo salvaje y vulgar!
Destruiste cobardemente mi dicha;
ahí está, en el polvo su fresca flor;
la libertad, sin embargo, te fue menos cara
que cruel fue el tormento de mi corazón.

 
 
 

CUADRO SEXTO • EN ROMA

Una gran terraza con estatuas de dioses y vasos en que arden perfumes. Entre los pórticos se ven los Apeninos. En el centro, una mesa baja, ricamente servida, y lechos en los cuales están blandamente reclinados Sergiolus (Adán), Milón (Lucifer), Catulo, Julia (Eva) y otras dos cortesanas, Hippia y Cluvia, como ella vestidas de manera impúdica. Al fondo, sobre un estrado, dos gladiadores luchan. Los esclavos están cerca para atender prontamente las órdenes de sus amos. Unos flautistas tocan. Es el crepúsculo, y después, la noche.

CATULO
Ah, cuán ágil y rápido es ese gladiador
de la cinta roja… ¡Oye, te apuesto
que vencerá, Sergiolus!

ADÁN
¡No, por Hércules!

CATULO
¿Por Hércules? ¡Cómo! ¿hay quien, entre nosotros
cree todavía en los dioses? Si en rigor
quieres jurar, jura por Julia…

ADÁN
¡Pues bien, sea!

LUCIFER
¡El juramento es cosa seria!
Niegas a un dios y lo substituyes por otro…
¿Y por quién juras tú?
¿Juras por la belleza de Julia
o por tu amor por ella? ¿O acaso por su fidelidad?

CATULO
¡Ah, bien fugaz es la belleza!
Y, de todos modos, lo que hoy amamos
mañana nos cansa.
La mujer nueva, aunque tenga menos gracias
que nuestra amante, puede triunfar sobre ésta,
puesto que ella es Novedad…

ADÁN
Juraría por su fidelidad.
¿Entre vosotros habrá alguno que despilfarre
tanto dinero como yo por su amante?

HIPPIA
¡Pobre inocente! ¿Así, pues, te crees capaz
de disfrutar de ella inagotablemente?
¿Y sería como dices tú, que buscas sin fin
otros placeres y te disipas
para atrapar tan sólo un fragmento de la embriaguez
en tanto que ante ti huye el espejismo
de la perfecta voluptuosidad?
¿Sabes si algún día no irá ella a ceder
a un capricho o a una ilusión?
¡Al fin y al cabo también la mujer se cansa!
El músculo embotado de un gladiador…

ADÁN
Cierto es, Hippia… ¡Mas dejemos eso!
¿Para qué la voluptuosidad, si no poseemos
para brillar en ella la pujanza de Hércules
y no podemos, por mil fuegos tentados,
como Proteo metamorfosearnos?
En vano el amo clama por la hora de expansión
de que su esclavo, al cabo de su semana
de dura labor, disfruta a voluntad…
¿Así, pues, el placer no es más que un hilillo de agua
para el hombre devorado por la sed? ¿O acaso
la muerte para el imprudente
que se abisma en sus ondas?

LUCIFER
¡Mis felicitaciones! ¡Ah, el lindo curso de moral,
Sergiolus, sobre el seno de bellas jóvenes
entre dos ánforas con flores! Mas dime,
¿qué hay de vuestra apuesta?

ADÁN (a Catulo)
Si pierdo, Julia es tuya.

CATULO
¡Sea! ¿Mas si ganas?

ADÁN
Me darás tu caballo.

CATULO
Pasado un mes podrás venir
a llevarte a tu bella,
de lo contrario mis murenas la devorarán.

LUCIFER
¡Mira, Julia, ese bello pez! ¡Cómelo!
Pues tú, muy pronto, engordarás a otros.

EVA
¡Y a ti mismo los gusanos comerán!
En tanto que la vida nos lleva, seamos felices…
¡Al menos, ríamos mientras podemos!

ADÁN (a su gladiador)
¡Eh, tú, lucha mejor!

CATULO (al suyo)
¡No le des tregua! ¡Denodadamente!
El gladiador de Catulo cae y levanta la mano para pedir gracia. Adán apunta el gesto de la clemencia, pero Catulo se lo impide y, con el pulgar, le indica al otro gladiador que remate al vencido.
¡Recipe ferrum! ¡Perro cobarde! Esclavos,
tantos tengo como para de ellos no ser avaro.
¿Y quién rehusaría a las damas este espectáculo
tan excitante? ¿Es que el placer
no es más vivo cuando corre un poco de sangre?
El gladiador victorioso remata a su adversario.

ADÁN
¡Bésame, Julia! ¡Ese caballo es mío!
Que se lleven el cadáver…
Danzantes, dadnos la comedia.
Y por hoy basta de combates.
Se llevan el cuerpo. Las danzantes aparecen sobre el estrado.

CATULO
Ven, Cluvia mía, no puedo sin deseos
ver que los amantes junto a mí se besan.

LUCIFER
¿Y nosotros dos? ¿No haremos lo mismo,
querida Hippia? Pero antes, rechupa tus labios
pues quiero estar seguro, paloma mía,
que ningún veneno los contamina… Bueno, vamos,
ahora podremos divertirnos…

ADÁN
Tu corazón, Julia mía, late precipitadamente…
¿Por qué? No puedo en él reposo hallar…
(Hablan en voz baja.)

LUCIFER
¡Ah, el loco! ¡Hablarnos aqui del corazón!

CATULO (a Cluvia)
Querida mía, yo por el tuyo no me desvelo,
haz de él lo que quieras. Mas sin embargo
nada dejes entrever… Me basta
con que tu bello cuerpo siempre se me ofrezca.

CLUVIA
¡Ah, qué magnánimo eres! ¡A tu salud!
(Beben.)

CATULO
Bebe, querida mía, pero déjame
tus bellos brazos, tu tierno seno. Mira:
mi guirnalda se cayó…
(Se dirige a las danzantes.)
¡Qué lascivo fuego!
¡Qué arte y qué gracia en ese paso!

CLUVIA
Oh, voy a vendarte los ojos, si buscas
en otra que no sea yo lo que te prodigo
sin arrancarte una buena palabra.
(Señala a Lucifer.)
Mira a éste… ¿En qué le interesa
esa bella joven con él acostada?
Con su fría mirada, su maligna sonrisa,
tan sólo sabe verla dormir
mientras escucha las tiernas frivolidades
que decimos por simple placer.

CATULO
¡Un rostro tal es como frío sudario
sobre la poesía de toda una tertulia!
No es hombre el que puede quedar como de mármol
en el seno de voluptuosidades.
Mejor haría si se quedara en casa.

HIPPIA
Ah, me temo que ese desdichado no incube
la peste… Dicen que a Roma devasta.

ADÁN
¡Ahórranos esas fúnebres visiones!
¡Cantos! ¡Cantos! ¿Quién, de entre nosotros,
los sabe bien alegres? ¡Cantemos, amigos!

HIPPIA (canta)
El amor y el vino sin tasa,
he ahí lo que nuestros deseos colma.
¡Que cada copa nos asegure
el hallazgo de un placer!
¡Sepamos amar y beber!
Nuestras vidas son doradas por la embriaguez
como las tumbas que se hunden
lo son por la gloria del sol.
El amor y el vino sin tasa,
he ahí lo que nuestros deseos colma.
Cada mujer es una aventura,
un nuevo goce que correr.
¡Sepamos amar y beber!
Nuestras vidas son doradas por la embriaguez
como las tumbas que se hunden
lo son por la gloria del sol.

CATULO
¡Bravo, Hippia! ¡Ahora tú, Cluvia, canta!

CLUVIA (canta)
Antaño loco el mundo estaba.
Contemplad a la pobre Lucrecia
llorando la muerte de su esposo:
un amante le habla de éxtasis;
en vez de correr al placer,
para seguir viuda se apresta
a apuñalarse. La pérfida,
ése era su modo de gozar.

TODOS (cantan con ella)
En verdad el mundo es hoy más sabio.
Sintámonos felices de habitarlo.

CLUVIA
Antaño loco el mundo estaba.
Ved a Bruto que a la guerra va
a afrontar la muerte y los piojos
para defender a pobres diablos.
Él, de los guerreros el más noble,
lucha como cualquier soldadito
y muere en el campo de batalla.
¿Por qué no se quedó en su casa?

TODOS
En verdad el mundo es hoy más sabio.
Sintámonos felices de habitarlo.

CLUVIA
Antaño loco el mundo estaba.
Los fantasmas que reír nos hacen
de rodillas adoraba
y otro imperio no quería.
A los campanudos héroes de ese tiempo
quizá hoy en el circo
haríamos que las fieras comiesen
para un instante divertirnos.

TODOS
En verdad el mundo es hoy más sabio.
Sintámonos felices de habitarlo.

LUCIFER
Ah, Cluvia, venciste a Hippia.
Quisiera ser el autor de tu canción.

ADÁN
Y tú no cantas, ¿estás triste, Julia?
A nuestro alrededor todos se ríen y divierten
¿no te gusta descansar sobre mi pecho?

EVA
Ah, sí, y mucho. Mas perdóname, Sergiolus,
cuando la dicha me torna seria
pienso que la que ríe no es la verdadera.
En nuestro más dulce minuto también se mezcla
una gota del dolor inexpresable;
tal vez adivinamos que tales minutos
son como las flores que se marchitan.

ADÁN
También yo ese sentimiento apruebo.

EVA
Siento eso sobre todo cuando escucho
música, una canción… Las palabras,
a menudo hueras, las olvido.
Es el flujo de la voz lo que me arrastra
como un dócil navío… Entonces sueño
y me abandono. Y véome bajando
hacia un lejano pasado en que he vivido
antaño, bajo palmeras inundadas de sol,
una vida inocente; en el que, en su alegría
y su candor, mi alma sentíase prometida
a un noble y sublime destino.
No son más que sueños insensatos…
Perdóname, deja que te bese, Sergiolus.
Mira, ya despierto.

ADÁN
¡Basta de música y de danza! ¡Basta!
Ese sempiterno flujo de empalagamientos,
ese plato en exceso azucarado me produce náuseas.
¡Lo amargo, es eso lo que mi alma requiere!
¡Ajenjo en mi vino! ¡Espinas en los besos
que me den! ¡Y en fin peligros y desvelos
sobre mi cabeza!
Las danzantes se retiran. Se oyen a lo lejos gritos de dolor.
¿Qué significan esos gritos
que me taladran los huesos?

LUCIFER
Son locos que clavan en la cruz.
Predican la fraternidad, el derecho…

CATULO
¡Bien está! ¿Qué necesidad tenían
de mezclarse en los asuntos del prójimo,
en vez de quedarse tranquilitos en su casa
disfrutando de la vida?

LUCIFER
El mendigo al rico envidia,
y por hermano quiere tenerlo.
Una vez rico, crucificará al otro
al que tocará el turno de ser pobre…

CATULO
Riamos de todo eso: poder, miseria…
¡Hagamos befa de la peste que asuela
esta ciudad y de los hados de los dioses!
Se oyen nuevos gritos.

ADÁN (aparte)
“Es el flujo de la voz lo que me arrastra
como un dócil navío. Entonces sueño y me abandono,
y véome bajando hacia un lejano pasado en el que,
en su alegría y su candor, mi alma
sentíase prometida a un noble y sublime destino…”
(a Eva)
¿No es eso lo que me decías?

EVA
Sí, así te hablaba…
La noche ha caído poco a poco. Pasa por delante de la terraza un cortejo fúnebre: lloronas, portadores de antorchas, flautistas. Sobre los libertinos y sus compañeras cae un silencio de muerte. Al cabo de un rato Lucifer ríe irónicamente.

LUCIFER
¡Eh, parece que nuestro júbilo se evapora!
¿No será que el vino os falla? ¿O el espíritu?
¿Se acabaron las frases ingeniosas?
¡Es como para pensar que todo os cansa!
Si, hasta yo mismo…
¿O tal vez entre nosotros hay alguno
que tiembla o quiere convertirse?

ADÁN (tirándole su copa)
¡Condenado seas si tal piensas!

LUCIFER
Aguarda, voy a invitar a reunirse con nosotros
a un nuevo comensal. Tal vez consiga
llevar un poco de alegría a nuestros corazones.
¡Esclavos! Haced que entre aquí
ese viajero acompañado de antorchas
para que vacíe una copa con nosotros…
Los portadores depositan sobre la mesa del festín el ataúd, en el cual se ve un cuerpo. Lucifer le tiende su copa al cadáver.
¡Bebe, amigo! Hoy tú mueres;
tal vez mi turno llegará mañana…

HIPPIA (al muerto)
¿Acaso prefieres un beso?

LUCIFER
Bésalo, pues,
y válete de eso para robar el óbolo
que tiene en la boca.

HIPPIA
¡Ja! ¡Ja! ¿Y por qué no a él,
si a ti te beso?
Se inclina ante el muerto y le besa los labios. El Apóstol Pedro, saliendo del cortejo fúnebre, se adelanta hacia el primer plano.

EL APÓSTOL PEDRO
¡Ah, desdichada, deténte!
¡La peste es lo que bebes!
Todos retroceden horrorizados.

TODOS
¡La peste! ¡La peste! ¡Horror! ¡Fuera de aquí!

EL APÓSTOL PEDRO
¡Pueblo de perros! ¡Cobarde generación!
Cuando la fortuna os sonríe
zumbáis descocadamente
como la mosca embriagada de sol.
¡Os burláis de Dios y vuestras suelas
pisotean la virtud! Mas si a vuestras
puertas el peligro llama y el dedo de Dios,
formidable, os toca, entonces,
lastimeros, gallinas, dobláis el espinazo,
y la desesperación se retrata
en vuestras repulsivas facciones…
El castigo celestial está en
vuestras frentes. ¿No lo sentís?
La ciudad está desierta y saqueada.
Y el bárbaro pilla todo el oro
de vuestras cosechas. El orden ha sido
roto. Nadie obedece, nadie manda.
Juntos, el crimen y la rapiña
por la ciudad marchan alzando la cabeza
y tras ellos avanzan, lado a lado,
el negro terror y el pálido desvelo.
¡Ni la Tierra ni el Cielo os socorrerán!
En vano la embriaguez os emborracha
y corrompe, y ya no puede sofocar la voz
que surge en vuestras almas marchitas
y que os quiere llevar a un fin mejor.
A la postre, cansados estáis del placer.
Nada os satisface. Vuestra alma llena está
de asco y de angustia. Vuestros labios tiemblan.
¿Hacia dónde volvéis las miradas? Es en vano.
¡Ni siquiera creéis en vuestros dioses!
¡Para vosotros ya no son más que ídolos,
viejos guijarros congelados y sin palabras!
Las estatuas de los dioses se desploman de golpe.
¡Se desploman! Mirad: ¡polvo!
Y no encontráis un nuevo dios
que os pueda sacar de vuestro lodo…
Y si sólo fuera la peste… Lo que diezma
vuestra ciudad con una mayor desesperación
es el éxodo, por millares, de esa gente
que, abandonando sus lechos de molicie,
se van a poblar los salvajes desiertos
de la Tebaida, con la secreta esperanza,
si allí viven como anacoretas,
de reanimar, gracias a un nuevo estremecimiento,
sus sentidos gastados por los vicios inmundos.
Oh, nación degenerada, vas a desaparecer
para siempre del vasto mundo
y éste será purificado…
Hippia se desploma frente a la mesa.

HIPPIA
¡Oh, infortunio! ¡Oh, me muero! ¡Oh, el fuego
del infierno en mi cuerpo está! ¡Oh, empapada
estoy en frío sudor…! ¡Es la peste!
¡La peste! ¡Perdida estoy! Entre vosotros
que tantos placeres habéis compartido conmigo,
¿no hay ninguno que quiera socorrerme?

LUCIFER
¿Qué quieres, mi bella?
¡Hoy te toca a ti! Mi turno vendrá otro día…
tal vez mañana.

HIPPIA
¡Al menos, ahorradme esta horrenda agonía!
¡Ah, matadme, o si no, os maldigo!

EL APÓSTOL PEDRO (acercándose a ella)
¡Hija mía, no maldigas, perdona!
¡Sí, perdona! Y soy yo el que te ayudará,
yo y el Dios eterno, el verdadero Dios,
el Dios viviente, padre de todos
los hombres, ¡el que es todo amor!
¡Alza los ojos, Hippia, hacia tu Señor!
Por esta agua pura tu alma es librada
de su mácula; se eleva y va rauda
hacia Dios.
La bautiza con el agua cogida de un vaso que está sobre la mesa.

HIPPIA
Padre, estoy en paz…
(Expira.)

CATULO (se levanta)
Desde hoy mismo emprendo el camino
de la Tebaida, pues este mundo
de pecado me asquea.

CLUVIA
Voy contigo, Catulo.
Salen. Adán, preocupado, da unos pasos seguido por Eva cuya presencia no advierte.

ADÁN
Ah, Julia, ¿todavía estás aquí?
¿Qué buscas en estos lugares
en los que la muerte a la alegría
ha estrangulado?

EVA
Sergiolus, ¿allí donde estás tú
no tengo, pues, mi sitio? ¡Ah, hubieras podido
descubrir tantas nobles virtudes
en este seno si hubieses querido,
tomar de él más que un fugaz placer!

ADÁN
Y en mi propio corazón… Ah, qué desdicha
que las cosas marchen así… ¡Morir pequeñamente,
para nada, no habiendo conocido más que el dolor!
Si Dios existe…
Cae de rodillas y tiende sus manos hacia el cielo.
Si él nos gobierna y se interesa por nosotros,
que su clemencia envíe sobre esta tierra
un nuevo pueblo, un nuevo ideal,
el uno para regenerar la sangre corrompida
del hombre, y el otro para que abra caminos
a las aspiraciones de las almas nobles.
Todo cuanto es nuestro está corrompido,
gastado, ¡yo lo siento!
Y no tenemos la fuerza requerida
para engendrar un nuevo universo,
¡Escúchanos, escúchanos, Dios todopoderoso!
La cruz aparece en todo su esplendor en el cielo. Al fondo asciende la llamarada de las ciudades incendiadas. Bandas salvajes bajan de las cumbres. Se oye a lo lejos un himno sacro.

LUCIFER (aparte)
¡Como para echarse a temblar! O casi…
¡Pero yo tan sólo contra el hombre
libro mi combate! ¡Él hará
lo que yo no puedo hacer! Por lo demás,
ya he visto tantas veces tal espectáculo…
Poco a poco la aureola desaparece,
pero la cruz sigue ahí, como antaño,
y siempre dispuesta a anegarse en sangre…

EL APÓSTOL PEDRO
Oh hijo mío, el Señor te ha escuchado.
Abre los ojos. La tierra corrompida
ya renace y, mañana, los bárbaros
vestidos con pieles de animales, que destruyen
las ciudades por el fuego y hacen que
sus caballos arrasen las seculares siembras,
y en las paredes de los templos abandonados
instalan riéndose sus caballerizas,
harán que corra en las resecas venas
de ese viejo mundo una sangre joven y pujante.
En cuanto a esos que cantan en el circo,
en tanto que un tigre los acosa,
ese nuevo ideal que tú demandas
¡está en ellos! ¡Es la fraternidad,
la emancipación de todos los hombres!
¡Y es eso lo que va a cambiar el mundo!

ADÁN
¡Ah, lo comprendo, el alma exige otra cosa
que blandos regocijos sobre muelles cojines!
Sentirse la sangre circulando en las venas
y tener una vida nueva que vivir,
¿puede experimentarse mayor felicidad?

EL APÓSTOL PEDRO
He aquí cuál deberá ser tu úníco empeño:
¡Para Dios la gloria! Y para ti el trabajo.
El hombre tiene derecho a consumar aquí abajo
todo cuanto en su ser está en germen.
Un solo mandamiento le es prescrito.
Uno solo, óyelo bien: la Ley de Amor.

ADÁN
¡Ah, quiero luchar con todas mis fuerzas
por esta doctrina! Ah, quiero crear
un mundo nuevo en el que la flor suprema
sea la virtud caballeresca,
en el que la poesía, junto al altar,
instale a la Mujer, inmortalizada.
Se aleja apoyándose en el Apóstol Pedro.

LUCIFER
¡Te embriagas de utopías, caro Adán!
Tal entusiasmo te hace grande…
Es muy digno del hombre, y puede,
acercándote al Cielo, agradar a Dios.
Mas también Lucifer se regocija
pues a la desesperación te guía.
(Los sigue.)

 
 
 

CUADRO SÉPTIMO • EN BIZANCIO

Una plaza pública. Al centro, el palacio del patriarca. A la derecha, un claustro de religiosas. A la izquierda, un bosque. Unos burgueses pasean por la plaza. Tancredo (Adán) hace su entrada a la cabeza de una tropa de Cruzados que vuelven de Tierra Santa, banderas al viento y tambores sonando. Lucifer acompaña a Adán como escudero. Es el atardecer, luego la noche.

1. BURGUÉS
¡Más bárbaros! ¡Huyamos!
¡Atranquemos nuestras puertas!
Esos saqueadores van a posesionarse
de todo y todo devastarlo…

2.° BURGUÉS
¡Alejemos a nuestras mujeres!
Esta raza de salvajes nada ignora
de los placeres del serallo…

1. BURGUÉS
¡Y nuestras señoras los derechos del vencedor!

ADÁN
¿Por qué así huís ante nosotros?
¿No veis sobre nuestro pecho
este signo sagrado que nos une a vosotros
fraternalmente por la misma causa?
Al Asia hemos ido a llevar
nuestra santa fe, nuestra ley de amor,
a fin de que en esos lugares en que nuestro Salvador
nació, su gracia refulja
entre los millones de seres que la niegan.
¿No alentará el amor en vuestros corazones?

1. BURGUÉS
Con frecuencia nos han dicho esas cosas…
y cada vez nuestras casas han ardido.
Los burgueses se dispersan.

ADÁN
¡He ahí el fruto sembrado por los bandidos
que, avanzando bajo la santa bandera,
al pueblo engañan y cuyas posiciones adulan
cobardemente para hacerse sus amos!
Caballeros, amigos míos, debemos ser,
mientras el honor y la gloria de Dios,
el respeto de la mujer y el heroísmo
sean nuestra divisa y nuestra fe,
los guías del demonio llamado Pueblo,
y a ese demonio, debemos, sin fallar,
amarrar corto y hacer que cumpla
nobles cosas, aunque sea contra él.

LUCIFER
¡Bien hablado! ¿Mas qué harás, Tancredo,
si se niega por más tiempo a seguirte?

ADÁN
Donde está el Espíritu se encuentra la victoria:
¡Constreñiré al demonio si rechina!

LUCIFER
¿Y si el Espíritu estuviera de su parte?
¿Para reunirte con él, llegarías a humillarte?

ADÁN
¿Por qué me humillaría? Lo noble consistiría
más bien en elevarlo hacia mí.
Huir del peligro por falta de compañero
es una cobardía… Pero el egoísmo
no es mejor, pienso, cuando consiste
en huir de un compañero para no tener
que con él compartir el premio.

LUCIFER
Mira como ha decaído la gran fe
por que antaño los mártires
morían en el circo… ¿Es, pues, ésa
la emancipación de todos los hombres?
Linda cosa la Fraternidad…

ADÁN
No te burles. No pienses que no poseo
el entendimiento de la santa doctrina,
ya que esta causa es la de mi vida.
Quien sienta en sí la chispa sagrada,
que venga a nosotros; será bienvenido;
de todo corazón le damos el espaldarazo
y lo hacemos caballero de nuestra orden.
Mas, de esta orden, es preciso que los tesoros
sean protegidos contra la avidez
del maligno caos que aún bulle.
¡Ah, cuando llegue el tiempo de la pureza!
Entonces las fortificaciones serán inútiles,
y la Redención se cumplirá.
Mas dudaría que un tal día llegue
si aquél que quiso salvarnos
no fuera el mísmo Dios. Amigos caballeros,
habéis podido ver qué bienvenida
nos reservaban en esta ciudad.
Henos aquí, de hecho, como abandonados…
¡Pues bien, sea! Vamos a levantar nuestras tiendas
en ese bosque, como lo hacíamos entre los paganos.
Las cosas marcharán mejor más adelante, tal vez…
Andando. Os alcanzo más tarde.
Cada uno de vosotros me responde de sus gentes.
Los Cruzados levantan sus tiendas.

LUCIFER
Una vez más es lástima ver
que tus bellas ideas den tales frutos:
en apariencia excelentes, mas podridos.

ADÁN
¡Cállate! ¿Así, pues, en nada noble crees?

LUCIFER
¿Eh, qué importa que yo crea, si los tuyos
tampoco creen? Esta Caballería
la has erigido como un faro entre las olas;
pero un día el faro tiembla y se apaga,
y luego se desmorona en el mar. Ahora
ya no es más que un nuevo arrecife;
más terrible para el viajero que aquellos
cuya existencia ningún fuego ha señalado.
Todo cuanto vive y ejerce alguna
feliz influencia, morirá. El Espíritu
se echa a volar, pero el cuerpo, infecta carroña,
sobrevive lo suficiente para aportar la peste
al mundo nuevo que crece en torno a él.
Es así como las grandezas del pasado
nos llegan de edad en edad…

ADÁN
Mas si nuestra Orden ha podido, antes de desplomarse,
atraer al pueblo a sus santas doctrinas,
¡entonces puede sin peligro desaparecer!

LUCIFER
¿Las santas doctrinas? Ellas son,
precisamente, las causantes de vuestra desdicha.
Cuando un azar os hace encontrarlas,
las talláis, aguzáis, refináis y retorcéis
tanto que, para decirlo de una vez,
de ellas obtenéis esclavitud o locura.
Raza orgullosa, vuestra mente siempre busca
nociones exactas, aunque no puede soportarlas.
Empero, en ello os pasáis la vida
y os agotáis estérilmente.
Mira esta espada: añade o bien quítale
a su largura el espesor de un cabello,
¿en su naturaleza se ha producido un cambio?
Pues así es para toda cosa: ¿dónde se encuentra
su límite más preciso? Se ignora.
Mas si cambiara, se comprueba al punto,
con una sola ojeada… Bah, ¿para qué argumentar
más tiempo? Mira más bien
lo que en torno tuyo pasa…
Algunos burgueses vuelven a la plaza.

ADÁN
Amigos, mis gentes están cansadas
y quisieran un refugio.
¿Podría serles negado
por el lugar más alto de la Cristiandad?

3. BURGUÉS
Antes quisiéramos saber
si no eres un hereje, que es tanto como decir
peor que los paganos…

4.° BURGUÉS
Vamos, dinos cuál es tu fe:
¿es el Homousión o el Homoiusión?

ADÁN
¿Qué quiere decir?
No comprendo esa pregunta.

LUCIFER
¡Nada digas! ¡Esa es aquí la gran cuestión!

4.° BURGUÉS
¡Vacila! ¡Esto ya huele a herejía!

VARIOS
¡Alejémonos de esta gente! ¡Huyamos!
¡Encerrémonos! ¡Y maldito sea el hombre
que se atreva a abrirles su casa!
Los burgueses se dispersan. El patriarca sale de su palacio con gran pompa, seguido de acólitos en hábitos rutilantes y de un tropel de monjes que llevan a la hoguera a unos herejes encadenados. Los soldados encuadran a los prisioneros. Gente del pueblo cierra la marcha.

ADÁN
Todo esto me confunde… ¿Quién es ese príncipe
que viene a nuestro encuentro, soberbiamente,
con aparato tal?

LUCIFER
El Gran Pontífice.
Sí, es el actual sucesor de los apóstoles.

ADÁN
¿Y esa turba descalza que escolta a los cautivos,
esos mendicantes que ocultan su malingo júbilo
bajo una falsa humildad?

LUCIFER
Son monjes, cristiano-cínicos…

ADÁN
En las montañas en que nací
jamás vi nada semejante.

LUCIFER
Eso llegará, tenlo por seguro. Te consta
que la lepra, lentamente, se propaga…
Pero cuídate de ofender a esa gente.
Su virtud es tan perfecta, lo estás viendo,
que no son más que intolerancia…

ADÁN
Ah, caramba,
¿qué virtudes puede poseer esa ralea?

LUCIFER
La mortificación, el sufrimiento
y el total olvido de sí, cuyo ejemplo
dado les fue en la Cruz por tu Señor.

ADÁN
¡Mas con ello redimía al mundo!
Y ahí tan sólo veo blasfemadores
que desprecian a Dios, sus celestiales favores.
Pretender combatir a una mosquita
con la jabalina que el héroe enarbola
para enfrentar a un oso, ¡es estar loco!

LUCIFER
¿Y si es que ven a la mosquita como un oso?
¡Después de todo es su perfecto derecho!
E igualmente, tomándose por héroes, enviar
al infierno a los que disfrutan la vida.

ADÁN
Como Santo Tomás, veo, y no puedo creer…
Mirar voy cara a cara estas quimeras.
(Camina hacia el Patriarca.)
Somos, Padre mío, guerreros del Santo Sepulcro.
Agotados, molidos por nuestro largo viaje,
querríamos descansar un poco,
pero el pueblo de esta gran ciudad
nos niega un refugio. Si así lo quieres,
socórrenos, tú que tan poderoso eres.

EL PATRIARCA
No dispongo de tiempo para esas bagatelas.
La gloria de Dios, la salvación del pueblo,
son por el momento, hijo mío, mis únicos desvelos.
Tengo que juzgar a esos perros heréticos.
Es como un tósigo, una mala hierba
el fuego y el hierro no acaban con ellos:
no bien destruidos, el infierno los reemplaza.
Si vosotros sois, como tú dices,
ardientes protectores de la Santa Cruz,
¿por qué vais a buscar allende al Infiel?
¡El peor enemigo está aquí mismo!
¡Marchad contra él! ¡Saquead sus bienes!
¡Quemad su casa! ¡Degollad a los suyos!
¡Viejo, mujer, niño, no eximáis a nadie!

ADÁN
¿Puedes desear la muerte del inocente?

EL PATRIARCA
¿Inocente? La serpiente que acaba de nacer
y la que ha perdido su veneno
también son inocentes… ¿Mas dime,
por esa razón las salvas?

ADÁN
¿Tan horribles deben ser los pecados
que esas gentes han cometido,
para que la Iglesia de Amor
esté animada contra ellas de tal ira?

EL PATRIARCA
Escucha, hijo mío: La finalidad del amor
no es la de halagar en este bajo mundo al cuerpo.
Esa finalidad es la de restituir
- en caso de necesidad por el hierro y el fuego -
sin flaqueza el alma al que antaño declaró:
“Yo traigo la espada, no la paz a la tierra”.
Esos malos creyentes, sobre el santo misterio
de la Trinidad, han tomado por doctrina
al Homoiusión, en tanto que la Iglesia
tiene al Homousión por artículo de fe.

LOS MONJES
¡Mueran! ¡La hoguera está encendida!

ADÁN (a los herejes)
¡Amigos míos, renunciad por favor
a esa letra í!
Si queréis sacrificar vuestra vida,
más noble será hacerlo
combatiendo contra los infieles
para rescatar la tumba del Señor.

UN VIEJO HEREJE
¡Satán, en vano nos tientas!
¡Atrás! ¡Derramaremos nuestra sangre
por la verdadera fe, que es la nuestra,
allí mismo donde Dios quiera
que sea derramada!

UN MONJE
¡Insolente eres, pues pretendes
poseer la verdadera fe!

EL VIEJO HEREJE
El Concilio de Rímini y otros
nos han dado la razón.

EL MONJE
¡Estaban errados!
En Nicea y en otros muchos concilios
donde alentó la divina palabra,
¡decidieron la cuestión a favor nuestro!

EL VIEJO HEREJE
¡Apóstatas, que osáis contradecirnos!
¿Tenéis un solo Padre de la Iglesia
igual a los dos Eusebio, a Arrio?

EL MONJE
¿Y vosotros? ¿Tenéis un solo Atanasio?

EL VIEJO HEREJE
¿Tenéis mártires?

EL MONJE
¡Sí, más que vosotros!

EL VIEJO HEREJE
Los bellos mártires que el Diablo
engañó con falsas visiones
hasta hacerles elegir la muerte
y las llamas del Infierno…
En verdad os digo: ¡sois
la Gran Babilonia! ¡Sí, esa infame
meretriz de la que San Juan proclamó
de la tierra su desaparición!

EL MONJE
¿Y vosotros, quiénes sois?
¡La hidra de las siete cabezas!
¡Sois el Anticristo de que habla San Juan!
¡Infames! ¡Mendaces! ¡Abortos del infierno!

EL VIEJO HEREJE
¡Bandidos! ¡Serpientes! ¡Glotones! ¡Fornicadores!

EL PATRIARCA
¡Basta! Que los lleven a la hoguera
y que allí ardan para gloria del Señor.

EL VIEJO HEREJE
¡Sí, perverso, para gloria de Dios!
¡Para eso la víctíma perece!
Sois fuertes; ¡obrad a vuestro antojo!
Mas el Cielo juzgará vuestros actos.
Ya están contados los instantes
de vuestros crímenes.
De nuestra sangre nacerán otras cohortes.
La Santa Idea nos sobrevivirá, más fuerte.
Y la luz de esa hoguera brillará
a lo largo de los siglos venideros… ¡Vamos,
hermanos, marchemos hacia la muerte gloriosa!

LOS HEREJES (cantan a coro)
Dios mío, Dios mío, mírame.
¿Por qué me has abandonado?
¿Por qué estás tan lejos de mí?
¿Por qué no vienes a ayudarme?
¿Por qué no oyes mis quejas?
De día, Dios mío, clamo por ti,
de noche, descanso no me doy;
mas tú nunca me respondes.
Y sin embargo, tú eres el Santo…
(Salmo XXII, v. I, etc.)

LOS MONJES (acallan la voz de los herejes cantando a su vez a coro)
¡Señor, Señor, toma por mí partido,
confunde a los que me querellan
y combate a los que me combaten!
Reviste tu escudo, blande tu lanza
¡y ven a socorrerme!
Cierra el paso, oh Señor,
a los que quieren atraparme…
(Salmo XXXV v. I, etc.)
El Patriarca, su séquito y el cortejo se alejan. Monjes con hojas (escritas) se mezclan con los Cruzados.

LUCIFER
¡Desconcertado estás! ¡Tiemblas!
No veas tragedias en esas cosas,
sino más bien lo que tienen de cómicas
¡y eso te hará reír!

ADÁN
¡Ah! ¿de veras se puede elegir resueltamente
la muerte por una letra de más o de menos?
Si se puede, ¿qué es lo sublime y qué lo grandioso?

LUCIFER
¡Tal vez lo que sólo es ridículo para otros!
Una nimiedad es la diferencia… Basta
con una voz surgida del corazón para juzgar
una noción y la otra, y elegir…
A ese juez misterioso se le llama simpatía.
A su antojo, diviniza o bien ridiculiza.

ADÁN
¡Ah! ¿por qué han tenido mis ojos que ver
todas estas cosas,
esos crímenes vanos, esas querellas fútiles,
esas mezquinas tretas de una orgullosa causa
y ese veneno que extrae un arte sutil
de la más pura y suave de las flores?
Esa flor, la conocí antaño,
cuando ornaba con su vivo esplendor
la cuna amenazada de nuestra fe…
¿Quién la maculó? ¿Qué mano criminal?

LUCIFER
No hay más que un criminal: el triunfo.
Desune a los vencedores
creando mil intereses concurrentes.
Ella, la derrota, junta a los mártires,
Es en ella misma donde la herejía
toma su fuerza.

ADÁN
Sin pesar arrojaría mi espada
para volver a mi patria nórdica
- donde, en el espeso silencio de las selvas,
el honor viril, la rectitud del corazón
reinan aún y desafían el veneno
de esta época chata e hipócrita -
si ignorase la voz interior
que me alienta a reformar el mundo.

LUCIFER
¿De qué serviría? Jamás podrás hacer
que el individuo prevalezca sobre la época.
No es más que un nadador perdido
en esa marejada que todo se lo lleva o sumerge
a su antojo.
El hombre puede seguir el curso de su ticmpo,
mas no puede encauzarlo.
¿A quiénes da la historia el nombre de grandes?
A aquéllos que más que crear nuevas ideas
supieron comprender su siglo.
No es el gallo quien hace que el día se levante:
¡es él quien canta cuando el día se levanta!
Esos mártires que acabas de ver pasar,
encadenados, abrumados de escarnios,
pero felices de marchar a la hoguera,
se adelantan sólo un paso a su generación.
Ha germinado en ellos el futuro. Pero la idea
por la cual van a morir, sábelo,
los que vengan tras ellos la emplearán
sin pensar, lo mismo que respiran…
Mas ya hemos hablado mucho sobre esto.
Mira más bien lo que pasa en tu campamento…
¿Qué hacen allí monjes mugrientos? ¿Qué tráfico
le proponen a tus hombres?
¿Por qué pritan y se agitan de ese modo?
Ven, escuchémosles.

UN MONJE (en medio de los Cruzados, que se apretujan en torno a él)
Heroicos guerreros,
comprad, comprad nuestra doctrina
de la Penitencia. Ella aclarará
todas las dudas que podáis tener;
os dirá cuantos años pasará en el infierno
el asesino, el que ha perjurado, blasfemado,
el fornicador y el sacrílego.
También os dirá que, por veinte sueldos se puede,
si se es rico, cancelar un año de expiación;
por tres tan sólo, si se es pobre,
y por unos cuantos miles de vergajazos
si en verdad no se tiene nada con que pagar.
¡Compradnos este libro precioso!

LOS CRUZADOS
Dadme uno, padre mío… ¡A nosotros también!

ADÁN
¡Ah, viles mercaderes! ¡Y clientes aún peores!
¡Coge tu espada! ¡Dispersa esta feria!

LUCIFER (molesto)
Perdóname, pero ese viejo monje
antaño mi compadre fue… Y además, a mí,
después de todo, ese mundo no me disgusta…
¡Si a Dios tiene en gran honor, me es útil
por el mismo motivo! En este asunto
eres tú el que está un tanto en desventaja…
Isaura (es Eva) y su acompañante, Helena, irrumpen en la plaza gritando. Son perseguidas por varios Cruzados que dejan de perseguirlas y desaparecen cuando ven que buscan protección junto a Adán.

EVA (desmayándose de espanto)
¡Sálvame, caballero!

ADÁN (sosteniéndola)
Serénate, noble dama…
Aquí nada tienes que temer.
Ah, déjame contemplar tus bellos ojos:
qué fuego turbador: ¿Qué ha pasado?
Helena contesta por Eva, que sigue desmayada.

HELENA
Tomábamos el fresco bajo las verdes frondas
y en paz admirábamos la naturaleza…
El ruiseñor cantaba entre el follaje
y nuestra voz a la suya mezclábamos.
De súbito vimos, en un breñal,
brillar dos ojos llenos de salvaje deseo.
Entonces, aterradas, emprendimos la fuga
con cuatro de tus guerreros pisándonos los talones…
¡Era algo terrible! Iban a darnos alcance…
Pero pudimos correr hasta encontrarte.

ADÁN
Ah, no sé si debo desear que despierte…
En ese caso siento un gran miedo,
lo mismo que un sueño se me escapará…
¿Puede, en rigor, un cuerpo mortal
estar a tal punto espiritualizado?

LUCIFER
¿Cuerpo espiritualizado?
¡Ah, ciertamente, el destino
no podría castigar mejor a los amantes
por su locura, que prodigando
en el objeto de su amor todos los dones
maravillosos con que su deseo los adorna!

ADÁN (a Eva)
Me parece que ya te conocí en otros tiempos…
Sí, me parece que tú y yo hemos estado juntos
ante el trono de Dios.

LUCIFER
Por favor… No olvides que si el amor,
cuando son dos tiene su encanto, apenas
en verdad tiene sabor para un tercero…

ADÁN
Vuelve en sí… Sonríe…
¡Oh, Cielo, bendito seas!

EVA
¡Tú me salvaste! No sabría, Caballero,
cómo mostrarte mi agradecimiento.

ADÁN
Esas palabras tuyas serán mi recompensa.
No podría tener una más grande.

LUCIFER (a Helena)
¡Flaca recompensa!
¿Mas puedo pedir otro tanto?

HELENA
¿Y qué tengo yo que agradecerte?

LUCIFER
¿Pretendes que ese noble caballero
te prestó algún socorro? ¡Vanidosa!
¡Si salvó a la señora, de seguro
fue el escudero quien salvó a
la acompañante!

HELENA
¿Qué gané en todo esto? Sigo en el mismo peligro
que antes si te doy una prenda de mi reconocimiento.
¡Y, si me muestro ingrata contigo, me maldecirás!
Y además, esos calaveras no estaban tan mal…

ADÁN
Mi gentil dama, ¿adónde debo conducirte?

EVA
He ahí, ante nosotros, la entrada del convento.

ADÁN
¿Cómo? ¿El convento? ¿Esas puertas van a cerrarse
para siempre sobre mi esperanza?
Oh, dame algo tuyo, una prenda, un signo,
para atarlo
a la cruz que estás viendo,
para que en todo combate a que ésta me llame
tenga ya ante mis ojos la imagen de mi sueño
y para que pueda a través de los años,
que lejos de ti habré de pasar,
sin lasitud alcanzar el alto premio
que por fin vendrá a recompensarme.

EVA
Toma esta cinta.

ADÁN
¡Cómo! ¿esta cinta más oscura que la
más oscura noche? ¡Oh, dame la esperanza,
y no la aflicción!

EVA
Tómala. Ésa es mi prenda
y otra no puedo darte… Ay, la esperanza
no florece a la sombra del convento.

ADÁN
Tampoco el amor. Mas donde está mi dama,
¿cómo podría estar ausente el amor?
Por lo demás, tu atavío me hace pensar
que aún no eres una religiosa.

EVA
Oh, caballero, no agraves mi pena.
Sufro mucho viendo aumentar la tuya.

LUCIFER (a Helena)
¿También van a encerrarte esas paredes?

HELENA
Sí… ¡pero la llave no ha sido arrojada
al océano!

LUCIFER
En cierto sentido, es una lástima.
¡Bello tema de elegía!

HELENA
¡Vete, embaucador!

LUCIFER
¿Por qué me dices tal?
¿No sería una magnífica hazaña
ir en busca de una llave perdida en el mar?

HELENA
¡Tanto no te pido!

LUCIFER
¡Allá Voy! ¡Corro! ¡Me sumerjo!
¡Ya los monstruos afilan sus dientes
para devorarme!

HELENA
¡Vuelve! ¡Tiemblo de horror!
Es más sencillo: dejaré la llave en la ventana.

ADÁN (a Eva)
Si no puedo compartir tu trágico destino,
al menos dime tu nombre, a fin de que,
cuando implore al cielo, pueda pedirle al Señor
que te bendiga.

EVA
Me llamo Isaura. ¿Y tú, caballero?
A la monja mejor le cuadra orar…

ADÁN
Tancredo.

EVA
¡Que Dios te proteja, Tancredo!

ADÁN
¡Isaura! ¡No me dejes todavía!
Quédate, Isaura, o maldeciré ese nombre
que sólo me habrás dicho cuando
de mí te despedías. Brevísimos fueron
esos instantes, incluso para un sueño…
En lo sucesivo, ese sueño, ¿cómo podría yo
prolongarlo en mí, si no puedo
con el precioso hilo de tu sino
terminar la dulce bordadura?

EVA
Pues bien, he aquí mi historia: mi padre
era, tanto como tú, un caballero
del Santo Sepulcro. Una noche los paganos
asaltaron su campamento, lo saquearon
a sangre y fuego. Entonces mi padre,
cuando todo parecía perdido, hizo el juramento
de dedicarme, si la vida salvaba,
a la Virgen María… ¡Y fue salvado!
Era una niña cuando eso sucedió,
mas juré cumplir su promesa.

ADÁN
Santa Madre de Dios, tú que encarnas
el amor puro ¿no te ruborizaste
al escuchar ese sacrílego juramento
que mancilla tus virtudes con el sello del crimen
y transforma en maldición
lo que era una gracia celestial?

HELENA (a Lucifer)
¿Y te diré yo también mi historia?

LUCIFER
Ya la conozco… Amaste,
te engañaste. Volviste a amar
y, esa vez, fuiste tú quien engañó…
De nuevo amaste, pero entonces
te cansaste de tu nuevo héroe.
Hoy tu corazón está vacío; espera
otro amor, un nuevo habitante…

HELENA
¡Debes tener al Diablo por compadre!
¿Mas serías modesto al extremo de creer
que mi corazón está vacío
en este mismo instante?

LUCIFER (a Adán)
Señor, date prisa…
No acabas de despedirte,
y yo, que no puedo frenar mi victoria…

ADÁN
¡Isaura, ten piedad!
Cada una de tus palabras me traspasa el corazón…
Con un beso puedes calmar mi dolor.

EVA
¡Sabes qué voto hice! Es imposible.

ADÁN
¡Pero yo sí puedo, tengo derecho a amarte!

EVA
Feliz eres… ¿Cómo olvidarte podría?
¡Ah, desfallezco! ¡Adiós, Trancredo! ¡Adiós!
Un día nos reuniremos en el Cielo.

ADÁN
¡Adiós! ¡Adiós! Jamás se borrará de mi mente
el recuerdo de este día.
Eva entra en el convento.

HELENA (a Lucifer)
¡Haragán!
¡He de ser yo quien por todo vele!
La llave estará en la ventana, te dije,
no en el mar…
(Entra también en el convento.)

ADÁN (saliendo de su ensimismamiento)
Vámonos…

LUCIFER
Demasiado tarde:
tal es el final de la historia… ¡Ah, Tancredo,
mira qué insensata raza es la tuya!
Un día la mujer es para vosotros tan sólo
objeto de bajos apetitos. Ese día
con vuestros gruesos y brutales dedos,
mancilláís su sutil poesía;
¡agotáis la más adorable flor de amor!
Luego, como un dios, de buenas a primeras
otro día en vuestros altares muy alta la ponéis
y vuestra sangre derramáis por ella
en vanos combates, en tanto que se mustia
inútilmente su estéril beso…
¿Por qué no la tratáis como mujer?
¿Por qué no tenéis la justa idea
y el respeto de su condición?
Ha caído la noche. Sale la luna. Isaura y Helena se asoman a una ventana del convento.

EVA
¡Cómo brillaba el deseo en sus ojos!
¡Cómo temblaba ante mí ese héroe!
Mi fe jurada y mi virtud me obligan,
y hasta el final me sacrificaré.

HELENA
¡Qué gran locura nuestro sexo sufre!
Si de los prejuicios quiera apartarse
la mujer, incontinenti se entrega al placer
más desenfrenadamente que una fiera,
despoja su frente de toda dignidad
y, menospreciada, se revuelca en el fango.
Inversamente, si sigue las normas,
se asusta de su sombra, deja que sus encantos
se marchiten, se priva de las voluptuosidades
y a los demás priva.
¡Por qué no elige ella el justo medio!
¿Qué mal hay en gozar en ocasiones de la vida?
¡Puesto que, en fin, la mujer
es todo lo contrario de un espíritu puro!

EVA
Oye, Helena. ¿Aún está él aquí?
¿Tan tranquilamente hubiera podido partir?
¡Cómo me gustaría de nuevo oír su voz!

ADÁN (a Lucifer)
¿No se asomará a su ventana
para darme la limosna de una mirada?
¡Ah, que una vez más se me aparezca
su admirable cuerpo! ¡Perdóname
si no puedo alejarme, cara Isaura!

EVA
Más valdría para ti y para mí, Tancredo,
que te hubieses ido. Cuando dos almas
violentamente se arrancan una de otra,
su desgarradura muy pronto cicatriza.
Pero si de nuevo unidas se separan,
entonces su dolor es incurable.

ADÁN
Cuando tan sólo a nosotros
el amor prohibido está,
¿no temes escrutar esta noche
maravillosa y apacible, y que palpita
como un inmenso corazón de amor henchido?
¿No temes que su encanto te embruje?

EVA
Ah, todo esto me hace el efecto de un sueño
bajado del cielo para acompañarnos.
Un dulcísimo canto, sobre las ondas del aire
boga y me seduce, y veo, bajo los ramajes,
a mil genios sonreír tiernamente
cambiando fraternales besos.
Ay, Tancredo, no son para nosotros
esas divinas risas ni esos besos seductores.

ADÁN
¡Ah, por qué ese muro cruel! Yo, que tomé por asalto
tantas ciudades, ¿no podría escalar esta fortaleza?

LUCIFER
No, no podrás.
Ya que guardada está por
el espíritu de la época,
un espíritu más fuerte que tú.

ADÁN
Ah, ¿quién dijo tal?
A lo lejos arde una hoguera. Se eleva el canto de un coro.

CORO DE LOS HEREJES
¡De la espada a mi alma libra y mi vida de los dientes de los perros!
¡Sálvame de fieros leones y de sanguinarios unicornios!
A mis hermanos diré tu nombre, te alabaré entre los míos.
(Salmo XXII, v. 21-23)

EVA
¡Señor, perdona a las almas pecadoras!

ADÁN (horrorizado)
¡Qué lúgubre canto!

LUCIFER
Es el canto de vuestras bodas…

ADÁN
No me da miedo. Querido amor mío,
por ti desafiaré todos los peligros.

LOS MONJES (a coro)
¡Baldón! ¡Oprobio para los que osan contra mi ley rebelarse!
¡Alegría y felicidad para quienes sienten placer por mi causa y dicen: alabado sea el Señor que a sus servidores protege!
(Salmo XXXV, v. 26-27)
Adám, que caminaba hacia el convento, se detiene. Un buho chilla en la torre. Los aires se pueblan de brujas. Un esqueleto se yergue delante de la puerta del convento y le cierra el acceso a Adán.

EVA
¡Señor, socórreme!
(Cierra bruscamente la ventana.)

EL ESQUELETO (a Adán)
¡Vete de aquí!
¡Este umbral es sagrado!

ADÁN
¿Quién eres, fantasma?

EL ESQUELETO
La que siempre encontrarás
en cada beso que le des…

LAS BRUJAS (riendo a carcajadas)
¡Dulces simientes dan
con frecuencia frutos muy agrios!
¡Y vese a la paloma
una serpiente echar al mundo!
Isaura, te estamos llamando.

ADÁN
¡Abominación! ¿Sois vos quien ha cambiado
o he sido yo?
Sonreíais cuando os conocí…
¿Sueño o realidad? Ya no lo sé…
Vuestras magias mi brazo paralizan…

LUCIFER
¡Ah, de veras que me encuentro - por azar -
en amable compañía! Aguardaba
tal felicidad desde hace mucho tiempo.
¡Contemplad el amable coro de brujas!
¡Mirad hasta qué punto su pompa decorosa
supera el impudor de las desnudas ninfas!
¡Salud a vosotras! ¡A ti también, salud,
oh muerte, mi vieja amiga, que haces una
caricatura
de la virtud para que los hijos de la tierra
le tomen ojeriza! Ah, siento
no poder parlotear contigo toda la noche,
pero contado tengo el tiempo…
Las visiones desaparecen.
¡En camino, Tancredo! Tu bienamada
cerró su ventana. Marchémonos…
¿Qué hacer aquí en la negrura de la noche?
El viento es helado. ¡Ten cuidado con la gota!
Y además Helena va a venir… ¿Qué hacer?
¡El Diablo no va a perder su tiempo
jugando a los enamorados! ¿Se expondría
a ser por siempre cubierto de ridiculo
y malograr su poder? Es chistoso:
el hombre se consume de deseo; su ser todo
clama ardientemente por el amor…
¡y empero lo que cosecha es dolor!
¡Por el contrario, el Diablo, de helado corazón,
las pasa negras para a tiempo huir
del amor que lo persigue!

ADÁN
¡Oh, Lucifer, llévame hacia otra existencia!
Las santas doctrinas por las cuales luché,
mal comprendidas, sólo han engendrado
desdicha y sufrimiento.
Por la gloria del Señor se mata a los hombres.
El hombre es muy poco para consumar mi sueño:
hubiese querido que nuestros placeres se elevasen:
pero el hombre les impuso
el horrible sello del pecado.
Y en cuanto a la espada de la Caballería,
que tan alto yo quería blandir,
en mi mismo corazón se sepulta.
Vámonos. ¡Busquemos un mundo nuevo!
Aquí hice la prueba de mi valor:
supe combatir y supe renunciar;
puedo dejar la batalla sin oprobio.
¡Se acabaron mis entusiasmos!
Que el mundo, si quiere, corra a su ocaso;
por mi parte renuncio a llevar el timón.
Aunque el mundo se hunda, lo veré
con ojo indiferente… Estoy extenuado,
y quiero descansar.

LUCIFER
¡Descansa! ¡Descansa!
Mas sin embargo, dudo que tu espíritu,
siempre en movimiento, te conceda el reposo.
¡Sígueme, Adán!

CUADRO OCTAVO • EN PRAGA

En el jardín del Palacio Imperial, en una noche estrellada. A la derecha, un quiosco; a la izquierda un mirador; delante, una amplia terraza con un escritorio, una silla y diversos instrumentos de astronomía. Lucifer (fámulo de Kepler) está de pie sobre la parte delantera de la terraza. En el jardín se pasean señores y damas de la corte, entre otras, Bárbara, la mujer de Kepler, en la que reconocemos a Eva. El emperador Rodolfo charla con el astrónomo Kepler (en quién reconocemos a Adán). Al fondo la llama de una hoguera. Atardecer, después cae la noche. Dos cortesanos pasan al proscenio.

1. CORTESANO
¿A quién queman ahora? ¿A un hereje
o bien a una bruja?

2.° CORTESANO
Eh, a fe mía, yo no sé…
Eso ha pasado de moda;
tan sólo le interesa a la canalla.
Aun cuando haya dejado de delirar
de júbilo en torno a la hoguera,
mira y no dice esta boca es mía.
O bien murmura cosas vagas…

1. CORTESANO
¡Decir que no ha mucho
era una verdadera fiesta ver
arder una hoguera! La corte
y la nobleza asistían sin falta…
¡Fue la buena época! ¡Todo eso terminó!
(Se alejan.)

LUCIFER
¡Qué buen fuego! En esta fresca prima noche
es algo muy agradable. ¡Oh, sin duda,
hace ya buen rato que me calienta!
Pero temo que empiece a decrecer.
¡Y no porque el hombre apagarlo decidiera
o que otra verdad lo amenace!
Sencillamente, la época es indiferente
y nadie se ocupa del brasero.
De aquí a que me hiele… Ah, ciertamente,
todas las grandes ideas están destinadas
al mismo deterioro.
Sube a la torre. Rodolfo y Kepler van al proscenio.

RODOLFO
Tienes, Kepler,
que componer mi horóscopo.
Me he sentido esta noche conturbado
por pesadillas. Quiero saber
cómo anda mi estrella.
Recientemente apareció en su órbita
un signo de mal agüero, al lado de
la Serpiente, aquí, cerca de la cabeza…

ADÁN
Sí, Majestad.

RODOLFO
Tan pronto como estos días climatéricos
hayan pasado, tendremos que reanudar
nuestra gran obra donde la dejamos
y, esta vez, llevarla a buen término.
De nuevo he consultado detenidamente
a Hermes Trismegisto, a Sinesius,
a Alberto el Magno, a Paracelso, la Llave
de Salomón y muchos otros trabajos,
y al fin pude descubrir el fallo
que hemos cometido… Helo aquí:
Llevando al Rey Viejo a la incandescencia
vimos surgir al León y al Cuervo;
entonces, bajo la acción de dos planetas,
el doble Mercurio se condensó
y, de los metales, la sal filosófica
se depositó en el fondo del alambique.
Mas por error nos faltó el Agua Seca
y luego el Fuego Húmedo… Por ello
no tuvo lugar el santo matrimonio
cuyo producto infiltra la juventud
en las venas del anciano y puede cambiar
el metal vil en metal precioso.

ADÁN
Sí, Majestad, comprendo…

RODOLFO
Algo más…
Circulan en la Corte feos rumores sobre ti.
Dicen que te has convertido
a las nuevas doctrinas.
Parece que pones en entredicho
los dogmas de nuestra Santa Iglesia.
Peor aún: intercedes con sobrada energía
en favor de tu madre, que está inculpada
de herejía… Eso te hace sospechoso.

ADÁN
¿Majestad, no soy su hijo?

RODOLFO
¡Tu verdadera madre es la Iglesia!
Deja al mundo: está bien como está.
No trates, con mano torpe, de enmendarlo.
¿No te he colmado con mis favores?
De sobra sabes que tu padre tenía una taberna…
Me las arreglé para que nadie
pudiera dudar de tu nobleza,
y no fue asunto de poca monta.
Fue así como pudiste acercarte a mi trono
y obtener la mano de Bárbara.
Sigue mi consejo, hijo mío: cuídate.
El Emperador deja a Adán y sale; éste se queda abismado en sus pensamientos. Dos cortesanos se acercan.

3. CORTESANO
Nuestro astrólogo parece
estar muy preocupado.

4.° CORTESANO
Los celos lo devoran…
Qué quieres, no se siente bien
en ese nuevo medio;
es el villano que lleva dentro
y que sale a flote…

3. CORTESANO
No sabe que todo verdadero gentilhombre
ve en la mujer una divinidad
y que derramaría toda su sangre
si su virtud fuera calumniada.
Si le rendimos pleitesía, nos hace sospechosos
de apetitos lujuriosos…
Eva, en compañía de otro grupo, se une a los dos cortesanos y, jovialmente, da con su abanico un golpecito en el hombro del segundo cortesano.

EVA
¡Gracia! ¡Gracia, caballero!
¡Si no, a fuerza de reír,
creo que voy a morir!
¡Ah, señores, qué cara de solemnidad ponéis!
¿No os habrá conquistado el nuevo espíritu?
¡En ese caso, idos de aquí, pues espanto me da
esa ralea mojigata y taciturna
que quisiera despojarnos de las dichas terrenales
y sueña con desquiciarlo todo!

3. CORTESANO
No somos de ésos, bella dama.
¿A santo de qué querríamos perturbar
un sitio habitado por vuestra compañía?

1. CORTESANO
En cambio, allá veo a alguien
cuya sombría cara dice a gritos
que forma parte de esos innovadores…

EVA
¿Quién? ¿Mi marido? Ah, señores, sean buenos…
Ahorradle esas sospechas ante mí
que, por la voluntad de Dios, soy su esposa.
Ah, el pobre está enfermo, muy enfermo…

2.° CORTESANO
¡De vuestros ojos bellos
es tal vez la falta!

3. CORTESANO
¡Cómo! ¿Osaría haceros el ultraje
de su encelamiento? ¡Ah, querría ser
vuestro caballero para tener derecho
de arrojarle al rostro mi guante!
(Se acercan a Adán.)
¡Ah, qué dicha encontraros, maestro!
Justamente querría consultaros:
¿qué tiempo tendremos? Debo ir
estos días a mis tierras…

1. CORTESANO
En lo que a mi respecta,
quisiera saber el nombre de la estrella
bajo la cual nació mi último hijo.
Vino al mundo después de medianoche,
la noche pasada…

ADÁN
Tan luego como mañana por la mañana,
señores míos, os diré todo eso.

4.° CORTESANO
La gente se marcha. Imitémosla.

3. CORTESANO
Heos en vuestra casa. Buenas noches, señora.
(Añade en voz baja)
Dentro de una hora…

EVA (le contesta en el mismo tono)
A la derecha, en el cenador…
(En alta voz)
Buenas noches, señores míos.
(A Adám)
Ven, es tarde.
Salen todos. Adán y Eva suben a la terraza. Adán se deja caer en su silla. Eva se queda de pie junto a él. La noche se hace más oscura.

EVA
Juan, por favor, necesito dinero.

ADÁN
¡Ya no tengo ni un centavo!
Te lo llevaste todo.

EVA
¿Ah, de modo que yo, tu mujer, estoy condenada
a verme siempre en apuros? ¡En la Corte
todas las damas brillan y rutilan
como pavos reales! Al lado de ellas
siento vergüenza.
Cuando un galán, inclinado hacia mí, me dice
que de todas yo soy la reina,
me avergüenzo por ti, dejas
que la reina se pasee en harapos.

ADÁN
Consideremos:
¿No me agoto, noche y día,
profanando mi ciencia en horóscopos
y en fútiles conjeturas para colmar
todos tus deseos? De lo que me ha pasado por el alma,
nada digo. Afirmo cosas que sé falsas.
¡Vergüenza me da de ser aún peor que la Sibila,
quien al menos creía lo que anunciaba!
En esto he parado… ¡Y todo por ti!
¿Y cuál es el premio de mi traición?
Para mí nada necesito en el mundo;
pues me basta contemplar los cielos,
la noche resplandeciente, y escuchar
la secreta armonía del universo.
Todo el resto es para ti. Ay, el cofre
del Emperador suena a menudo a hueco,
y para colmo hay que insistir
para que se abra. Mañana tendrás
lo poco que me ofrecen. Lo que me mata
es tu ingratitud…

EVA
¿Vas a reprocharme tus sacrificios?
¿Nada hice por ti, yo, una noble doncella,
casándome contigo pese a tu dudoso rango?
¿Y, en verdad, no me debes el haber podido elevarte?
¡El ingrato eres tú!

ADÁN
¿Son la inteligencia y el saber
de un rango dudoso? ¿El rayo que el cielo
puso en mi frente acaso es oscuro?
¿Hay linaje más alto que el suyo?
Lo que llamáis nobleza es un fantasma
sin vida, sin alma, ¡una caricatura!
¡Pero la nobleza mía es eterna,
fuerte y por siempre joven! ¡Si pudieras,
oh mujer, comprenderme! Si tu alma
fuera hermana de la mía, como así
pude pensarlo en tu primer beso,
de mí estarías orgullosa y tu dicha
lejos de mí no irías a buscarla;
no irías por el mundo a exhibir
todo lo que en ti hay de dulzura
reservando la amargura para el hogar.
¡Te he amado, oh mujer, con amor infinito!
Sí… Y sigo amándote.
Pero este amor depositó en mí hiel
cuando pudo serme dulce como la miel.
Empero, qué nobleza tendría tu corazón
si verdaderamente pudieras ser mujer…
Pero el destino te ha rebajado, y hace
un ídolo hoy de la mujer,
después de haber hecho de ella una diosa
en tiempo de la Caballería. ¡Al menos,
mujer, en esos tiempos creían en ti!
Mas ahora nuestra edad sin esplendor
ya no puede creer en ella, y el ídolo
no es más que una muñeca rellena de vicios…
Ciertamente, podría separarme de ti, aunque
tuviera que arrancarme el corazón. Con ello
ganaría la paz, y tú tal vez la felicidad.
¡Mas tenemos en nuestra contra las costumbres,
el orden establecido, las reglas de la Iglesia!
Tenemos que renunciar y deberemos
soportarnos largo tiempo, marchar de frente
hasta que la muerte, en fin, venga a liberarnos
al uno del otro…
Se lleva las manos a la cabeza. Eva, conmovida, lo acaricia.

EVA
Mi Juan querido, te lo suplico, no te aflijas…
A veces hago mal en hablar sin pesar las palabras.
No he querido hacerte daño.
Pero, piensa, la Corte es tan maravillosa,
las damas tan altivas y tan burlonas,
que enfrentarme a ellas me atemoriza.
¿Ya se te pasó el enojo? Ánimo, buenas noches…
¡Y, mañana por la mañana, no olvides el dinero!
(Vuelve al jardín.)

ADÁN
¡Ah, qué extraña aleación, la mujer!
Hiel y licor, nobleza y crueldad,
el bien y el mal estrechamente unidos…
¿Por qué, pues, con lanta fuerza nos atrae?
Es que el bien le es esencial,
que el mal está en la época que la vio nacer.
(Sin dirigirse especialmente a nadie)
¡Eh, fámulo!
Lucifer entra con una lámpara que pone sobre la mesa.

LUCIFER
¡Heme aquí! ¿Qué quieres, maestro?

ADÁN
Un horóscopo. Y el estado del tiempo
para mañana. Hazlo rápido.

LUCIFER
¿Y, por descontado, todo eso
debe ser brillante? Nadie
querría pagar la verdad desnuda…

ADÁN
Hazlo de manera que sea verosímil.

LUCIFER
No temas. Mas, ¿qué podría inventar
que superara escandalosamente
las ilusiones de esas animosas gentes?
¡Cada recién nacido es seguramente
el Mesías! ¡Una estrella fulgurante
que deslumbra a la familia antes de ser
más tarde un vulgar ganapán!
Lucifer se pone a garrapatear. Eva ha llegado al cenador, donde la espera el tercer cortesano.

3. CORTESANO
Cruel, me has hecho languidecer…

EVA
¿De veras?
¡Qué gran tormento haber esperado
en la fresca noche, mientras yo engaño
a un buen marido por ternura hacia ti
y me expongo a los ataques del mundo
y a la ira del Cielo!

3. CORTESANO
¡Bah! La ira del Cielo
no puede alcanzarte en esta oscuridad;
no más que la mirada de la gente…

ADÁN (sumido en pensamientos)
He deseado una época apacible
en la que nadie piense en trastrocar
el orden establecido. En fin,
iba a poder descansar tranquilo,
y, sonriendo con indiferencia,
dejar sanar mis antiguas llagas.
¡Pues bien, estoy metido en esta época!
¿Mas qué haría yo en ella, con esta alma en mí
que, para mi tortura, el Cielo me ha dado,
que no puede soportar la quietud y la pereza
en que nos complacemos?
¡Eh, fámulo! Tráeme vino, temblando estoy.
¡Este mundo está helado! ¡Yo lo inflamaré!
¡He ahí la tarea que sólo puede, en esta
cobarde época, sacarme del fango y estimularme!
Lucifer trae vino. Adán empieza a beber y así seguirá haciendo hasta el final del cuadro.
¡Cielo infinito, ábreme tu gran Libro
misterioso! ¡Que yo pueda adivinar
una de tus leyes, y así, olvidaré esta época
y todo cuanto aquí me rodea!
¡Tan sólo tú eres eterno! Tu sólo me elevas,
el resto es perecedero y me rebaja.

3. CORTESANO
¡Si pudieras ser mía, Bárbara!
Si Dios quisiera llamar a tu marido
para que comprenda los secretos del cielo,
a él que tan sólo tuvo ojos para las nubes…

EVA
¡Chitón, caballero!
¡Serían tantas lágrimas,
que nunca jamás podría besarte!

3. CORTESANO
¿Bromeas?

EVA
No. Es la verdad.

3. CORTESANO
¿Qué hombre podría comprender esto?
¡Bárbara, tú no me amas de veras!
¿Qué harías por mí si me viera
pobre o exiliado?

EVA
A fe mía que no lo sé.

ADÁN
Que llegue el tiempo que al fin haga fundirse
la indiferencia y la molicie, y que henchido yo
de una fuerza nueva, tenga el arrojo
de lanzar en la Nada de los desechos
veleidades, frivolidades y vejeces.
Un tiempo que juzgue, exhorte o recompense
y, si es necesario, que castigue severamente.
(Adán se levanta y llega, haciendo eses, a la terraza del observatorio.)
Un tiempo que miedo no tenga
a los grandes recursos ni a clamar
por el vocablo soberano hasta el presente desterrado.
¡Aunque para ello, una mañana,
esa palabra irresistible, formidable,
precipitándose por la ruta del Destino
como una avalancha, lo aplaste todo,
incluso a quien la hubiera lanzado!
Se escucha la tonada de la Marsellesa.
¡Ah, lo oigo, el canto del porvenir!
¡Ya hallé la palabra prestigiosa,
el talismán que va a rejuvenecerte,
oh vieja tierra, bajo los cielos aterida!

 
 

CUADRO NOVENO • EN PARÍS

El decorado se transforma súbitamente para representar la plaza de Grève. La terraza y el balcón son ahora el cadalso; la mesa es la guillotina. Adán, que de Kepler se ha cambiado en Dantón, arenga, desde lo alto del cadalso, a una multitud frenética. Junto a la guillotina se ve a Lucifer con traza de verdugo. Una tropa de voluntarios en harapos, precedida de un tambor, entra en escena y se coloca al pie del cadalso. A pleno sol.

ADÁN (como si continuara la tirada de Kepler)
¡Libertad! ¡Igualdad! ¡Fraternidad!

LA MULTITUD
¡O la muerte para quien ose
rechazar esta inmortal divisa!
¡Que los traidores lo tengan muy presente!

ADÁN
¡Sí, que ésos mueran! La gran idea
es atacada por doquier. Será salvada
por dos gritos: lanzo el primero
a los ciudadanos que aman su patria;
“¡La Patria está en peligro!” El segundo
cabe en una palabra que iremos a rugir
en la cara de los criminales: “¡Temblad!”
Temblarán y perecerán. ¿Que los reyes
han marchado contra nosotros?
¡Pues les hemos lanzado a la cabeza,
la de nuestro rey!
¿Que los curas, esos falsos apóstoles,
han querido atacarnos? Pues les hemos
arrebatado el rayo de sus manos y, sobre su trono,
restablecido la Razón, perseguida
desde tiempos inmemoriales.
Mas nuestro llamamiento a los ciudadanos leales
no ha sido en vano:
once de nuestros ejércitos
están en las fronteras.
¡Por cada soldado caído, cien voluntarios
son aportados por la juventud heroica!
¿Dicen que una sanguinaria locura
diezmaría a nuestra Francia sagrada?
¿Quién osaría pretenderlo? Del metal en fusión
se separa la escoria, y lo que resta
carece de impurezas. Por lo demás,
- ya que era fatal -
si hemos tenido que derramar sangre,
preferimos que se nos trate de monstruos
con tal de que la Patria sea libre y grande.

LOS RECLUTAS
¡Ah, que tan sólo nos den armas!
¡Armas y un jefe!

ADÁN
¡Bravos muchachos!
Tan sólo queréis armas… Sin embargo,
sufrís mil privaciones,
andáis descalzos, andáis harapientos,
¡pero sabréis tomar, a la bayoneta,
todo cuanto necesitáis, oh nobles cabezas,
pues venceréis! ¡El pueblo es invencible!
Un general que se ha dejado derrotar
acaba de pagar aquí mismo su crimen.
Mirad su sangre sobre el cadalso.

LA MULTITUD
¡Traidor!

ADÁN
¡Sí, ésa es la palabra! Amigos, la sangre del Pueblo
es su único bien. Para salvar a la Patria,
él la prodiga. ¡Y aquél que dispone
de tal tesoro de guerra no es más que un traidor
si con él se confiesa incapaz
de conquistar el mundo!
Un oficial sale de las filas de los reclutas.

EL OFICIAL
Ciudadano,
dame la plaza de ese culpable.
¡Yo me encargaré de borrar ese oprobio!

ADÁN
Laudable es tu seguridad, amigo;
mas para sostener tu palabra,
necesitarías experiencia.
Ve, pues, a adquirirla en el combate.

EL OFICIAL
¡La certidumbre de mi victoria
está en mi corazón! Y además,
aquí está mi cabeza como prenda.
¡Ella vale por la que acaba de caer!

ADÁN
Si lo exigiera,
¿quién puede probar que tú la traerás?

EL OFICIAL
¡Yo mismo, que me burlo de la vida!

ADÁN
La juventud no tiene esos pensamientos.

EL OFICIAL
Una vez más, ciudadano, insisto:
dame ese mando.

ADÁN
¡Ea, paciencia! ¡Y alcanzarás tu propósito!

EL OFICIAL
¿Desconfías de mí? ¡Sea! Aprende entonces
a colocarme más alto en tu estima.
Se salta la tapa de los sesos.

ADÁN
¡Ah, qué lástima!
Habría merecido una bala enemiga…
Llévenselo.
Adiós, amigos míos. Los espero
después de nuestra victoria.
Los reclutas se alejan marcando el paso.
¡Ah, me gustaría compartir vuestra suerte!
Ay, mi destino no es la gloria y la
muerte heroica en el campo de batalla.
¡Es la lucha oscura contra aquéllos
cuyas intrigas ponen a Francia
y a mí mismo en peligro!

LA MULTITUD
¡Muéstranoslos, los mataremos!

ADÁN
Todos los que os he mostrado
ya están muertos…

LA MULTITUD
¿Y los sospechosos?
De ahora en adelante son culpables.
¡El pueblo no se equivoca con ellos!
¡Es infalible! ¡Hay que matarlos a todos!
¡Mueran, mueran los aristócratas!
Vayamos a las prisiones. ¡Hagamos cumplir
la sagrada justicia del Pueblo!
La multitud se dirige hacia las prisiones.

ADÁN
¡No! El peligro no está en las prisiones.
De éstas, los cerrojos son sólidos
y el aire que en ellas se respira es mortal:
dejen que haga su obra, el aire trabaja
para vosotros.
¡En los bancos de la Convención es donde,
entre befas, la traición afila sus puñales!

LA MULTITUD
¡A los convencionales los depuraremos!
¡Mientras tanto marchemos a las prisiones
a adiestrarnos!
En el ínterin, Dantón, haz redactar
una lista de traidores…
La multitud se aleja. Unos descamisados llevan al cadalso a un joven marqués y a su hermana, que resulta ser Eva.

UN DESCAMISADO
Ciudadano,
te traemos a estos dos aristócratas.
Esa ropa fina, esa orgullosa cara
atestiguan su crimen.

ADÁN
¡Ah, qué noble pareja!
Acercaos, jóvenes.

EL DESCAMISADO
Nuestros camaradas se nos han
adelantado. ¡Corramos a alcanzarlos!
Trabajo no falta. ¡Todos los traidores
irán a la guillotina!
Se alejan. Los jóvenes suben al cadalso, en torno al cual sólo han quedado unos guardias.

ADÁN
No comprendo qué simpatía me lleva
hacia vosotros. Os salvaré, aunque para ello
deba arriesgar mi vida…

EL MARQUÉS
¿Para qué, Dantón?
Si, como se dice, somos culpables,
entonces tú mismo traicionas a la Patria
al perdonarnos. ¡Si nuestra inocencia
a tus ojos salta, malhaya tu clemencia!
No la queremos.

ADÁN
¿Eh, quién eres, pues, para atreverte
a hablarle así a Dantón?

EL MARQUÉS
Soy marqués.

ADÁN
Cállate.
¿No sabes que ya no hay más que un título?
¿El de ciudadano?

EL MARQUÉS
¡Que yo sepa, mi Rey no ha abolido los títulos!

ADÁN
¡No sigas, desdichado! Pudieran oírte… Mira:
esta misma máquina está al acecho…
Óyeme: entra en nuestros ejércitos,
allí harás una linda carrera.

EL MARQUÉS
¡No, porque mi Rey no puede autorizarme
a servir en un ejército extranjero!

ADÁN
En ese caso morirás.

EL MARQUÉS
Tal cosa dará, al servicio del Rey,
un muerto más en mi larga estirpe.

ADÁN
¿Por qué corres ciegamente hacia la muerte?

EL MARQUÉS
¡Cómo! ¿Ese derecho tan sólo os estaría
reservado a vosotros, hombres del pueblo?

ADÁN
¡Pretendes desafiarme! Pues bien, a pesar tuyo,
te salvaré… Cuando se hayan calmado las pasiones,
gracias me serán dadas por haber perdonado al hombre
que tú eres.
(Se dirige a los guardias nacionales.)
Llevadlo a mi casa con buena escolta.
Guardias, me respondéis de su vida.
Los guardias se llevan al marqués.

EVA
¡Sé fuerte, hermano mío!

EL MARQUÉS
Que Dios te proteja, hermanita…

EVA
Mi cabeza bien vale la de Madame Roland.

ADÁN
¡Qué amargas palabras en tan tiernos labios!

EVA
¿Pudiera merecerlas más dulces el cadalso?

ADÁN
Esta máquina monstruosa es todo mi universo…
y súbitamente un trozo del Cielo, con tu paso,
en ella se posó, cual santo templo
donde estoy encerrado.

EVA
Antaño los sacerdotes no bromeaban,
las bestias que llevaban al sacrificio,
cubiertas de guirnaldas…

ADÁN
¡Ah, soy yo quien va al sacrificio!
Sienten celos de mi poderío
y yo estoy sin alegría.
¿La vida? ¿La muerte? Una y otra me inspiran
igual desprecio, igual asco.
Este trono real desde el cual veo rodar
cabezas y más cabezas a diario,
lo contemplo esperando mi turno.
Estoy solo, terriblemente solo,
en medio de toda esta sangre, y anhelo
con toda mi alma descubrir el amor.
Oh, mujer, si pudieras, tan sólo un día,
enseñarme esa ciencia celeste,
¡desde mañana iría gozosamente
a ofrecer yo mismo mi cuello a la cuchilla!

EVA
¿Puedes ciertamente en este horrible mundo
aspirar al amor?
¿No se estremece tu conciencia?

ADÁN
¡La conciencia!…
Eso atormenta al vulgo… ¿Pero el hombre
que lleva el destino puede emplear el tiempo
en mirar hacia atrás?
¿La tempestad se detiene para respetar
a una frágil rosa?
¿Y quién puede permitirse juzgar
al que se consagra a la cosa pública?
¿Puede dársele nombre al hilo secreto
que hizo obrar a Bruto, a Catilina?
Al hombre en que están puestos
todos los ojos,
es gran error verlo como a un dios:
un hombre sigue siendo, con los mil desvelos
de su condición… Sí, los que reinan poseen,
ellos también, un corazón que late.
César - si amado fue - para su amante no era
más que un buen muchacho al que ella amaba…
¡Acaso jamás supo que el universo
al solo nombre de César temblaba de pavor!
Y si así fue, ¿por qué no podrías amarme?
¿No eres una mujer y yo un hombre?
Se pretende que el corazón, desde su nacimiento,
está destinado al odio o al amor.
El mío destinado te está desde siempre. Así lo siento…
¿Y tú misma no quieres comprender
de mis palabras el valor?

EVA
De ser ello posible, ¿qué resultaría?
Tu dios no es el mío.
Jamás podríamos entendernos el uno al otro.

ADÁN
¡Bah! ¡Tira al pasado ese ideal marchito!
¿Continuar haciendo sacrificios a dioses ya muertos?
¡Para una mujer, el único culto eterno
es el corazón!

EVA
Un altar abandonado puede tener sus mártires.
Con amor, piadosamente, velar sobre ruinas
es más noble, oh Dantón, que inclinar la cerviz
ante el nuevo régimen.
¿No es esto vocación de mujer?

ADÁN
Jamás nadie vio enternecerse a Dantón.
Todo el que hoy, ya fuere su amigo o su enemigo,
lo viera aquí sobre este cadalso,
con los ojos arrasados en lágrimas,
implorando el amor de una doncella,
profetizaría la inminente caída
de este hombre que el destino lanzó
como un huracán para lavar al mundo.
Se reirían de mí y ya no espantaría a nadie…
¡Oh, mujer, pese a ello,
de ti imploro un destello de esperanza!

EVA
Tal vez un día, en la paz del sepulcro,
cuando tu alma haya podido lavarse
de este ensangrentado cieno…

ADÁN
Ah, muchacha ¡cállate!
No creo en el otro mundo.
Sin esperanza es como el destino arrostro.
Violenta, ruidosa, la multitud vuelve, blandiendo armas tintas en sangre y cabezas cortadas. Algunos hombres suben al cadalso.

LA MULTITUD
¡Hemos hecho justicia! ¡Qué ralea
insolente y vanidosa esos nobles!

UN DESCAMISADO (le tiende una sortija a Dantón.)
Toma esta sortija y ponla en el altar
de la Patria. Fue uno de esos infames
el que me la puso en la mano, ¡pensando
que mi cuchillo no lo degollaría!
¡Nos toman por bandidos!
(Se vuelve hacia Eva.)
¿Y tú? ¿Vives todavía?
¡Pues vete a reunirte con tu hermano!
La apuñala. Cae muerta detrás del cadalso. Horrorizado, Adán se tapa los ojos.

ADÁN
¡Su vida acabó! ¡Oh! ¿Quién pudiera vencerte,
Fatalidad?

LA MULTITUD
¡Y ahora, vayamos a la Convención!
¡Condúcenos, ciudadano!
¿Ya preparaste la lista de los traidores?
Los que habían subido al cadalso bajan. De la multitud se separa una mujer en harapos, joven, ardiente, vulgar, que no es otra que una nueva encarnación de Eva. Con un puñal en una mano y una cabeza cortada en la otra, se precipita hacia Dantón.

EVA
¡Éste conspiraba contra ti!
¡Dantón, mira su cabeza!
¡Yo misma lo maté!

ADÁN
Si él podía desempeñar mi cargo mejor que yo,
has hecho mal, si no, ¡has hecho bien!

EVA
¡Estaba en lo cierto! Y quiero mi salario:
Dantón, ven a pasar la noche conmigo…

ADÁN
¿Qué amor puede ofrecer una tigresa?
¿Qué sentimiento puede anidarse en su seno?

EVA
¡Hablas como un aristócrata!
¡O es que la fiebre te hace delirar!
Eres un hombre, yo soy mujer y joven…
¡Si a ti me ofrezco es porque te admiro!

ADÁN
Ah, ese parecido… ¿Será posible?
Soy presa de un terrible espejismo.
Quien al ángel conoció antes de su caída
y vuelve a verlo bajo su forma infernal
puede, siquiera, imaginar lo que siento:
¡Son las mismas facciones, la misma voz!
¡No obstante, la diferencia es total!
Ah, no pude poseer a la primera,
de una santa aureola preservada…
Y ésta de modo tal a infierno apesta
que acercármele no puedo sin asco.

EVA
¿Qué mascullas, ciudadano?

ADÁN
Calculo, ciudadana, que me quedan
muchas menos noches por pasar
que enemigos le quedan a la Libertad…

LA MULTITUD
¡En camino, hacia la Convención!
¡El nombre de los traidores!
Robespierre, Saint-Just y otros convencionales, escoltados por una nueva oleada de pueblo, llegan y suben a un estrado improvisado.

SAINT-JUST
¿Comó os lo daría él?
¡Si él es el jefe de los traidores!
La multitud ruge.

ADÁN
¿Osas acusarme, Saint-Just?
¿Olvidas mi poderío?

SAINT-JUST
¡Al pueblo se lo debes!
Mas el pueblo es avisado;
ha sabido calarte y hará suya
la sentencia de la Convención.

ADÁN
No quiero otro juez que el pueblo
y me consta que sigue siendo mi amigo.
Nuevos rugidos en la multitud.

SAINT-JUST
¡No puedes tener otros amigos
que los traidores!
El pueblo soberano se dispone a probarlo
y contra ti pronunciará su veredicto.
¡Te acuso de haber traicionado su causa,
de haber dilapidado los fondos públicos,
de haberte puesto de acuerdo con los nobles
y de querer, en fin, imponernos tu tiranía!

ADÁN
¡Ten cuidado, Saint-Just!
Tu acusación es una mentira.
¡Con sólo unas palabras podría fulminarte!

ROBESPIERRE
¡Ah, no lo escuchéis! ¡Mas haced callar
su lengua lisa y bífida de víbora!
¡Que se le detenga en nombre de la Libertad!

LA MULTITUD
¡No escuchéis al tirano! ¡Que lo maten!
Rodean a Dantón y se apoderan de él.

ADÁN
¡Sea! ¡No me escuchéis…! ¡Pero me niego
a oír las calumnias insanas
con que se me quiere aplastar!
Nunca habéis podido vencerme en la tribuna.
Aquí, deteniéndome, fracasáis igualmente.
Robespierre, tú no me has vencido:
¡tan sólo me ganaste la delantera!
¡Soy yo quien renuncia al combate!
Y lo echo a un lado.
Desde ahora, sábelo, te invito:
¡antes de tres meses tendrás mi mismo fin!
(Al verdugo)
Vamos, verdugo, arrea.
Vas a matar a un gigante: ¡sé ducho!
(Pone su cabeza bajo la cuchilla.)

 
 
 

CUADRO DÉCIMO • EN PRAGA

Rápidamente, el decorado cambia, vuelve a ser el del cuadro octavo. De nuevo Adán es Kepler. Lo vemos, de codos sobre la mesa, con la cabeza inclinada entre las manos y todavía dormido. Lucifer lo despierta tocándole en el hombro. El día comienza a despuntar.

LUCIFER
¡Bueno! Esta vez no te cortarán la cabeza…
Despierta…

ADÁN (incorporándose)
¿Dónde me encuentro?
¿Dónde están mis sueños?

LUCIFER
Los sueños se van con la borrachera…

ADÁN
En esta época indolente,
¿es posible que sólo la embriaguez
pueda dar la idea de grandeza
al corazón senil, al alma fatigada?
¡Ah, qué cuadro sublime se me ofreció
a la mirada! ¡Aquél que no ve
el divino destello en el cieno y la sangre
es un ciego! Parejamente sublimes
eran el crimen y la virtud,
ambos estaban marcados con el sello
de la grandeza.
¿Por qué me desperté? Tal vez
para que aún peor pueda aparecérseme
la futilidad del presente siglo
que sonríe sólo para ocultar sus vicios
y de la rutina hace una virtud…

LUCIFER
El abatimiento que sucede al éxito…
La hiel tras de la orgía…

EVA (saliendo del cenador)
¡Vete! ¡Vete!
Mi corazón no me había engañado: ¡osas
sugerirme que asesine a mi esposo!
¡He aquí de lo que crees capaz a la que decías
poner sobre todas las cosas!

EL CORTESANO
¡Por amor de Dios, vamos, cálmate!
Si nos oyeran…

ADÁN
¿Y esas dos mujeres? ¿También eran un sueño?
Mas qué digo: tan sólo había una,
que, alternativamente, tenía dos formas,
cambiando la una por la otra,
lo mismo que mi destino cambia de curso,
onda ora brillante y ora oscura…

EVA
¡Sólo el escándalo te causa pavor! ¡Qué importa
la falta, irreprochable caballero,
si no se la ve! Hombres viles,
os mofáis de los pudores de la mujer
al extremo de que ella ve un prejuicio
en la tradición de su virtud;
entonces ya tan sólo tenéis desprecio
para ella, y la tratáis como un objeto
del que obtenéis vuestro placer. ¡Vete!
¡Vete! ¡Que nunca más te vea!

EL CORTESANO
¡Siempre la exageración!
¿Por qué tomar a lo trágico una cosa tan simple?
Eso ocurre a diario. Vamos,
prosigamos viéndonos amablemente,
sonriendo y bromeando, ¿quieres?,
sin volver a hablar de lo pasado…
Buen día, señora…
(Se va.)

EVA
¡Al fin se fue ese perro!
Y sola me ha dejado con mis lágrimas y mi pecado…
(A su vez sale del jardín.)

ADÁN
Ah, no era más que un sueño…
Y se acabó. Mas todo no se ha acabado:
el espíritu sigue siendo más fuerte que la materia.
la fuerza a ésta puede destruir,
pero aquél vivo estará por siempre,
¡y yo veré, cada vez más puro, más digno,
mi ideal conquistando poco a poco
al mundo entero!

LUCIFER
Maestro, el día avanza;
allá tus alumnos están impacientes
por abrevar en tu ciencia.
Tona una campana instalada sobre el observatorio.

ADÁN
¡Vamos, no ridiculices mi pobre saber!
Yo mismo me avergüenzo de mi ignorancia.

LUCIFER
¿No instruyes a jóvenes brillantes?

ADÁN
No los instruyo. Les lleno la cabeza
de grandes palabras prestigiosas.
Faltos de suficiente inteligencia,
no comprenden nada, y se requiere
la inteligencia para saber discernir
lo verdadero de lo falso…
El ignorante nos admira boquiabierto,
persuadido de que nuestras bellas fórmulas
conjuran los espíritus, y no hablemos
de esas groseras artimañas, gracias a las cuales
nuestra superchería queda oculta…
Llega un estudiante y se acerca prontamente.

EL ESTUDIANTE
Maestro, te has dignado, en tu bondad,
venir a colmar mi apetito
de Conocimiento y, sólo por mí, ir
hasta el fondo del misterio de las cosas…

ADÁN
En efecto, ya que eres más aplicado
que los demás. Este favor te pertenecía.

EL ESTUDIANTE
Heme pues aquí, y mi alma se estremece
del deseo de ver claro en esa fragua
que es la naturaleza, y de poder
disfrutar gobernando a mi antojo las fuerzas,
ya sean ellas Materia o Espíritu.

ADÁN
¡Saber, Disfrute y Poder! ¡Ah, pides
demasiado! ¿Tú, ínfima partícula del universo,
tú quisieras dirigirlo?
Si tus deseos pudieran ser colmados
y si tu corazón no estuviera pulverizado,
¡entonces serías Dios! Pide menos,
y tal vez lo obtengas…

EL ESTUDIANTE
Oh, Maestro, enséñame solamente lo que quieras,
tus más simples palabras me servirán de mucho,
pues comprendo que no sé nada de nada.

ADÁN
Esa confesión me agrada y te honra.
Te llevaré al santuario más protegido
y allí podrás ver como la veo yo
a la verdad desnuda. ¿Estás seguro
de que nadie nos espía? La verdad,
si alguien llegase a saberla
y la lanzara a los hombres de la calle,
le sería mortal a la época que vivimos.
El día llegará - ¡ah, que llegue, que llegue! -
en que se podrá proclamar libremente.
¡En ese día el hombre será mayor de edad!
¡Júrame que jamás traicionarás
lo que voy a revelarte! Bien está.
Escúchame.

EL ESTUDIANTE
¡Ah, tiemblo de miedo y de deseo!

ADÁN
De modo que me decías…

EL ESTUDIANTE
Que en suma nada sé.

ADÁN (con precaución)
Yo tampoco. Y, sábelo bien,
ésa es la suerte de todos:
que nadie en este bajo mundo sabe
nada de nada.
La Filosofía es la poesía
con que disfrazamos el secreto de las cosas,
Sin embargo, sigue siendo para el hombre
la menos mala de las doctrinas, pues
para ella sola teje, aparte,
quiméricos bordados… Ay,
ella tiene numerosas rivales,
que muy gravemente dibujan en la arena
y quieren probarnos que el trazo recto
es un trazo curvo, y llaman santuario
a un simple círculo… No tardarás
en desternillarte ante esas comedias,
¡de las que ellas hacen dramas solemnes!
Con el corazón palpitante, con el alma angustiada,
cada cual se esfuerza por pasar de largo
de esos frágiles dibujos, pues en ellos
hay escondidas trampas para apoderarse
del temerario. ¡Y esa clase de tonterías
respetadas por la plebe nos cierran el camino
y garantizan el santo respeto
del poder establecido!

EL ESTUDIANTE
Ya veo… ¿Y siempre será así?

ADÁN
¡El día vendrá, ya te lo he dicho,
en que se reirá de todo eso!
El hombre de Estado al que se le decía grande,
el pensador ortodoxo del que se alababa
la infalibilidad, serán tenidos en el futuro
por comediantes.
Para entonces la verdadera grandeza
pertenecerá a la naturalidad, a la simplicidad,
que marchan rectamente,
que sólo saltan si tienen que franquear
un obstáculo imprevisto, y no trazan
nuevos caminos a no ser que los viejos se borren
o tengan que dirigirse a lo desconocido.
Y, ese día, la Ciencia, hirsuta, inextricable
al extremo de enloquecer al que pretende
penetrarla, cualquier hombre la comprenderá
sin tener que aprenderla.

EL ESTUDIANTE
¿Ese claro lenguaje no es el que emplearon
los primeros apóstoles?
¿Así, pues, todo será vano, lo que no sea esto?
Mas sin embargo, el arte… ¡Ah, no vayas a decirme
que no crea más en él, o que carece de leyes!

ADÁN
El arte mismo sólo es perfecto si oculta
los caminos que debió tomar.

EL ESTUDIANTE
¿Estoy, pues, reducido a la helada realidad?
¿Y el ideal? ¿No es el ideal lo que insufla
un alma a nuestro trabajo?

ADÁN
¡Es cierto! Es el ideal quien viene a dar
a esa fría y muerta criatura
que es obra de nuestras manos,
la plenitud vital y todos los derechos
de la naturaleza.
¡Si puedes, no temas igualarte a ésta!
Pero olvida la regla y el modelo…
Un hombre, si es fuerte, si Dios está con él,
será escultor, cantante u orador.
De sus pesares sacará desgarradores sollozos,
de sus placeres jubilosas sonrisas
y, aunque haya de abrirse su propio camino,
alcanzará, tenlo por cierto, su meta.
De su obra se extraerá, indudablemente,
después de su muerte, alguna nueva regla,
pero ésta no les dará alas a los pigmeos
que quieren inspirarse en ella;
más bien vendrá a entorpecerlos…

EL ESTUDIANTE
¡Dime qué hacer, oh Maestro!
Tantas noches he pasado estudiando…
¿Todo esto no sería más que devenir
tonto entre los tontos?
¿De modo que todo este trabajo se da por perdido?

ADÁN
¡En modo alguno!
Pues gracias a él es como puedes
de ahora en lo adelante desdeñar
todas las trampas de la Ciencia.
En efecto, es cobarde retroceder
si todavía no se ha mirado de frente
al peligro. Por eso el héroe
que ya hizo sus pruebas, puede evitar
al que lo desafía,
sin que por ello se dude de su valentía.
Ve y echa al fuego esos amarillentos pergaminos,
esos infolios enmohecidos
que nos hacen olvidar cómo avanzamos,
y hasta cómo pensamos, y que propagan
en nuestra época vicios y errores
de siglos extinguidos.
Échalos al fuego y después ve a respirar
el aire puro, en vez de buscar
en polvorientos escritos,
entre las tristes paredes de un cuarto,
lo que es el canto, cómo está hecha el ave,
o bien en qué consiste una selva.
¿Es la vida, a tu parecer, tan larga
que podamos - ¿y por qué no hasta la tumba? -
estudiar sin fin la teoría?
Adiós digamos ambos a la escuela.
¡Que tu florida juventud, entre canciones y sol,
te conduzca al júbilo!
Y a mí, ven a llevarme, oh oscuro espíritu,
ya que eres mi guía… Llévame
hacia el nuevo mundo feliz, que florecerá
si de un gran hombre comprende el ideal
y si, sobre los malditos escombros del pasado,
deja, libremente, expresarse el pensamiento.

 

CUADRO UNDÉCIMO • EN LONDRES

Una feria entre la Torre y el Támesis. Una multitud ruidosa y abigarrada. Adán, envejecido, se encuentra con Lucifer sobre una de las murallas de la Torre. Cae la noche.

EL CORO (mezclado al rumor del gentío y acompañado de una música en sordina)
La vida es rumoroso oleaje.
Cada ola es un nuevo mundo:
¿por qué dolerse de la que muere
y temblar por la que asciende?
Lo mismo te colma la angustia
cuando la plebe a un ser se traga
que cuando millones de humanos
son exterminados por un amo.
Al poeta hoy compadeces;
mañana, el sabio te enternece
y, dentro de sistemas restringidos,
todas las olas confinas.
Mas en vano te extenúas,
agua es lo que siempre sacas,
y la mar, majestuosamente,
siempre se encrespa, ríe e irisa…
Déjala hacer, que la vida,
créeme, de sus propias riberas,
ama por siempre será. Y nada
en este combate nuevo y sin edad,
y siempre el mismo, se pierde.
¡Escucha este embrujador concierto!

ADÁN
¡Alcanzo el objeto de mis eternas ansias!
Marchaba por un laberinto. Por fin
la vida se ofrece entera a mis ojos.
¡Cuán dulce es su canto! ¡Qué estimulante!

LUCIFER
Es bello cuando se escucha desde
las alturas, tal como un canto de iglesia
que asciende. Roncos acentos,
gemidos y suspiros, todo eso
se confunde en armonía. Así es como Dios mismo
lo escucha. Por eso piensa
que es buena su obra. Pero aquí abajo
la música es muy otra… Es que en ella
se percibe el latido de los corazones.

ADÁN
¡Ah, eterno escéptico!
¿No es cierto que este mundo es más bello
que todos los mundos en que juntos
antes estuvimos?
Las podridas barreras, los negros fantasmas
y las malditas trampas que el pasado
tiende al futuro bajo un disfraz de gloria,
de todo ello nada queda.
En adelante el hombre puede obrar a su antojo
inmensa y libre perspectiva se le abre.
¡Se acabó la época de las Pirámides
y de los esclavos!

LUCIFER
A tal altura,
nadie hubiera percibido por más tiempo en Egipto
las quejas de los esclavos, sin las cuales
esas obras te parecerían divinas.
Admite igualmente que, visto desde lo alto,
el crimen de los ciudadanos de Atenas,
sacrificando al más noble de entre ellos,
se justifica, ¡puesto que salvó a su ciudad!
Sí, vistas desde las alturas, las cosas son así,
cuando se desprecia los llantos de mujer y
demás tonterías.

ADÁN
¡Cállate, incorregible sofista!

LUCIFER
Cierto, hay aquí menos llantos y quejumbres.
¡Mas, por lo mismo mira cómo todo
se ha achatado!
¿Dónde están las cumbres? ¿Y dónde los abismos?
¿Dónde el suave colorido
de nuestra vida?
El flujo viril y luminoso de las olas
¡ya no es más que un bullente pantano de ranas!

ADÁN
Bien vale todo eso el bienestar de todos…

LUCIFER
También tú ves desde lo alto de una torre
esta vida que pasa y se mueve a tus pies.
Así la historia juzga al pasado;
tan sólo retiene el mágico canto,
y no oye los gemidos
ni el ronco hablar.

ADÁN
¡He ahí a Satanás que se vuelve romántico!
¿No será, acaso que se toma doctrinario?
¡En ambos casos eso sería un progreso!

LUCIFER (señalando la Torre)
¿Qué hay de sorprendente, posados como estamos
sobre un testigo de siglos ya cumplidos,
teniendo en torno nuestro a un nuevo mundo?

ADÁN
No quiero seguir en este observatorio.
Me sumergiré directamente de ese mundo en el seno,
sin temor a encontrar su oleaje vacío
de poesía y de nobles pensamientos.
Que éstos no vuelvan a perturbar la tierra
y el cenit en titánicos combates,
y harán así que el bien y la luz reinen
en un dominio más modesto.

LUCIFER
A este respecto, Adán, es vana tu aprensión,
pues, en tanto que exista la materia,
también subsistirá mi poderío
que es Negación y ha de vencer.
Pues mientras el hombre tenga
cerebro y corazón
y el orden establecido
lo avasalle en sus deseos,
veráse al poema y al ideal
decirle no a ese orden.
Pero bueno: ¿qué forma vamos a adoptar
para mezclarnos a esa multitud?
Este atavío sólo podemos mantenerlo aquí,
donde el pasado agita sus fantasmas.
En efecto, todavía están vestidos como en el cuadro precedente.

ADÁN
Adoptaremos la forma que quieras.
¡Qué importa! Gracias al destino,
ya no hay hombres superiores.
Si se quiere comprender lo que siente el Pueblo,
hay que descender hasta él.
Entran en la Torre. Pronto salen de ella por la puerta de abajo, vestidos como obreros de la época, y se unen al pueblo. Un exhibidor de marionetas discursea delante de su barraca. A su lado está amarrado un mono metido en un traje rojo.

EL EXHIBIDOR DE MARIONETAS
¡Vengan por aquí, señores!
¡Enseguida comenzaremos! ¡Entren! ¡Por aquí!
Nuestro espectáculo es muy divertido.
Van a ver cómo en los orígenes
la mujer fue engañada por la serpiente,
cuando ya la bella llevaba al hombre
por el narigón. Van a ver un mono
que imita hasta la saciedad
al hombre y a toda su dignidad.
¡En fin, un oso sabio que es profesor de danza!
¡Entren! ¡Entren!
¡Comienza el espectáculo!
El gentío se agolpa delante de la barraca.

LUCIFER
Adán, el hombre… ¡Aquí se habla de nosotros!
¡Tenemos por qué sentirnos orgullosos!
Piensa un poco: ¡han pasado seis mil años
y sin embargo seguimos divirtiendo a la juventud!

ADÁN
¡Dudosa diversión! Vayamos más allá…

LUCIFER
¿Dudosa? Antes bien mira cómo gozan
esos bravos mozos coloradotes que bostezaban
no hace aún una hora en la escuela,
sobre ese aburrido Cornelio Nepote.
Según tú, ¿quién tiene razón?: ¿los que entran
gallardamente en la vida, seguros de su
flamante fuerza, o los que salen de ella
con el cerebro extenuado?
¿Shakespeare te ofrece tanto placer
como el que esos mozos se procuran
con el espectáculo de una grotesca parodia?

ADÁN
¡Precisamente eso no puedo soportar: lo grotesco!

LUCIFER
¡Prejuicios! ¡Todavía
estás embarazado con lo griego!
En lo que a mí toca,
yo, que soy el padre o el hijo
- en el mundo de los espíritus es lo mismo -
de la nueva tendencia
que romántica llaman,
gusto lo grotesco.
Un hombre con rasgos simiescos,
un poco de lodo sobre la sublimidad,
un cilicio sobre el cuerpo de un perverso,
una puta que alaba la castidad,
un himno a la bajeza, a la ruindad,
la maldición de un libertino
contra los placeres de la carne,
he ahí lo que me encanta y un tanto me consuela
de la pérdida de mi reino.
¡Puesto que en todo esto,
soy yo quien resucita!

EL EXHIBIDOR DE MARIONETAS (tocando a Adán en el hombro)
¡Eh, ocupas el lugar de un espectador!
¡Entérate, hermoso, que aquél sólo
que harto está de la vida y va a ahorcarse
puede divertir gratuitamente a otro!
Adán y Lucifer se apartan. Llega una muchacha vendiendo violetas.

LA MUCHACHITA
¡Tiernas violetas! ¡Cómprenlas!
Son las mensajeras de la primavera.
Le dan de comer a la huérfana,
hasta un pobre puede comprarlas
y su fresco aderezo a todos les conviene.
¡Violetas! ¡Violetas!

UNA MADRE (comprando violetas)
Dámelas. Las pondré entre las manos
de mi niño muerto.

UNA MUCHACHA (lo mismo)
¡Estupendo, nada mejor
para ponerme en mi pelo negro!

LA MUCHACHITA
¡Caballeros, damas! ¡Compradme! ¡Violetas!
(Se aleja.)

UN JOYERO (en su tienda)
¡Maldita ocurrencia!
Y que no sea posible hacer
que pase la afición a esas vulgares flores…
El único ornamento adecuado
a un lindo cuello son, sin embargo,
las perlas, que hay que arrancar
a los monstruos, ¡desafiando la muerte
en el fondo de los mares!
Dos muchachas de la burguesia se acercan a su tienda.

MUCHACHA PRIMERA
¡Qué bella seda! ¡Cuán maravillosas joyas!

MUCHACHA SEGUNDA
¡Si alguien nos las ofreciera, qué ocasión!

MUCHACHA PRIMERA
¡Los hombres, ya lo sabes, no hacen hoy
tales regalos sino para poseer a la joven!

MUCHACHA SEGUNDA
¡Ni siquiera eso! El caviar y las putas
les han echado a perder el gusto…

MUCHACHA PRIMERA
Por eso nadie nos mira.
Son muy orgullosos.

MUCHACHA SEGUNDA
Diría más bien que son tímidos…
Se alejan. En un umbrío merendero unos obreros están sentados a la mesa; están manifiestamente borrachos y discuten con lengua un tanto pastosa. En torno a ellos, otros beben, pasean, se divierten y bailan. Allí hay soldados, burgueses, prostitutas, etc. El mesonero perora en medio de su clientela.

EL MESONERO
¡Haya alegría, vamos, amigos míos!
Ayer se fue, ¿y quién puede estar seguro
de que mañana vendrá? El Señor alimenta
a las avecillas. Todo lo demás es vano
¡Eso nos dicen las Santas Escrituras!

LUCIFER
¡Cuánto sentido común en esa filosofía!
Sentémonos sobre este banco, a la sombra,
para ver a esas gentes atiborrarse
de ácida aguachirle y de imbecilidades…

1. OBRERO (delante de la mesa)
¡Es el diablo quien hizo las máquinas!
¡Nos quitan el pan de la boca!

2.° OBRERO
Con tal que bebamos, nos consolaremos…

1. OBRERO
¿Y los ricachos? ¡Sanguijuelas, te digo!
¡Si agarrara a uno de ellos!
¡Hacen falta ejemplos como el de días pasados!

3. OBRERO
¿Lo crees?
El que hizo ese ejemplo,
¡será ahorcado!
Y nuestra miseria en nada ha cambiado…

4.° OBRERO
¡Basta de estupideces!
¡Si aquí viniese un rico,
mal no le haría! ¿Para qué?
Le diría que se sentara conmigo
¡y ya veríamos cual de los dos
sabe beber y divertirse de lo lindo!

EL MESONERO (dirigiéndose a Adán)
¿Para vosotros, señores?

ADÁN
Nada.

EL MESONERO
Entonces, largaos. ¿Qué creéis?
¿Que me robo mi dinero? ¿Que mi mujer
y mis hijos deben mendigar su pan?

ADÁN (levantándose)
¿Es ése modo de hablarme?

LUCIFER
Vamos, ven; deja a ese buitre.

ADÁN
Llevas razón.
¿Por qué perder tiempo en ver envilecerse
a un hombre? Vámonos.

LUCIFER
Ah, mira:
Ahí está lo que buscaba: vamos a poder
divertirnos a nuestras anchas.
¡Qué batahola y qué risas salvajes!
Los vapores del vino colorean las caras
como el sueño imprime a la miseria
una máscara de felicidad. Es maravilloso.

ADÁN
A mí, todo eso me da náuseas.
Se acercan a los que bailan. Dos mendigos se pelean.

1. MENDIGO
¡Éste es mi puesto!
¡Aquí está mi permiso!

2.° MENDIGO
Me muero de hambre.
Estoy sin trabajo desde hace dos semanas.

1. MENDIGO
¿Trabajas? Entonces está demostrado
que no eres un verdadero mendigo.
¡Vete, o llamo a un policía!
Se dirige a Adán y a Lucifer, en tanto que el otro mendigo abandona el lugar.
Mis buenos señores,
por las llagas de Cristo,
dadme una limosna.
Un soldado arrebata a un artesano la joven con que está bailando.

EL SOLDADO
¡Quítate de ahí, palurdo!
¿Te tomas por alguien?

1. ARTESANO
¡Sí! ¡Y lo vas a sentir!

2.° ARTESANO
Quédate tranquilo y cédele el puesto,
tiene de su parte el poder y la gloria.

1. ARTESANO
¡No necesita despreciarnos!
¿Que nos chupe la sangre no es bastante?

UNA PROSTITUTA (cantando)
Para adueñarse de las manzanas de oro
antaño el hombre tenía que afrontar
los colmillos de los dragones.
Hoy los dragones están muertos
y sigue habiendo manzanas,
quien no las coja es un bobo.
Le hace una caricia a un joven que pasa.

LUCIFER (mira con interés cómo se divierte la gente)
¡Seductora coquetería! ¡Bien está
que el rico a todos muestra sus tesoros!
Pues el cofre en que un piojoso se sienta
no sabemos si está lleno de arena o de oro.
Así, pues, ¡mira cómo ese palurdo hace gracias
para merecer una mirada de la joven!
¿No es cierto que es conmovedor? Se mofa
de saber que otro la tendrá tras él,
mas sabe el precio de la hora que pasa…

ADÁN (a un músico)
¿Por qué malogras tu talento, amigo?
¿Te gusta lo que estás tocando?

EL MÚSICO
¿Que si me gusta? ¡Diría que esto me tortura!
Esas horribles tonadas que a las gentes encantan,
hasta en mi sueño las sigo escuchando…
Pero, qué quieres, tengo que comer…

LUCIFER
¡Digan lo que digan, la juventud es capaz
de una sabia prevención! Hay en ella
toda una filosofía.
Esta bella joven sabe de sobra que en la vida
gustará de otros placeres…
Por eso mientras un mozo la besa,
a sus espaldas busca la mirada
del nuevo amante que en breve posea.
¡Amados hijos, que por mi gloria trabajáis,
cuántas alegrías no me causáis!
¡Mi bendíción os doy!
¡Que ella os valga miseria y pecado!

2.° ARTESANO (canta)
Murió la semana.
¡Que vivan el buen vino
y las chicas complacientes!
Que el diablo me lleve:
¡todo esto es divino!
Se oyen los últimos acordes de una música religiosa. Los fieles salen de la iglesia. Entre otros una joven de la burguesía (es Eva), que lleva un misal y un ramillete de flores. Su madre la acompaña.

UN MERCADER
Entre en mi tienda, mi bella señorita.
Tengo maravillas. Y todo muy barato.

2.° MERCADER
¡Bah! ¡No tiene más que vejeces!
¡Y además, es un contrabandista!
Será mejor que vea mi tienda…

ADÁN (atraído por la belleza de la joven)
Ah, Lucifer, me haces perder el tiempo
en tonterías y en estos lugares
repugnantes, mientras pasa
la perfección hecha mujer…
¡Y decir que hubiera podido no verla!
Mira…

LUCIFER
Tan sólo veo una encantadora muchacha…

ADÁN
¡Qué belleza! Sale de la iglesia.

LUCIFER
Allá fue a exhibirse. O tal vez a mirar…

ADÁN
¡Ah, nada de ironías!
¿Acaso no es el recogimiento en persona?

LUCIFER
¿Te habrás convertido al pietismo?

ADÁN
Cállate. Mi corazón es tan frío que me daña.
Pero eso es asunto mío y no me impide
desear que en esa muchacha
aún quede sitio para la música,
la santa poesía, el suave colorido
de las inocentes flores de antaño,
aun cuando todo eso deba recibir
el nombre de prejuicio.

LUCIFER
¡Muéstrame con mayor nitidez ese fragmento
de paraíso! No esperes siempre del Diablo
que adivine el objeto de tu anhelo.
Ya es bastante que te haga disfrutarlo…

ADÁN
Ah, ¿qué otra mujer cual ésta encarnaría al cielo?

LUCIFER
Me haces reír:
Eres como el pájaro carpintero que paladea
el gusano que acaba de atrapar.
Mira recelosamente en torno suyo,
seguro de haber encontrado la mejor pitanza
que haya en el mundo, en tanto que la paloma torcaz
tiene aseo de los gusanos…
Lo mismo es en el hombre:
el paraíso de uno es el infierno de otro.

ADÁN
¡Qué nobleza y qué majestad!
Ni siquiera osaría acercarme a ella.

LUCIFER
¡No eres un novato! ¡Vamos, valor!
Tal vez está en venta… Obsérvala.

ADÁN
¡Cállate!

LUCIFER
¡Vaya, es como las otras!
Acaso un tanto más cara…
Un joven aborda tímidamente a Eva y le ofrece un pan de gloria acorazonado.

EL JOVEN
Le ruego que acepte este presente, señorita.

EVA
Un corazón… ¡Oh, qué lindo…! ¡Gracias, Arturo!

LA MADRE
Hace muchísimo que no le vemos…
¿Por qué no ha vuelto a visitarnos?
Conversan en voz baja. Adán los mira irritado. Luego el joven se aleja.

ADÁN
¿Ese petimetre podría rápidamente
y sin esfuerzo obtener ese tesoro
que mi corazón de hombre desea en vano?
Cómo le habla ella gentilmente… Mira:
ahora le hace una seña…
¡No puedo más! ¡Tengo que hablarle!
(Se acerca a Eva.)

LA MADRE
Sus padres son acaudalados,
pero no sé cómo verán
que te corteje. De modo que sería prudente
no desalentar del todo
al que te envió ese ramillete.

ADÁN (decidiéndose a abordar a Eva y a su madre)
¿Puedo acompañaros, bellas damas?
En tal gentío os pueden atropellar.

EVA
¡Insolente!

LA MADRE
¡Desvergonzado! ¿Toma usted a mi hija
por una de esas coquetas
que el recién llegado puede abordar?

ADÁN
Sólo quiero decirle respetuosamente
mi admiración. En todos mis sueños,
bajo sus rasgos se me apareció siempre
la mujer ideal.

LA MADRE
Sueñe lo que le venga en gana;
¡pero sepa que la belleza de mi hija
no es para un libertino de su calaña!
Adán no dice esta boca es mía. Una gitana se acerca a Eva.

LA GITANA
¡Enseñadme vuestra mano, perla del mundo!
Os diré cómo vuestra existencia
será recamada con las gracias del cielo.
(Eva le tiende su mano.)
¡Oh, cuán apuesto prometido!
Los esposales se acercan…
Veo hijos bellos, y ahí dinero…
Pues sí, es seguro:
¡seréis rica! Y salud veo.
(Coge el dinero que Eva le da.)

LUCIFER (a la gitana)
Pues entonces mira la mano de mi amigo.
¿Qué ves en ella?

LA GITANA (examinando rápidamente la mano de Adán)
No está muy claro:
¡el hambre o la soga del ahorcado!

ADÁN (a Eva)
No me rechaces…
Siento que tu corazón ha sido hecho
para el mío.

EVA
Madre, impídele…

LA MADRE
¡Lárguese! ¡O llamo a la policía!

EVA
No hay por qué. Va a dejarme tranquila…
Después de todo no ha hecho nada grave…
Ambas mujeres se alejan.

ADÁN
Oh, Poesía, ¿abandonaste este mundo prosaico?

LUCIFER
Pues no: ese pan de gloria, ese ramillete,
ese cenador y esas gentes que bailan,
¡todavía son cosas poéticas!
No te hagas el exquisito.
Por doquier hay pretexto a ensoñaciones para ti.

ADÁN
¿De qué valen si todo sólo sirve
para ocultar la avidez, el egoísmo?
¿Si ya nada hay de noble y elevado?

LUCIFER
¡Error! Todo eso subsiste. Lo encuentras
en la escuela, donde las reglas de la vida
aún no han hecho estragos. Toma, mira
a esos alegres tarambanas…
Le señala a un grupo de estudiantes.

1. ESTUDIANTE
¡Divirtámonos! ¡Vamos, muchachos!
¡Qué buena es la libertad!
¡Se acabó la corrupción! ¿Eh, amigos,
qué decidimos? ¿Qué se les ocurre?

2.° ESTUDIANTE
Vamos a la campiña. Estoy harto
de la ciudad, del orden, de los mercaderes…

3. ESTUDIANTE
¿No podríamos provocar a alguien?
¡Es cosa divertida y viril!

1. ESTUDIANTE
Quitémosles sus compañeras a esos mercenarios.
Seguro que habrá gresca…
Luego iremos a tomar cerveza,
con las muchachas, allá donde habitan
esos limosneros.
¡Con un poco de música y el recuerdo
de nuestra victoria,
nos sentiremos como príncipes entre esos cariborrachos
hasta que llegue la noche!

4.° ESTUDIANTE
¡Bravo! ¡Hagamos la guerra a los rastacueros!

1. ESTUDIANTE
¡Y que eso nos una todavía más!
Divirtámonos mientras podamos,
hasta que, luchando por la Patria,
nuestro ardor encuentre un designio
más digno de ella.
(Se alejan.)

ADÁN
Ah, he ahí algo que me reconforta
después de tanta vulgaridad.
Se siente el germen de un futuro mejor.

LUCIFER
Veamos un poco en qué se convierte
ese germen después de la escuela.
(Señala a dos señores importantes que conversan caminando.)
Esos jefes de industria en sus verdes años
a esos estudiantes fueron parecidos.

1. INDUSTRIAL
Esta condenada competencia me mata.
Todos se dan a vender más barato.
Tengo que reducir la calidad.

2.° INDUSTRIAL
¡Lo que hay que rebajar son los salarios!

1. INDUSTRIAL
¡Imposible! Esos perros obreros gruñen.
Dicen que pasan hambre.
Tal vez hay algo de verdad en sus quejas,
mas ¿quién les mandó casarse?
¿Y a qué viene tener tantos hijos?

2.° INDUSTRIAL
¡Yo te digo que hay que apretarles
los tornillos!
Hagámosles trabajar hasta media noche;
que con la otra mitad de la noche les baste.
¡Será mejor que sueñen menos!
(Se alejan.)

ADÁN
¡Ah, que se larguen!
¡A santo de qué tenías que mostrármelos!
¿Y dónde se metió la muchacha?
Lucifer, puedes dar pruebas de tu poder:
haz que me escuche.

LUCIFER
¿Cómo? ¿Derrochar mi poder por una nadería?

ADÁN
Lo que es nada para ti, para mí es un mundo.

LUCIFER
¿Deseas verdaderamente a esa joven?
¡Pues tómala!
Mas para ello aprende a moderar tu ardor
y no tengas miedo de mentir.
De acuerdo con lo que te diga
acomoda la respuesta.
(Prosigue, alzando la voz para ser oído de la gitana que los espía.)
¿Ah, milord, no tenía razón?
Maldita idea estos disfraces.
La plebe nos atropella y nos insulta.
Si esas gentes supieran, milord,
que hoy llegarán al puerto
nuestros cuatro barcos que vienen de las Indias,
¡nos acogerían de muy distinto modo!

ADÁN
¡Por supuesto!

LA GITANA (aparte)
Eso es algo que vale el peso en oro…
(Se dirige a Adán.)
Os predije la horca o el hambre…
Como comprenderéis, eso dije tan sólo
para a prueba poneros…
Vuestro disfraz no puede confundirme.
Sé quién sois: no en vano
amiga soy del Diablo…

LUCIFER (aparte)
¿Tú? ¡A otro perro con ese hueso, cáncamo!

LA GITANA
Lo adivino todo. Escuchad: vuestros navíos
estarán hoy mismo en el puerto.
Y os puedo decir algo más:
una linda muchacha suspira por vos…

ADÁN
¿Cómo tocar su corazón?

LA GITANA
Vuestro es.

ADÁN
¡Me esquivó!

LA GITANA
¡Para daros celos!
En un instante volverá aquí.
Acordáos de que os lo predije…
(Se aleja.)

ADÁN
¡Lucifer, esta bruja es más fuerte que tú!

LUCIFER
Reconozco su mérito.
¡En este momento es acólito del Diablo!
A la plaza llega un charlatán montado en una carreta. Toca la trompeta para llamar la atención de los mirones y éstos lo rodean.

EL CHARLATÁN
¡Calle! ¡Calle! Respeten
mis cabellos encanecidos
en el austero estudio de la Naturaleza…

ADÁN
¿Eh, quién es?

LUCIFER
Un charlatán… Para vivir necesita
de ese oficio…
¡que tú mismo hiciste cuando eras sabio!
Mas hoy eso requiere un poco más de ruido.

ADÁN
¡Pero jamás llegué a tales extremos!
¡Ah, qué vergüenza!

LUCIFER
Es que ese hombre animoso
no quiere que se ponga sobre su tumba:
“Ex gratia speciali
Mortuus in hospitali”.
Él, que tanto se sacrificó, noche y día,
por los demás, quiere una recompensa…

EL CHARLATÁN
He trabajado por la humana felicidad
y la coronación de mis esfuerzos
os entrego. Está en este frasco.
¡Es el elixir de vida, que hace fuertes
al enfermo y al anciano! ¡De él
antaño los faraones se servían;
es el filtro de Tancredo, el ungüento
de Helena la troyana y es también
de Kepler la famosa astrología!

ADÁN
¡Y es eso lo que vende! Esa edad de oro
que buscábamos en los siglos venideros,
él la fue a buscar a los pasados siglos.

LUCIFER
¡Al presente nadie le encuentra atractivo!
Es lo mismo que un gran hombre en gorro de dormir,
o una vieja esposa de la que sabemos
cuántas pecas tiene…

EL CHARLATÁN
¡Compradme este mágico elíxir!
¡No perdáis la oportunidad!
¡Ocasión única!

LA MULTITUD
¡A mí!… Por aqui… Todo lo he intentado…
Maestro, por favor… ¡Gracias! ¡Qué suerte!

LUCIFER
Ya la gente no cree en nada… ¡Sin embargo
se lanzan sobre todo cuanto
les parece maravilloso!
Eva vuelve con su madre. La gitana le habla al oído.

EVA
Vete. No creo en tus fruslerías.

LA GITANA
Que me condene si no digo la verdad:
este señor, que tiene el oro a espuertas,
se ha enamorado de vos, al extremo
de querer que seáis sin espera su querida.
Os instalará como una duquesa.
¡Tendréis coche con cuatro caballos
para ir al baile o a la ópera!

LA MADRE
Pensándolo bien, mejor sería
que una monótona vida de ama de casa
en la mugrienta tienda de un zapatero…

LA GITANA
Mirad cómo os busca…

EVA
No está mal, tiene buen porte y manos finas.

LA MADRE
A mí no me disgusta su compañero,
pese a que tiene un tanto torcida la pierna
y ganchuda la nariz… Es un hombre maduro,
digno y respetable.
Bueno, me voy: tú arreglarás mucho mejor
tus cosas…

LA GITANA (a Adán)
Hela aquí. Otra cosa que vos no tiene
en su cabeza.

ADÁN
¡Qué feliz soy! ¡Vuelo hacia ella!

LA GITANA
No se olvide de mis buenos oficios…

LUCIFER (le da dinero)
¡Toma! Es dinero de parte de mi amigo.
y este apretón de manos de la mía.

LA GITANA
¡Ah, qué apretón!
(Se aleja.)

LUCIFER
Un dulce apretón te parecería
si de verdad fueses la amiga del Diablo…

EVA (a Adán)
Me encantaría tener un pequeño recuerdo
de esta fiesta… Oh, esa caja de arrebol
me gusta… ¿No me la regalará?

ADÁN
¿Qué arrebol podría superar en esplendor
los dulces destellos de tu femineidad?
El charlatán se aleja.

EVA
¿De veras? Agradable resulta oír tal cosa…

ADÁN
No me hagas avergonzar. Lo que le viene bien
a tu delicado cuello son las perlas,
los diamantes… Y no porque puedan tener
la pretensión de realzar tus encantos,
sino porque tú realzarías su brillo.

EVA
Por allá hay joyerías…
¡Ay, tan sólo soy una muchacha pobre!

ADÁN
Sígueme.

LUCIFER
¡Es inútil! Esperad:
aquí tengo unas joyas magníficas.
Saca de su bolsillo un aderezo deslumbrador que Eva admira y se pone llena de felicidad.

EVA
¡Qué bello es! ¡Cómo me envidiarán!

ADÁN (señalando el pan de gloria en forma de corazón)
¡Pero no quiero seguir viendo ese corazón!

EVA
Si os disgusta, lo tiro.
(Lo tira por tierra.)

LUCIFER
¡Magnífico!
Lo voy a pisotear…
(Pisotea el pan de gloria en forma de corazón.)

EVA
Oigo gritos… ¿O es tan sólo
una ilusión de mis sentidos?
En una carreta llevan al suplicio a un condenado a muerte. La multitud lo sigue dando gritos.

LA MULTITUD
Terminemos de una vez por todas…
Miren cómo tiembla de miedo…
Aún nos desafía… Apretemos el paso…

ADÁN
¿Qué significa ese ruido y ese atropellamiento?

EVA
Van a ahorcar a alguien. Acerquémonos…
Llegamos a tiempo. Es excitante…
¡Y voy a poder enseñar mis joyas!

ADÁN
¿Qué crimen ha cometido?

EVA
Lo ignoro.

LUCIFER
Nada interesante. Pero os lo diré:
Trabajaba en los establecimientos Lovel.
Respirar el estaño lo enfermó
y tuvo que ir al hospital
dejando en la indigencia a su bella mujer.
Pero Lovel tenía un hijo joven y rico
que la buscó… Todo marchó de lo mejor.

1. OBRERO
¡Valor, hermano! ¡Mueres mártir!
¡Para nosotros tu nombre brillará como un faro!

LUCIFER
Cuando salió del hospital,
nuestro hombre no encontró ni mujer ni trabajo.
¡Se rebeló, se atrevió a protestar!
El hijo de Lovel lo abofeteó. Encolerizado,
cogió un cuchillo que había por allí…
Y ahora pagará. Eso es todo.
No: el viejo Lovel se volvió loco.
Lovel padre, con la mirada extraviada, surge de entre la muchedumbre.

LOVEL
Mientes. No estoy loco.
¿Es que no oigo lo que me dice
la herida de mi hijo?
¡Ah, toma todas mis riquezas y hazla callar!
Preferiría estar loco.

3. OBRERO (al condenado)
¡Todo eso un día se pagará!

1. OBRERO
¡Vaya, los criminales son ellos!
¡Mantén alta tu cabeza!
La carreta se aleja seguida por la muchedumbre.

ADÁN
¡Ah, ese espantoso espectáculo me obsede!
¿De los dos, cuál cometió mayor crimen?
¿El seductor o bien el asesino?
La sociedad es quizás la culpable:
su podredumbre engendra todos los vicios…

LOVEL
¡Sí, es la Sociedad! ¡Toma mis tesoros,
pero hazme sordo a la herida de mi hijo!
(Se aleja.)

EVA
Vamos, o no encontraremos sitio…

ADÁN
Gracias, Destino que no me hiciste juez.
Es fácil, sentado entre cojines,
redactar leyes. Qué cómodo es
examinar la apariencia de los hechos.
Pero cuando hay que sondear el corazón humano,
en sus más íntimos repliegues, ¡ah, es terrible!

LUCIFER
¡Si así se razonara, los procesos
nunca terminarían! ¡Ningún hombre
hace el mal por el mal! Mira: ¡el mismo Diablo
tiene sus buenos motivos! Cada cual piensa
tener justas razones. ¡Al jurista toca
cortar el nudo que ningún filósofo
sabría deshacer!
Han llegado a la Torre. En un nicho se ve una imagen piadosa.

EVA
Amigo, detengámonos un instante.
Quiero ofrecerle mis flores a ese buen santo.

LUCIFER (en voz baja)
¡Maldición sobre nosotros, si lo hace!
¡Impídeselo pues!

ADÁN
¿Por qué impedírselo a esta inocente?

EVA
Desde mi infancia tengo por costumbre
honrar a este santo. Todavía hoy
me hace bien. Corriendo un poco
recuperaremos este instante perdido.
(Eva deposita su ramillete en el nicho. Al instante las flores se marchitan y las joyas que lleva se transforman en lagartos que le cubren hombros y brazos.)
¡Oh, Dios mío!

LUCIFER
¡Os lo advertí!

EVA
¡Qué horror! ¡Socorro!

ADÁN
Cálmate, querida mía… Nos miran… Sígueme:
¡Te ofreceré joyas aun más preciosas!

EVA
¡Vete! ¡Vete!
¡Ah, sois unos infames prestidigitadores!
Y la bruja está de acuerdo con vosotros…
¡Ah, qué vergüenza para una muchacha honrada!
Se oye murmullos entre la muchedumbre. Llegan policías en compañía de la gitana.

LA GITANA
Me han pagado con moneda falsa.
¡En mis manos se cambió en mercurio!

LUCIFER
¡La falsedad está en tu mano!
Ven pronto, Adán… ¡Este lugar de nada nos sirve!
Lucifer y Adán penetran en la Torre mientras el tumulto y la agitación suben de punto entre la muchedumbre. Reaparecen en lo alto, sobre la muralla.

ADÁN
Una vez más me engañé.
Pensé que bastaba disipar
los espectros del pasado y permitir
la libre competencia a las fuerzas vivas.
Privé a la rueda de su tornillo esencial,
el que la arma - y que era la fe -
sin poner en su lugar otro más fuerte.
¿Qué lucha es ésta en que uno de los luchadores
está armado de una espada y el otro
tan sólo de sus puños?
¿Qué independencia es ésta en que mueren de hambre
las gentes por millares si se enfrentan a sus amos?
¡Es una pelea de perros por un hueso!
La sociedad que quiero al hombre protegería,
lo estimularía en vez de oprimirlo;
tendría por motor, la unión de todas las fuerzas,
por orden, el de la inteligencia,
y por espíritu el de la ciencia.
¡Ella vendrá! ¡Lo siento! ¡Estoy seguro!
Ah, Lucifer, llévame hacia ese mundo…

LUCIFER
¡Hombre risible! ¿Porque ves
un hacinamiento indistinto, piensas
que el taller de la vida es sin leyes,
sin sistema y sin una común voluntad?
Con los ojos del espíritu, un instante,
mira el trabajo que hacen - en suma
para nosotros y no para ellos,
pobres gentes…
Ahora reina una completa oscuridad. La feria toda se convierte en un grupo que cava, en medio de la plaza, una vasta tumba. Las gentes bailan en torno a la fosa y se arrojan a ella uno tras otro, unos sin decir nada, otros tras haber lanzado las réplicas que seguirán al coro.

EL CORO
La azada retumba en la tierra.
A lo largo del camino, sin vagar,
hagamos lo que debemos hacer,
pues mañana, ya muy tarde será.
Mil años pasarán sin ver el final
de lo que hemos de hacer. Todos tienen hambre,
no obstante todos comen.
Cuna y sepulcro la misma cosa es.
Ahora termina una jornada,
mañana seguirá el trabajo.
Mirad: mañana se levanta
el que esta noche es difunto.
(Doblan a muerto.)
El ángelus tocando están.
Vayamos a descansar.
Aquéllos que vean despuntar
el alba de una vida nueva
retomarán por nosotros la gran obra.
(Bajan a la fosa unos tras otros.)

EL SALTIMBANQUÍ [=EL EXHIBIDOR DE MARIONETAS]
¡Se acabó el guiñol y la olla podrida!
Hice reír, pero no reí.

EL TABERNERO [=EL MESONERO]
¿De vino la panza tenéis llena?
¡Pues a dormir! ¡La noche empieza!

LA NIÑA DE LAS VIOLETAS [=LA MUCHACHITA]
Todo vendí, mas flores nuevas
sobre mí crecerán aunque yo muera.

LA GITANA
Toda esa gente la buenaventura quería.
¡Mas de miedo, ahora, se da a la huida!

LOVEL
El dinero no me había permitido el descanso.
Ahora lo tendré barato.

UN OBRERO
El fin de semana ya llegó.
¡Se acabó el trabajo y la aflicción!

EL ESTUDIANTE
Yo soñaba… Alguien vino a despertarme.
¡Ven, sueño, ven, maravíllame!

UN SOLDADO
¿Yo que era un bravo y mucho más,
en ese hoyo tendré que rodar?

LA PROSTITUTA
Cae el arrebol después de la boda…
¡Tengo frío…! ¡Caliente será la fosa!

UN CONDENADO
¡Más allá de este umbral otras cadenas,
una nueva ley me espera!

EL CHARLATÁN
Creemos saber y nos despistamos.
Llega lo real y nos espantamos…

EVA
¡Abismo, puedes abrirte cuanto quieras!
¡No pienses que tu noche me da horror!
A ti no baja más que un polvo ínfimo,
de la tierra nacido… ¡En mi nimbo victorioso
mi vida prosigo! Amor, Poesía, Juventud,
me guían hacia mi inmortal país.
Posada sobre todo, como destello celestial,
contempla mi sonrisa: derrama la ternura
sobre toda la tierra, y la dicha, y el sueño…
Echa su velo y su manto en la fosa y se levanta del suelo, aureolada de luz.

LUCIFER
¿La reconoces, Adán?

ADÁN
¡Es Eva! ¡Eva!

 


CUADRO DUODÉCIMO • EN UN FALANSTERIO

El patio de un falansterio construido en forma de herradura. Las alas del edificio son abiertas y están constituidas por tinglados, talleres, cuya techumbre descansa sobre pilares. En su ala derecha los obreros trabajan con la ayuda de diversas máquinas. En su ala izquierda un sabio se afana entre instrumentos científicos y colecciones de historia natural, de aparatos mecánicos, físicos, astronómicos, etc. Todos los falansterianos están uniformados. Adán y Lucifer surgen de la tierra en mitad del patio. Es pleno día.

ADÁN
¿Qué país es éste? ¿Y cuál este pueblo?

LUCIFER
¿País? ¿Pueblo? Son palabras obsoletas.
La noción de patria es mezquina;
no es más que un prejuicio,
engendrado por el egoísmo y las rivalidades.
Ahora la Patria es el universo.
En el que, para todos, trabaja el individuo.
Y, sobre este nuevo orden, la Ciencia
tiene el honor de velar.

ADÁN
¿Ah, será éste mi ideal al fin realizado?
¡Sí, todo eso es bueno! ¡Me lo dice el corazón!
Tan sólo una cosa añoro, y es la noción
de Patria. ¿Por qué no la han conservado?
Pues el hombre necesita limitar sus deseos.
Ante el infinito de horror se sobrecoge;
en la medida en que más grande se hace,
la intensidad de su fuerza decrece.
Está por el futuro, pero igualmente,
por todo lo que ha sido. Me temo que para
este mundo sin fronteras tenga menos fervor
que el que a la tumba de sus padres consagraba.
El que sangre por su familia vertería,
por un amigo tan sólo vierte lágrimas.

LUCIFER
¡Reniegas de tu ideal,
sin esperar a verlo cumplido de verdad!

ADÁN
¡Ni pensarlo!
Mas querría saber cuál es la idea
que ha permitido la unión de este mundo
tan vasto y tan diverso, y que dio
un noble propósito a su entusiasmo,
a ese fuego eterno del humano corazón
hasta el presente atizado por tonterías
y consumido en mezquinas luchas.
En fin, dime en qué lugar estamos,
luego llévame a algún sitio en que mi alma
pueda disfrutar del descanso que se merece
el hombre que ha luchado durante tanto tiempo.

LUCIFER
Esto es un falansterio. Bajo ese nombre
se designa el lugar donde viven juntos
los hombres de la nueva época.

ADÁN
Pues entremos.

LUCIFER
Un momento. Primero tenemos
que cambiar de apariencia.
¡Imagínate qué recibimiento podrían hacernos
los sabios en tanto seamos Adán y Lucifer!
¡Acabarían por destruirnos
o por meternos en un bocal!

ADÁN
No digas tonterías…

LUCIFER
¡Lo harían, te lo aseguro!
¿Olvidas que ese mundo es
el del Espiritu puro?

ADÁN
Haz como quieras… pero pronto.
Lucifer transforma a Adán y a sí mismo en falansterianos.

LUCIFER
Pónte este blusón… Y oculta bien tus rizos…

ADÁN
Hablémosle a ese sabio.

LUCIFER
Te saludo, Doctor.

EL SABIO
No vengan a importunarme
en mi Gran Obra.
No tengo tiempo para charlas.

LUCIFER
¡Ah, qué contratiempo!… Somos
dos catedráticos auxiliares
del falansterio Mil.
Atraídos por tu gran fama,
hemos hecho expresamente este viaje
para verte.

EL SABIO
¡Ah, admiro vuestro celo!
Puedo abandonar mi trabajo un momento…
si el grado de calor se mantiene
y si la materia sigue siendo dócil.

LUCIFER
No me engañé: tú que pasas
a la naturaleza y al hombre por una criba,
lo que te queda por sedimento final
es tu vanidad…

EL SABIO
Ya está. Ahora podemos distraernos un poco:
¿Mas por qué parte de la Ciencia
os interesáis?

ADÁN
En verdad, por ninguna en particular…
El conjunto, he ahí sobre lo que desearíamos
pareceres.

EL SABIO
¡Es un error!
¡Lo Grande está contenido en lo Pequeño!
Hay tantos asuntos a estudiar…
¡Y la vida es tan corta!

ADÁN
¡Es cierto! Y sé perfectamente
que no podría levantarse un monumento
sin la ayuda de los albañiles
y de los canteros. Pero esas gentes
no saben lo que ayudan a hacer.
El creador es el arquitecto,
que tal vez no sepa tallar la piedra
o preparar la mezcla, pero que concibe,
que abarca y que ordena el conjunto
lo mismo que un dios. Creo que en la Ciencia
también el arquitecto es el primero.

LUCIFER
¡Por eso hacia ti nos encaminamos, oh, Maestro!

EL SABIO
¡Con derecho y razón!
Y aprecio vuestra diligencia.
A decir verdad, todas las facetas
de la Ciencia son los múltiples aspectos
de un organismo único, cuyo examen
no ofrece interés si no se lo puede
contemplar en su totalidad…

LUCIFER
Es como con las mujeres…

EL SABIO
Empero, la química…

LUCIFER
… ¡He ahí el centro!
Es en ella donde reside el secreto de la vida.

EL SABIO
¡Tienes razón!

LUCIFER
Hablando un día de matemáticas,
un matemático dijo lo mismo
en mi presencia…

EL SABIO
La vanidad lleva a cada cual
a creer que es él el corazón
de todo lo que puede ver.

LUCIFER
¡Estás acertado, oh Gran Maestro,
en tomar a la química por objeto
de tus estudios!

EL SABIO
¡Sin duda alguna! Os voy a mostrar
nuestro museo. Es único en el mundo.
Allí tenemos, disecados con arte,
especímenes de todos los animales
que antaño vivieran en la tierra.
Entonces compartían con nuestros padres,
que sólo unos bárbaros eran
el dominio del universo.
De ellos se cuentan mil leyendas…
Por ejemplo, de éste se dice que fue
la locomotora de nuestros abuelos.

ADÁN
¡Es el caballo! Pero bien degenerado…
¡El árabe puro tenía otra prestancia!

EL SABIO
Y éste, según dicen, era el amigo del hombre.
De él recibía, sin trabajar, refugio y alimento.
Adivinaba los pensamientos de su amo
y acudía a su primer llamado.
De creer en lo que dicen las consejas,
habría tomado del hombre hasta sus defectos.
Por ejemplo, el sentido de la propiedad…
¡Al extremo de llegar a arriesgar su existencia
para proteger los bienes de su amigo!
Evidentemente, os digo todo esto
tal como fue escrito, guardándome mucho
de empeñar en ello mi fe… Pero antaño
tantas cosas extrañas han pasado
de las que nada queda, a no ser leyendas…

ADÁN
¡Es el perro! Lo que dices es cierto.

LUCIFER (a Adán)
No te fíes… O acabarás por traicionarte…

EL SABIO
Este otro que ves era, dicen,
el esclavo del hombre pobre.

ADÁN
¡Exactamente, como el pobre
era el buey del rico!

EL SABIO
Éste era el rey del desierto…

ADÁN
Sí, el león… También reconozco
al tigre y al corzo. Pero dime, Maestro:
¿qué animales subsisten en este mundo?

EL SABIO
¿En este mundo? Curiosa pregunta…
Sin duda has querido decir aquí…
Pues bien, los mismos que entre vosotros,
me imagino. Los que todavía pueden sernos
útiles, los que no ha podido reemplazar
la Ciencia: el puerco y el cordero.
Pero hemos mejorado la mediocre calidad
que la naturaleza había podido darles:
del primero hemos hecho, en su integridad
grasa viviente, y del segundo,
un bloque de lana y carne.
Como los alambiques, ambos sirven
a nuestros fines. Mas todo eso lo sabéis.
Pasemos a otra cosa. Aquí, los minerales:
ved ese enorme bloque de carbón.
En el pasado había tanto al estado natural
- ¡verdaderas moñtanas! -
que al hombre le bastaba con extender la mano
para cogerlo, y hoy la Ciencia
tiene que extraerle penosamente
de la atmósfera. Y esto es hierro.
Mientras existió hemos podido
eximirnos de buscar el aluminio.
Ah, aquí está el oro, cosa que brilla,
mas para nada sirve. Sin embargo, antes,
cuando el hombre alucinado,
por encima de sí mismo se imaginaba
unos pretendidos poderes,
colocaba al oro en el pináculo de éstos
y, tornándolo por dueño de su suerte,
lo adoraba, le hacía sacrificios…
Sí, por tener un pedazo de este oro,
pisoteaba el bienestar y el derecho,
incluso las cosas más santas.
Entonces podía comprar
no importa qué cosa, hasta pan…
¿No es esto increíble?

ADÁN
Eso lo sé. Hazme ver otra cosa…

EL SABIO
¡Ciertamente eres un sabio! Pues bien, mira
la flora primitiva. Aquí, la rosa,
y es la última que se haya abierto
en nuestra tierra. Una inutilidad
entre otras mil que cubrían el suelo
en él hubiérase podido hacer
brotar el trigo.
A estas antes las llamaban flores.
Los adultos de ellas hacían sus juguetes.
¡Tonta manía! Tanto amaban las flores
que su magín creaba nuevas flores:
la fe, la poesía… ¡Qué despilfarro!
¿No hubieran obrado mejor desenmarañando
el secreto de la vida? No, soñaban,
necesitaban sueños, imágenes…
Hemos conservado dos especímenes
de esas flores: uno es un largo poema;
data de la época en que el hombre, orgulloso,
trataba de darse importancia.
Su autor, un tal Homero, nos describe
llamándolo el Hades, un mundo extraño
y fantástico. Hace ya mucho rato
que se ha desmentido cada palabra
de esta historia…
El segundo espécimen: Agrícola,
es de Tácito. Allí pueden señalarse
todas las risibles divagaciones
que se tenían por verdades entonces.

ADÁN
¡Esas épocas heroicas han podido
trasmitirnos, pues, su testamento!
¿No puede éste inflamar a un corazón
todavía esforzado e incitar
a vuestra raza débil
a derribar ese mundo artificial?

EL SABIO
Hay verdad en lo que dices…
¡Hemos comprendido qué veneno se oculta
en esos escritos! Por eso su lectura
está prohibida, a menos que se tenga
más de sesenta años y que, por supuesto,
uno sea hombre de ciencia.

ADÁN
¡Perfecto!
¿Pero los cuentos de hadas?
¿No pueden despertar ensoñaciones
en las infantiles almas?

EL SABIO
¡Seguramente!
Pero eso también lo hemos previsto:
¡Las nodrizas a los
niños tan sólo les hablan
de ecuaciones y teoremas!

ADÁN (aparte)
¡Ah, criminales, a los que ni siquiera
detiene el escrúpulo de arrancarle
a esa inocente edad
el tesoro de su corazón!

EL SABIO
Vayamos más allá.
Aquí puedes ver utensilios, armas
y objetos de arte. Y todo bien raro…
Esto, por ejemplo. Es un cañón.
Puedes descifrar unas palabras
grabadas en su cureña: Ultima ratio regum.
¿Qué significan? ¡Es algo carente de sentido!
Tampoco se sabe como funcionaba eso…
En cuanto a este objeto, era una espada:
se utilizaba para matar hombres.
Y a lo que parece, estaba permitido…
¡Y ese cuadro fue pintado a mano!
En él un hombre pasó muchos años
para representar una fábula huera…
En nuestros días es el sol el encargado
de fijarnos la imagen, y sin falsearla
por no sé qué prurito de ideal
que, finalmente, traiciona lo real.

ADÁN (aparte)
¿Pero en qué para el arte? ¿En qué el espíritu?

EL SABIO
Todos esos objetos están cubiertos
de adornos, puerilmente, sin una razón válida.
Una flor sobre un vaso, un arabesco
sobre una silla… ¡Puro tiempo perdido!
¿Era más fresca el agua en ese vaso?
¿Descansaba uno mejor en esa silla?
Hoy es la máquina la que fabrica esas cosas.
Las hace prácticas, simples, sin despilfarro…
Y estamos seguros de su perfección
puesto que el obrero que pone,
fuera no más un tornillo, es un especialista
que no hará otra cosa en toda su existencia
que poner tornillos…

ADÁN
Ése es el motivo por el cual
en ninguna obra salida de vuestras manos
arde la vida, una individualidad
que intentaría superar a su maestro.
¿En qué terreno la fuerza y el pensamiento
podrán probar que su esencia
les llega del cielo?
En ese mundo ordenado,
donde todo es metódico y sin calor,
está ausente la voluntad de combatir.
¿Qué peligros puede arrostrar un luchador?
¡Ya ni siquiera hay fieras!
¿De modo que también me engañé
igualmente con la Ciencia?
Ella debía, pensaba yo,
consumar la felicidad sobre la tierra,
en vez de lo cual no he hallado aquí
más que una aburrida escuela elemental.

EL SABIO
¡La fraternidad reina entre los hombres!
¡A nadie jamás le ha faltado nada!
Tus reflexiones son inadmisibles
y merecerían una sanción.

ADÁN
Antes dime qué fervor común
une a ese pueblo, y por qué ideal
todavía es capaz de inflamarse.

EL SABIO
Dar a cada cual de qué subsistir,
es ése el ideal que perseguimos,
cuando sobre este planeta el hombre apareció,
fue para éste una despensa.
Sólo tenía que extender la mano…
y todas sus necesidades estaban satisfechas.
De modo que vivió sin más desvelo por su futuro
que un gusano en un queso, perdiendo el tiempo
en desvaríos, en hipótesis
que lo pasmaban, que lo estimulaban.
Pero nosotros, que vemos derretirse el queso,
¿cómo dejaríamos de escatimar
si no queremos morirnos de hambre?
Dentro de cuatro mil años el sol será de hielo.
Entonces ninguna planta podrá nacer.
Para ese tiempo tendremos que inventar
nuevos soles. Creo que la Ciencia puede
aspirar a ello. Ya estamos pensando
que el agua, por catálisis, puede llegar a ser
una productora considerable de calor.
Estamos a dos dedos de descubrir
los últimos secretos dela vida orgánica…
Al grano, ¿y mis retortas? Por eso
las investigaciones que hago no tienen otro objeto.

LUCIFER
¡Muy viejo se ha puesto el hombre,
si tiene que recurrir a retortas
para crear un organismo viviente!
Admitamos que lo logres: ¿tu obra
podría ser otra cosa que un monstruo,
un pensamiento sin palabra, un amor sin objeto,
una contradicción a las leyes de la naturaleza,
un ser que no siendo ni parecido ni extraño
a cualquier otra cosa, no puede verdaderamente
vivir y no ser más que él mismo?
¿Quién le va a dar en el bocal
en que tú lo encierres,
apartado de toda influencia exterior,
un carácter, una vida consciente?

EL SABIO
¡Mira cómo eso se agita y brilla!
Mira esas formas que se hacen y deshacen:
afinidades, repulsiones… El fuego debajo,
dentro el vacío, y basta con ello:
Ese caos sufrirá mi voluntad.

LUCIFER
¡Ah, sabio me deslumbras!
Sin embargo, permíteme una pregunta:
¿Puedes hacer que, a tu antojo,
los cuerpos que se atraen
de ahora en adelante se repelen,
y que un buen día
dejen de repeler a sus contrarios?

EL SABIO
Tonta pregunta…
Hay las eternas leyes de la substancia…

LUCIFER
¡De acuerdo!
¿Mas sobre qué descansan esas leyes?

EL SABIO
¡Eh! ¡Es así!
¡Y bien lo estamos viendo por nuestra experiencia!

LUCIFER
Entonces, sabio, no eres más
que el fogonero de la naturaleza,
y todo el resto, ¡ella lo hace sin ti!

EL SABIO
¡La someto a mi imperio!
¡Soy yo quien la encierra y delimita!
¡Yo el que la saco de su noche misteriosa!

LUCIFER (escrutando la retorta)
Aún no veo signo alguno de vida…

EL SABIO
No se hará esperar mucho… Ten confianza:
He penetrado todos los secretos de las cosas,
he disecado cien veces la vida.

ADÁN
¿La vida?
¡Muertos es lo que siempre disecaste!
Pues la Ciencia no es más que una paticoja
que, como un poeta a sueldo de un rey,
va renqueando detrás de la experiencia.
¡Si bien puede comentar las hazañas:
no por ello puede predecirlas!

EL SABIO
¿A qué esa sorna? ¿No ves que bastaría
con una ínfima chispa
para obtener la vida de las cosas inertes?

ADÁN
¿Pero dónde irías a tomar esa chispa?

EL SABIO
¡No hay más que dar un paso!

ADÁN
Pero en tanto que ese paso no se dé,
¡nada será ejecutado ni entendido!
A lo sumo hemos podido penetrar
en el umbral del santuario…
Un solo paso y entraremos en éste…
¿Pero quién dará ese paso?
De la retorta sale una espesa humareda que la cubre por entero, luego se oye un ruido sordo y prolongado.

LA VOZ DEL ESPÍRITU DE LA TIERRA (en medio de la humareda)
¡Nadie jamás!
¡Esta retorta es para mí
demasiado estrecha y demasiado
grande a la vez! ¡Salud, Adán!
¡Tú sí me reconoces!
Entre estos hombres, ninguno sospecha
mi existencia.

ADÁN (al sabio)
¿No oyes al Espíritu?
Míralo flotar aquí… Hombre presuntuoso,
¿puedes luchar contra ese amo?

EL SABIO
¿Te has vuelto loco? Ah, me inquietas…
La retorta estalla en pedazos. Se dispersa la humareda.
¡Mi retorta! ¡Hay que empezar de nuevo!
Cada vez que voy a dar en el clavo,
una insignificancia viene y me torea:
un azar ciego y estúpido…

LUCIFER
¿Un azar?
¡Antaño se hubiera dicho el Destino!
Bajo sus golpes era menos infamante caer,
que hoy día ser víctima
de un protervo y minúsculo azar…
Se oye una campana.
¿Qué es eso?

EL SABIO
¡Fin del trabajo! ¡Descanso y paseo!
Los obreros dejan los campos, la fábrica.
Se va a castigar a los que lo merecen
y repartir los niños y las mujeres.
Vamos, es la hora. Esperan por mí.
Los hombres llegan en una larga procesión. Las mujeres forman otra. Algunas van acompañadas de niños. Eva está entre éstas. Los falansterianos se agrupan en círculo. Un viejo se coloca en el centro. Adán, Lucifer y el sabio permanecen en el umbral del museo-laboratorio.

EL VIEJO
¡Treinta!

LUTERO (saliendo de la fila)
Presente.

EL VIEJO
Una vez más,
has cargado en demasía la caldera.
Con tal de saciar tu malvada pasión
¡harás saltar el falansterio en pleno!

LUTERO
¡Eh! Cuando el fuego muge bravío,
se eleva, chisporrotea y busca con ardor
envolvernos en sus mil lenguas,
¿a quién no le gustaría enfrentársele
y atizarlo para avivar aún más
el gozo que se siente de ser su amo?
¿Qué sabes tú del fuego, de sus sortilegios,
tú que sólo lo ves debajo de las marmitas?

EL VIEJO
¡Vano discurso! Ayunarás esta noche.

LUTERO (volviendo a la fila)
Pues desde mañana volveré a empezar.

ADÁN
Conozco a ese hombre… ¡Era Lutero!

EL VIEJO
¡Doscientos nueve!

CASIO (saliendo de la fila)
Presente.

EL VIEJO
Te has peleado sin razón.
¡Y es la tercera vez!

CASIO (volviendo a la fila)
Tengo mis motivos, aunque los calle.
Si uno tiene brazos, hay que ser un cobarde
para recurrir a la ayuda de otro.
¿Acaso mi adversario era un enclenque?

EL VIEJO
¡No repliques! ¡Las formas perfectas
y nobles de tu cráneo contradicen empero
tus brutales inclinaciones! Mas tu corazón
es tumultuoso y bullente tu sangre.
Te curaremos hasta que te ablandes…
Casio vuelve a la fila.

ADÁN
¡Ah, Casio! Si me reconocieras…
A tu lado luchaba yo en Filipo…
¡Así que el orden deplorable, la teoría absurda
puede extraviar al hombre a tal extremo
que no soporte un corazón como el tuyo!

EL VIEJO
¡Cuatrocientos!

PLATÓN (saliendo de la fila)
Sí…

EL VIEJO
¡Siempre desvariando,
has dejado que se disperse tu rebaño!
Para enseñarte a que no descuides
la vigilancia,
¡te arrodillarás sobre unos guisantes!

PLATÓN (volviendo a la fila)
Aun sobre guisantes podría desvariar…

ADÁN
¡Ah, Platón, qué papel te ha asignado
la sociedad por que tanto clamabas!

EL VIEJO
¡Setenta y dos!

MIGUEL ÁNGEL (saliendo de la fila)
Soy yo.

EL VIEJO
Abandonaste tu lugar en el taller.

MIGUEL ÁNGEL
Ya no puedo más con todas esas patas de sillas
que me obligan a hacer,
expresamente rústicas.
Supliqué que al menos me permitan adornarlas,
mas no han querido.
Entonces he pedido hacer respaldos…
esto me hubiera cambiado un poco.
Pero me dijeron no otra vez.
He pensado que pararía en loco…
He ahí por qué dejé el taller.
(Vuelve a la fila. )

EL VIEJO
¡Ve a tu cuarto y en vez de disfrutar
de la tibieza del crepúsculo,
medita la regla!

ADÁN
¡No volver a crear!
¡Han encontrado para ti el más cruel suplicio,
oh Miguel Ángel!
¡Cuántos grandes espíritus, cuántas fuerzas vivas
aquí encuentro, como tú vejadas!
Uno combatió, antaño, junto a mí.
El otro encontró la muerte en el martirio.
Este otro sentíase muy estrecho en la tierra…
¡Y a todos, por el Estado los veo
reducidos a la uniformidad, desposeídos!
¡Vámonos! ¡Mi alma no puede más con todo esto!

EL VIEJO
En el día de hoy dos niños
han llegado a la edad
en que el cuidado materno es inútil.
Que los traigan a fin de que sean llevados
al Colectivo que debe acogerlos.
Eva y otra mujer se adelantan con sus hijos.

ADÁN
¡Oh, qué admirable, oh, qué deslumbrante aparición!
¿De modo que este mundo helado tiene su poesía?

LUCIFER
Pues bien, Adán,
¿ya no nos vamos?

ADÁN
Nos quedamos, e incluso
no nos moveremos de aquí.

EL VIEJO (al sabio)
Sabio, examina la forma de sus cabezas.
El sabio examina atentamente a los niños.

EVA
¿Qué será de mí sin mi hijo?

ADÁN (que sigue contemplando a Eva)
Y esa voz…

LUCIFER
¿Cómo podría gustarte una mujer
de un rango… digamos, vulgar?
Tú que fuiste el amante de Semíramis…

ADÁN
Aún no había visto ésta…

LUCIFER
¡Tonada sabida! Todos iguales, los enamorados…
¡Todos creen haber descubierto el amor
y que nadie supo amar antes que ellos!
¡Y decir que, desde hace milenios,
es así!

EL SABIO
Este niño será pastor;
y éste médico.

EL VIEJO
¡Que se los lleven!
¡Pronto!
Quieren separar a los niños de sus madres. Eva se opone.

EVA
¡No se atrevan! ¡Es mi hijo!
¿Quién osaría quitármelo?

EL VIEJO
¿Qué esperan? ¡He dicho que se los lleven!

EVA
¡Hijo mío! ¡Carne de mi carne!
¡Te he nutrido con mi leche y con mi sangre!
¿Qué fuerza puede romper este sagrado vínculo?
¿Tengo, hijo mío, que renunciar a ti?
¿Has de perderte por siempre jamás en la masa,
y, entre tantos seres todos parecidos,
habré yo de buscarte sin ninguna esperanza?

ADÁN
¡Si todavía algo respetáis,
no separéis al hijo de la madre!

EVA
¡Oh, bendito seas, generoso extranjero!

EL VIEJO
¡Juegas, extranjero, un juego peligroso!
Si dejásemos subsistir ese prejuicio
de la familia, veríamos a la Ciencia
muy pronto en bancarrota.

EVA
¡Qué importa la fría Ciencia!
¡Que se someta cuando habla la naturaleza!

EL VIEJO
¿Ya terminaron?

ADÁN
¡No toquéis al niño! ¡Allí veo un sable!…
¡Os voy a mostrar cómo me sirvo de él!

LUCIFER (cogiendo a Adán por un hombro)
¡Cálmate, fantasma,
bajo el peso fatídico de mi puño!
Adán parece paralizado.

EVA
¡Hijo mío!
Se desploma. Le quitan el hijo.

EL VIEJO
Estas mujeres están sin compañero.
Los que entre ellas quieran buscar compañía,
que se presenten.

ADÁN (señalando a Eva)
Ésa para mí.

EL VIEJO
Sabio, ¿qué dices a esto?

EL SABIO
Un hombre exaltado y una neurótica…
su descendencia será desmedrada.
¡Unión no conforme!

ADÁN
No renuncio a esta unión, si ella acepta.

EVA
¡Quiero ser tuya, hombre generoso!

ADÁN
Te amo, oh mujer, y mi corazón te pertenece.

EVA
Yo también te amo y para siempre.

EL SABIO
¡Qué locura! ¡Y cuán extraño resulta
que en este siglo luminoso el pasado
se nos aparezca así!
¿De dónde viene este espectro?

ADÁN
Del viejo jardín del Edén,
es una chispa tardía…

EL VIEJO
¡Y en verdad, deplorable!

ADÁN
En modo alguno queremos que se nos compadezca.
Esta locura es nuestra, y la amamos.
Vuestro sentido común no lo envidiamos.
Jamás hubo en la tierra algo más noble
y grande que esta locura.
Ninguna razón podría refrenarla.
Es el balbuceo de un dulce espíritu
llegado de lo alto a testimoniar que nuestra alma
es hermana de la suya
y que con él, lejos de este suelo vil,
su vía sublime busca.
(Se abraza a Eva.)

EL VIEJO
¡Basta con eso!
¡Que los lleven al manicomio!

LUCIFER
Se impone obrar pronto…
¡Adán, huyamos!
Desaparecen bajo tierra.

 

CUADRO DECIMOTERCERO • EN EL ESPACIO

A lo lejos se ve el globo terráqueo alejarse, decrecer y, finalmente, perderse entre las otras estrellas. El cuadro comienza en una semipenumbra que se tornará progresivamente en tinieblas. Adán, que al presente es un viejo, sigue a Lucifer en su vuelo a través del espacio.

ADÁN
¿Adónde nos llevará este vuelo desenfrenado?

LUCIFER
¡Eh! ¿No deseabas, querido Adán,
librarte del barro para alcanzar
las esferas superiores? En las alturas
un dulce espíritu te llamaba, decías…

ADÁN
Cierto es, mas ignoraba que el camino
fuera tan áspero y desolado.
¡Qué frío, qué vacío y qué extrañeza por doquier!
Me parece cometer un sacrilegio
al entrar aquí… Y además siento
mi corazón extrañamente dividido.
Me siento feliz de abandonar la tierra
que oprimía y maculaba mi alma,
siempre anhelante de sublimidad,
¡y, sin embargo, me duele dejarla!
Ah, Lucifer, retorna a ella:
fueron las flores lo primero que dejamos
de distinguir. Luego el follaje de la selva.
En fin, el paisaje, múltiple y matizado,
se ha vuelto una llanura infinita,
sin carácter. Todo cuanto distraía la vista
ha desaparecido: la roca no es más
que una mota de tierra;
la enorme nube de truenos preñada
en la que el medroso campesino cree oír
una voz sagrada, no es más que un ínfimo
vellón de vapor. El mismo océano,
sus rugientes olas que infinitas creemos,
no es más que sombra gris sobre la tierra
a la que vemos girar entre millares de bolas
que se le asemejan.
¡Decir que ella era todo nuestro universo!
¿Y Eva, Lucifer, no podría acompañarme?
¿Tengo que perderla?

LUCIFER
Cuando se sube tan alto, primeramente
es la belleza la que se hace invisible.
Luego el grandor y la fuerza. Por último
tan sólo quedan frías matemáticas.

ADÁN
Ah, hemos ido más allá de las estrellas
y no veo ninguna meta ante nosotros,
ni siento ningún obstáculo a este vuelo.
¿Sin lucha y sin amor, puede la vida
tener todavía algún valor?
Aquí todo no es más que hielo y terror.

LUCIFER
Si tu heroísmo ya se gastó,
regresemos a solazarnos en el polvo…

ADÁN
¡No! ¡Vayamos más lejos!
¡Que el último lazo que aún me ata a la tierra,
caiga! Entonces cesará mi dolor.
Mas… ¿qué sucede? Respiro con trabajo
y ya no tengo fuerzas…
Mi razón se ofusca…
¿Anteo, que debía tocar la tierra para vivir,
era pues algo maís que un mito?

LA VOZ DEL ESPÍRITU DE LA TIERRA
¡Sí, mucho más!
Adán, ya me conoces. Soy el Espíritu de la Tierra
y soy yo, sábelo bien, quien sólo respira en ti.
Has ido hasta el límite extremo de mi reino.
¡Retorna y vivirás!
Si insistes en ir más allá, ¡perecerás!
Eres como la ameba que va y viene
en una gota de agua.
Hombre, para ti la tierra es esa gota…

ADÁN
¡No me asustas! ¡Me atrevo a desafiarte!
Tal vez mi cuerpo dependa de ti,
pero mía es mi alma.
¡Antes de que existiera ese mundo material,
el Pensamiento vivía, y la Verdad!
¡Y ambos son sin límites!

LA VOZ DEL ESPÍRITU DE LA TIERRA
¡Inténtalo, pues, hombre vano!
¡Lamentable será tu caída!
¿Es que el perfume existe antes que la flor?
¿La forma ha podido preceder al cuerpo,
y el sol nacer de sus rayos?
¡Qué terror te asaltaría si a tu alma vieras
en el vacío infinito girar en vano,
mísera huérfana que no entiende nada,
para alcanzar inteligencia y forma!
Tus sentimientos, tus pensamientos, sábelo,
no son más que destellos lanzados en ti
por ese grumo que tú llamas la tierra
y que, si algo en él cambiara,
desaparecería, y tú mismo con él.
Lo feo, lo bello, la salvación y el infierno
son nociones que para tu uso
sólo extraes de mi espíritu, cuya tarea
es animar tu ínfima patria.
Lo que allí es verdad eterna
puede ser absurdo en otro universo,
nuestro imposible ser allí natural,
la gravedad no existir,
la vida querer la inmovilidad;
puede que allí nuestro aire
tan sólo sea pensamiento,
nuestra luz una sonoridad,
y nuestras plantas cristales.

ADÁN
¡Son inútiles tus palabras!
¡Mi alma sabrá abrirse un camino!

LA VOZ DEL ESPÍRITU DE LA TIERRA
¡Adán! ¡Oh Adán!
Estás muy cerca de tu postrer instante…
¡Vuelve a esta tierra donde puedes
ser grande!
Si de tu universo el orbe franqueas,
ningún dios aceptará que te le acerques
y, en el acto, te reducirá a polvo.

ADÁN
¿No debe la muerte encargarse de ello?

LA VOZ DEL ESPÍRITU DE LA TIERRA
Esas palabras dictadas por la antigua
mentira, aquí no las digas,
¡en el reino espiritual!
O la Creación se estremecerá entera
de horror.
Deténte ante el sello sagrado
aquí plantado por Dios.
Ningún mortal,
aún cuando hubiera tocado
el árbol de la Ciencia,
tiene derecho a romperlo.

ADÁN
¡Pues bien, ese sello yo lo romperé!
Prosiguen su vuelo. Adán exhala un grito de dolor y parece atacado de parálisis.
¡Estoy perdido! ¡Me muero!
Lucifer se ríe socarronamente y lo empuja con el pie.

LUCIFER
¡De modo que la antigua mentira ha triunfado!
Ese fantoche que se tomaba por un dios,
desde ahora girará en el vacío,
nuevo planeta ínfimo en donde, tal vez,
a mi servicio otra vida va a nacer.

LA VOZ DEL ESPÍRITU DE LA TIERRA
¡No te alboroces demasiado pronto, Lucifer!
Tan sólo él ha rozado el mundo ajeno.
¡Sustraerse a mí no es tan fácil!
(Prosigue, ahora hablando para Adán.)
Revive, oh hijo mío, en nombre de la Tierra,
tu única patria…

ADÁN
Vuelvo en mí…
¡Sí, puesto que sufro, de nuevo vivo!
Pero sufrir dulce me es, tan atroz
es no ser nada, ya nada…
¡Oh, Lucifer, llévame a esa Tierra mía
en que he luchado! Aún quiero luchar.
¡Allá está mi gozo!

LUCIFER
Después de tantas derrotas,
¿no temes que los nuevos combates
sean igualmente vanos?
¿Esperas que esta vez alcanzarás tu meta?
¡Ah, sólo el hombre puede ser tan ingenuo!

ADÁN
Ningún sueño me ofusca.
Sé que la meta fallaré cien veces…
Mas no es eso lo que importa.
¿Qué es, en verdad, la meta, sino el final
de un glorioso combate?
Cuando se la ha alcanzado, es para morir
al término de una lucha que es la vida.
¡Luchar, he ahí la meta del hombre
y su razón de vivir!

LUCIFER
¡Lindo consuelo en verdad!
¡Si al menos, la idea por que se lucha
poseyera alguna grandeza!
Pero la puesta de tu combate de hoy
ya no será mañana más que una simpleza
a tus ojos.
¿En Queronea, antaño, no derramaste
generosamente tu sangre para defender
la Libertad amenazada?
¿Y más tarde no recomenzaste, esta vez,
para que sobre la faz de la tierra
se extendiera el imperio de Constantino?
¿No moriste como mártir por la fe?
¿Más tarde no blandiste contra ella
las armas de la Ciencia?

ADÁN
¡Cierto es! Mas por vana que fuera la intención
que me guiaba, excitaba en mí el entusiasmo
y me elevaba por encima de mi mismo.
No otra cosa la hacía grande y santa.
Que esta causa haya sido, una y otra vez,
la de Cristo o la de la Libertad,
la de la Ciencia o la de la Ambición,
¡qué importa, si hizo progresar
al género humano y su condición!
¡Ah, retornemos, te suplico, a la Tierra
para enfrascarme en nuevos combates!

LUCIFER
¿Ya olvidaste, querido Adán, lo que te dijo
el sabio? ¡Esa Tierra, de acuerdo con sus cálculos,
se helará por entero dentro de cuatro mil años!
Y siendo así ¿qué combates podrían empeñarse?

ADÁN
La Ciencia sabrá vencer tal amenaza…

LUCIFER
Entonces, dime,
¿qué podrías hacer?
La lucha, la grandeza y la fuerza,
¿dónde encontrarlas en el mundo artificial,
instaurado por la Razón soberana,
a partir de sabias teorías?
¡Holgadamente contemplaste ese mundo!
¡Y lo juzgaste!

ADÁN
¡Que la Ciencia asegure no más
la salvación de la Tierra!
Y que muera como mueren todas las cosas
cuando han cumplido su misión.
Entonces nacerá otra idea creadora;
que henchirá el pulmón de la Tierra
con una nueva vida…
¡Llévame allá!
¡Me consume saber por qué fe mi corazón
en el planeta liberado
va a inflamarse de nuevo!

LUCIFER
Pues bien, te llevo.

 

CUADRO DECIMOCUARTO • ENTRE MONTAÑAS 
CUBIERTAS DE HIELO Y NIEVE

El sol está reducido a una bola rojiza que sólo difunde una dudosa claridad. En primer plano, una tosca choza, entre una vegetación raquítica, degenerada (pinos, abedules, enebros). Adán, muy viejo, encorvado, baja de los glaciares ayudándose con un bastón. Lucifer marcha a su lado.

ADÁN
¿Por qué recorrer estos desolados parajes
hasta el infinito cubiertos de nieve
y donde la muerte nos acecha con sus ojos vacíos?
El único ruido que viene a turbar el silencio
es el de alguna foca que asustada se zambulle.
Aquí las plantas renuncian a luchar,
con la sola excepción del liquen
y de zarzas escuálidas.
La luna, velada por las brumas,
rojas como una lamparilla en un mausoleo.
Llévame más lejos, al país de las palmeras,
de los ardientes perfumes y del cálido sol,
donde el alma del hombre alcanza plenamente
la conciencia de su fuerza.

LUCIFER
¡Adán, en ese país estamos!
¡Ese rojizo globo no es otra cosa que tu sol!
El ecuador a nuestros pies está.
¡Ya lo ves, la Ciencia no ha vencido!

ADÁN
¡iMundo horrible!
¡Mundo en el que la muerte debe ser
el único bien!
Voy a dejarte sin ningún pesar.
Ah, Lucifer, yo que he permanecido
junto a la cuna de la raza humana;
yo que he visto la gloriosa esperanza
que en su corazón oscilaba;
yo que por ella tanto me he batido
y que ahora estoy ante su enorme sepulcro,
en el que la naturaleza tendió su sudario,
¿puedo saber yo, el primero y el último
humano,
cómo pereció esta raza?…
¿Fue en un noble combate,
o, bien, sin gloria,
en una caída indigna de mis lágrimas?

LUCIFER
Si te envaneces, oh Adán,
del espíritu que está en ti - puesto que es así
como quieres nombrar a esa fuerza
que mueve la sangre e inflama el corazón
de la juventud por un ideal -
no desees ver lo que fue tu agonía…
¡No, no desees estar presente en esa cita fatal,
en la que se revisan las cuentas
que se hicieron sin el amo!
La fiebre del moribundo
expulsa de él las brillantes imágenes
que le daba la fiebre de la vida.
¿Y quién sabrá jamás cuál de esas dos fiebres
era la verdadera? El último estertor,
la lastimosa boqueada del final
tornan irrisorios
los combates de la existencia…

ADÁN
¡Ah, no haber perecido en las alturas!
En plena conciencia de mi fuerza y de mi inteligencia,
en vez de oír aquí mi epitafio
leído con fría indiferencia
por un espíritu que ni habrá compartido
¡ni mis combates ni mi muerte!

LUCIFER
Ah, los hombres siempre se reconocerán
por esas lágrimas que señalan su vuelta a lo real,
cuando salen de un hermoso sueño…
Eh, mira: ¡todavía no ha desaparecido tu ralea!
Mira esa choza, allá… Su dueño
justamente saliendo está de ella…
Un esquimal, armado para la caza de la foca, sale de su igloo.

ADÁN
¿Cómo? ¿Ese renacuajo, esa caricatura
pudiera en verdad ser mi heredero,
el heredero de mi grandeza? Ah, Lucifer,
peor que el mal es el consuelo…
¡Haberme mostrado a ese usurpador!

EL ESQUIMAL
¿Por encima de nosotros habrá dioses?
Debo creerlo: he aquí a dos de ellos…
¡A saber si son buenos o son malos!
Lo mejor que hacer puedo es poner
tierra por medio…
(Quiere marcharse.)

LUCIFER
¡Detente! Nada más que una palabra…

EL ESQUIMAL (prosternándose)
¡Oh, señor, no me mates!
Te sacrificaré mi primera foca.

LUCIFER
¿Con qué derecho puedes sacrificar una foca
y ofrecer su vida por salvar la tuya?

EL ESQUIMAL
¡Con el derecho del más fuerte!
Bien que veo al pez comerse a la lombriz,
y la foca al pez… Yo, por lo tanto,
me como la foca.

LUCIFER
¡Y a ti te comerá el Gran Espíritu!

EL ESQUIMAL
Lo sé… Mas durante la breve vida
que me concede, se la pago en
sangrientos sacrificios.

ADÁN
¡Cobardía!

LUCIFER
¿Obraras tú de otro modo?
Lo que él mata son focas…
En lo que a tí respecta, has inmolado hombres,
Adán, a una divinidad
que hiciste a tu imagen,
como éste creó también su dios
a él semejante…

EL ESQUIMAL
Ah, estás enojado… Adivino la causa:
soy yo… En mi miseria he suspirado
por el próvido dios del sol
que todo lo da y nada pide
y que reinaba aquí como doquier,
según cuenta la leyenda.
¡Oh, te suplico, perdóname, y lo maldeciré!

ADÁN
¡Dios Todopoderoso, dígnate humillar tus miradas!
¡Sonrójate de ver cómo se ha envilecido
el ser humano, tu obra más alta!

EL ESQUIMAL (a Lucifer)
Tu amigo parece verdaderamente enojado…
¿Tendrá hambre?

LUCIFER
Por no tener hambre está enfadado…

ADÁN
Ah, ¿es éste momento para bromear?

LUCIFER
¡No obstante es la mismísima verdad!
Razonas como un hombre bien alimentado.
Este filosofa como un hombre hambriento.
Ni el uno ni el otro podríais esperar
salir victoriosos de una discusión.
Para poneros de acuerdo se necesitaría
que tuvieras tú la barriga vacía,
o que él se diera un hartazgo.
Las cosas no son de otro modo,
y tanto peor por tus quiméricas ideas:
en todo hombre lo primero es el animal
y es siempre él quien más fuerte grita.
Hazlo callar - dándole de comer -
y lo verás tratar con altivez
a su substancia original…

ADÁN
¡Ah, cíertamente, Lucifer,
ese discurso es muy tuyo,
que te complaces en mancillar, en negar
toda cosa sagrada!
¿Las ideas nobles, las grandes acciones,
no serían más que el vapor salido
de nuestros fogones?
¿el fruto fatal de circunstancias tales
que sólo son efecto de leyes materiales?

LUCIFER
Eh, ¿y qué otra cosa serían?
¿Piensas que el gran Leónidas habría ido
a morir a las Termópilas, si hubiera
- en vez de ser alimentado con una inmunda
salsa negra por un Estado que
ignoraba del dinero - podido atracarse
en casa de Lúculo y disfrutar a su antojo
de las voluptuosidades del Oriente?
En cuanto a Bruto, ¿piensas que hubiera muerto
si, para olvidar un tanto el combate,
se hubiera ido a cenar a casa de Porcia?
¿Cómo, pues, nacen el crimen y la virtud?
El primero en la penuria, en un aire fétido;
la otra en la libertad, bajo el sol.
Ambos, por parejo, se transmiten sin fin,
tanto en lo moral como en lo físico,
puesto que son hereditarios.
¡A cuántos hombres que fueron a colgarse,
y que a sí mismos en el cuello
ciñeron el nudo corredizo,
no hemos visto después vivir de nuevo,
olvidando sus cuentas
si alguien los ha descolgado a tiempo!
Si Hunyadi, el gran capitán húngaro,
en vez de nacer en el seno de un pueblo noble,
hubiera sido acunado en las tinieblas
de alguna pobre carpa sarracena,
¿habría sido paladín de la Cruz?
Si el azar hubiera hecho de Lutero
el gran amo de Roma, y de León
un profesor alemán de cualquier sitio,
tal vez León la Iglesia hubiese reformado
y sin duda Lutero lo habría excomulgado…
¿Y qué suerte le hubiera cabido a Napoleón
si, para allanar su orgullosa ruta,
no hubiese dispuesto de la sangre
de todo un pueblo?
Se hubiera podrido en cualquier cuartel…

ADÁN (le tapa la boca a Lucifer)
¡Basta! ¡Basta! ¡Por sencillas y verdaderas
que tus deducciones puedan parecer,
no son más que sofismas odiosos
que su lógica hace aún más nocivos!
La superstición no ciega más que a los tontos,
para los cuales es invisible el espíritu
que se mueve entre nosotros.
Los buenos, que tu árida doctrina
no asesinara a golpes de cifras,
sabrían sin embargo
reconocer a sus hermanos.

LUCIFER
¡Pues, bien háblale a tu prójimo!
No hay que dejar perder ninguna ocasión
de recibir una lección del “conócete a ti mismo”…

ADÁN (al esquimal)
¿Sois muchos en estos áridos parajes?

EL ESQUIMAL
Muchos más que dedos tengo en la mano.
Aunque ya maté a mis vecinos,
pero veo que siempre llegan más.
¡Si eres Dios, haz que haya menos hombres
y más focas!

ADÁN
¡Basta! ¡Basta! ¡Vámonos ya!

LUCIFER
Al menos veamos a su mujer…

ADÁN
¡No quiero verla!
La degradación del hombre es repugnante.
Sin embargo, lo que a lo sumo inspira es desprecio.
Pero que a su vez la mujer se degrade,
ella, que es toda Ideal y Poesía,
¡que se vuelva algo horrible, un monstruo!
No, vámonos…
No obstante Lucifer lleva a Adán hacia la choza cuya puerta abre con el pie. Una mujer - la del esquimal - aparece. Es Eva. Adán la mira fijamente.

LUCIFER
¡Mira, Adán, es una vieja conocida!
Bésala. ¡Nuestro honorable amigo
se ofendería si a su mitad no prodigaras
el habitual homenaje!

ADÁN
¿Qué? ¿Besar a esta horrenda hembra,
yo que he tenido a Aspasia por amante?
Sin duda algunos rasgos veo en ésta
de la belleza que antaño conocí…
¡Pero me causaría pavor que, repentinamente,
bajo mis labios se cambiara en bestia!

EL ESQUIMAL (en el umbral de su igloo)
Querida mujer, nos visitan amigos.
Trata de recibirlos bien.

EVA
Entra, extranjero.
Sé bienvenido. Reconfórtate.
(Se agarra al cuello de Adán y trata de meterlo en el igloo.)

ADÁN (trata de soltarse)
¡Auxilio, Lucifer! ¡Salgamos de aquí!
Llévame del Futuro al Presente,
que cese de ver lo que me espera,
este vano combate de antemano perdido…
Tengo que reflexionar: ¿el destino,
aún debo o no afrontarlo?

LUCIFER
Adán, despierta.
Tu sueño ha terminado.

 
 

CUADRO DECIMOQUINTO • FUERA DEL EDÉN

El decorado, una profusión de palmeras, es el del cuadro tercero. Volvemos a ver a Adán y a Eva jóvenes, como cuando se hubieron de acostar debajo del sombrajo. Adán sale de éste y, pensativo, mira en torno suyo el paisaje agreste y risueño. Eva sigue dormitando. Lucifer está de pie en mitad de la escena. Hace un sol radiante.

ADÁN
¿Adónde se escapó esa terrible pesadilla?
Nada ha cambiado: tal como lo dejé,
en torno mío todo respira y sonríe.
Mas tengo el corazón destrozado…

LUCIFER
Hombre orgulloso,
¿querrías que el orden de la naturaleza
de repente se trastornara?
¿Que en la noche surja un nuevo cometa?
¿O que la tierra se ponga a temblar
porque un gusano murió en su superficie?

ADÁN
¿He soñado? ¿O al presente sueño?
¿Pero es más que un sueño la existencia
que se introduce en la materia inerte
justamente el tiempo de morir con ella?
¿De qué nos sirve ese destello consciente
si es el horror de la nada lo que revela?

LUCIFER
¿Gimes? El cobarde es el que únicamente
acepta sin combatir los golpes
que aún podría parar. El hombre fuerte
considera serenamente, sin quejarse,
las palabras grabadas ante sus ojos por la suerte
y sólo tiene una ambición: ¡pese a ellas
mantener aquí abajo su lugar!
Puesto que esa suerte domina
la historia desde lo alto, y tú no eres
más que humilde utensilio en su mano.

ADÁN
¡No, eso es falso! ¡La voluntad es libre!
¡Lo sé, pues mi Libertad pagué bien cara!
Por ella al Paraíso renuncié…
Mis visiones muchas cosas me enseñaron
y muchas me decepcionaron…
Mas puedo tomar otra vía.
¡Eso depende de mí!

LUCIFER
En efecto, así pudiera ser;
si el destino no tuviera por cómplices
la eterna esperanza y el fatal olvido.
Curadas por el olvido, las llagas cicatrizan;
la esperanza tiende sobre el abismo una alfombra
y te dice: “ ¡Anda!,
mil presuntuoses en él cayeron,
¡pero tú, si quieres, puedes franquearlo!”
No obstante, reflexiona:
como sabio, has observado,
entre tanta y tanta rareza,
a ese gusano que no puede desarrollarse,
si no está en el cuerpo de un buitre
o bien en el de un gato, pero no puede nacer
más que en los tejidos de un humilde ratón.
Ningún ratón está predestinado
a las zarpas del gato, a las afiladas uñas
del ave de rapiña. El ratón prudente
las evitará y morirá tranquilo…
Sin embargo, una ley vela, ineluctable,
por que el gato y el buitre puedan
encontrar muchos ratones que comer
para que en ellos el gusano continúe viviendo
como vive desde hace milenios.
Lo mismo es para todo ser y toda cosa:
un orden asegura para siempre sobre la tierra
la condición, sin cambiar nada:
El hombre, como tal, no está encadenado:
¡es el género humano el que carga cadenas!
Hoy vas, lleno de entusiasmo,
hacia un fin preciso; mañana hacia otro.
La hoguera siempre tendrá víctimas,
y de éstas siempre se reirán
gentes divertidas con su sacrificio.
Cualquiera que hiciese una estadística
se maravillaría de ver la constancia
de que la suerte da muestras al repartir
el crimen, el vicio y el matrimonio,
la virtud, la fe, la muerte, el suicidio.

ADÁN
Detente… De pronto un pensamiento fulgura
en mi cerebro. Sí, ¡aún te desafío, Dios todopoderoso!
Bien puede el hado cien veces repetirme:
“¡Vive hasta tal día!” Yo, que tengo
el poder de darme muerte,
¡me reiré de él!
¿No estoy ahora solo en el mundo?
Una roca… y luego el abismo…
Bastará con un paso…
¡Último cuadro! Su hora habré fijado
y diré: ¡Fin de la Comedia!
Adán se encamina hacia la roca. Eva, en ese momento, sale del sombrajo.

LUCIFER
¿Qué fin? ¡Lo que dices es estúpido!
¿No es a la vez cada momento
Comienzo y Fin?
Si lo ignoras,
has atravesado todos estos milenios
bien inútilmente…

EVA
Adán ¿por qué me dejaste así?
¡Qué frío fue tu último beso!
Y ahora te veo rebosante de angustia o de cólera…
¡Me das miedo!

ADÁN (prosiguiendo su camino)
¿Por qué me has seguido?
¿Por qué me espías a cada paso?
El hombre, que es el amo de la tierra,
no malgasta el tiempo en fruslerías.
Es cosa que la mujer no comprende
y para el hombre ella no es más que un estorbo.
(Se aplaca.)
Te has levantado muy temprano…
El sacrificio que hacer debo
a los tiempos venideros
me será muy penoso…

EVA
Escúchame, y tal vez te será menos…
pues el humano porvenir de que dudabas,
desde ahora, sábelo, está asegurado.

ADÁN
¿Cómo?

EVA
¡Cuando te lo diga reirás de gozo!
Ven junto a mí: voy a tener un hijo…
¡Nuestro hijo!

ADÁN (cayendo de rodillas)
¡Señor, me has vencido!
¡Me prosterno a tus plantas en el polvo!
¡En vano lucharía sin ti, y contra ti!
Elévame o abáteme…
Haz como gustes…
¡Yo te abro mi corazón!

LUCIFER
¡Gusano de la tierra!
¿Olvidarás la grandeza que de mí recibiste?

ADÁN
¡Renuncio a ella!
¡No era más que ilusión!
Prefiero esta paz que he encontrado…

LUCIFER
Loca mujer,
¿de qué te enorgulleces?
¡Tu hijo fue concebido en el pecado!
¡Sobre la tierra no derramará más
que vicio y miseria!

EVA
Si Dios lo quiere,
nacerá otro niño en la misma miseria
y la vencerá y hará que reine la fraternidad.

LUCIFER
¿Osas rebelarte, vil esclavo?
¡Cesa ya de revolcarte en el fango
pobre bestia que eres!
Lucifer trata de darle una patada a Adán. En ese momento el cielo se entreabre. El Señor, rodeado de sus ángeles, aparece en toda su gloria.

EL SEÑOR
¡Te toca a ti ahora humillarte!
Pues acuérdate: ¡ante la mía no hay
grandeza que valga!

LUCIFER (doblando la cerviz)
¡Maldición! ¡Maldición!

EL SEÑOR
¡Levántate, Adán, y reconfórtate!
De nuevo te concedo mi gracia.

LUCIFER (aparte)
¡Ja! ¡Ja!
¡Qué conmovedora escena de familia se prepara!
¡Un corazón sensible de cierto tomaría
gran interés en ella!
Pero ese género de mojigangas
lastima la inteligencia…
¡Pongamos pies en polvorosa!
(Se dirige hacia la salida.)

EL SEÑOR
¡Quédate aquí, Lucifer!
Tengo que hablarte.
(a Adán)
Dime lo que te aflige y atormenta.

ADÁN
Señor, horribles visiones me obseden.
¿Hay alguna cosa verdadera?
Nada sé de esto… Dime qué suerte me espera:
Esta corta y estrecha vida que me has dado,
¿es todo lo que me ha sido destinado?
¿Mi alma, por tantas luchas decantada,
como el vino en las bodegas, debes tú,
cuando tenga la pureza de tu idea,
ofrendarla a la reseca arena
que se la beberá sin que quede nada?
¿Mi descendencia, ennoblecida, podrá
reconciliarse contigo? ¿O deberá
hasta la muerte, esta raza de los hombres,
dar vueltas a la noria como bestia de carga,
sin ninguna esperanza de poder liberarse
del círculo estrecho en que está atada?
¿El alma ennoblecida, que corre al sacrificio
bajo las crueles cuchufletas del populacho,
será recompensada?
¡Señor, ilumíname!
Ciertamente, con ello ganaré.
Cualquiera sea mi destino, gracias te doy
y firmemente lo soportaré.
Pero esta incertidumbre es el infierno…

EL SEÑOR
No trates, hijo mío, de alzar el velo
con que Dios, en su bondad,
protege de tus ojos el gran Misterio.
Si pudieras saber que, en la tierra
tan sólo pasas un día, tras el cual
la eternidad te aguarda, no tendrías
ningún mérito en sufrir aquí abajo.
Si supieras que la arena ha de beber
el licor de tu alma, ¿dónde cogerías
el ideal que podría apartarte
de fugitivas voluptuosidades?
¿Qué de grande harías en tu vida?
¡Que el porvenir te quede oculto tras una bruma,
y entonces tu fe en una infinitud
te ayudará con fuerza a soportar
el peso de tu efímera existencia!
¿Pero si, no obstante, te enorgullecieras?
El sentimiento de tu fragilidad
vendrá a velar de tu orgullo la llama,
y de tal modo grandeza y virtud
te serán por igual aseguradas.

LUCIFER (riendo socarronamente)
¡Ah, caramba, gloriosa carrera!
En ella por guía tan sólo tendrás
dos grandes palabras: Grandeza, Virtud,
que no pueden volverse algo concretas
sin su séquito de superstición,
ignorancia y estúpidos prejuicios.
¡Por qué se me occurió asociar el hombre
a mi obra, como si algo pudiera surgir
de ese guiso de sol y fango,
de ese renacuajo en cuanto
a auténtica ciencia,
sólo gigante en cuanto a su ceguera!

ADÁN
No te mofes, Lucifer. ¡He visto
tu auténtica ciencia y sus creaciones!
¡Tan sólo pudo helarme el corazón!
Mas tú, Señor, después que osé
gustar el fruto del árbol prohibido,
me has privado de la mano tutelar
que me guiaba… ¿Quién la reemplazará?

EL SEÑOR
Tu brazo es fuerte. Tu alma elevada.
Se abre ante ti un campo ilimitado.
Pon atención, pues sin tregua una voz
te hablará de mi, te exhortará,
te frenará… A esa voz aguza bien tu oído,
pero si a veces, en el fragor terrestre,
no percibieras el eco celestial,
el más puro corazón de esta débil mujer,
indiferente a los mezquinos apetitos,
sabrá escucharlo y te lo transmitirá,
ya sea por el canto, ya por la poesía.
Tales son sus dones, sus armas, y siempre
las tendrás, como ella, a tu lado,
en la dicha como en la adversidad.
Ella será tu genio sonriente,
tu consuelo… Y tú, Lucifer,
también eres en mi vasto universo
un eslabón necesario. ¡Actúa! ¡Actúa!
Tu frío saber, tu loca negación
son los fermentos que estimulan al hombre.
Si de su camino a veces lo apartas,
¡qué importa! ¡Siempre volverá a mí!
Tu castigo será comprobar
que tus esfuerzos por corromper su alma
no tienen otro efecto que Nobleza y Belleza.

UN CORO DE ÁNGELES
¡Poder libremente elegir
entre el Mal y el Bien, mas saber
que un amo divino nos protege
en quien la mirada ponemos!
Sin temor y sin inquietud,
¡actúa, combate!, desdeñando
el desdén de la multitud,
y nada grande nunca hagas
sino por estima de ti mismo.
Cualquier otro fin sería vergonzoso:
en tierra te verías clavado,
en tanto que las almas nobles
irían a los cielos.
Mas por ello no vayas a pensar
que tus actos y tus trabajos
han surgido del cerebro humano
y que de ti Dios necesita
para llevar a bien sus designios,
pues el poder de obrar en vez de él
de su gracia tan sólo has recibido.

EVA
Mi corazón comprende ese canto…
¡Oh, Dios mío, alabado seas!

ADÁN
Adivino de ese canto el sentido
y a él me acomodo.
¿Mas cómo olvidar el terrible vencimiento?

EL SEÑOR
Hombre, ya te lo he dicho:
¡lucha y ten confianza!

 

 

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